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Tribuna del lector* : Feliz cumple ICP

21 de octubre de 2012 - 00:00

 

por Víctor Ejgiel

 

No es un recuerdo, es algo que vive y vivirá siempre en mí y estimo en cada uno de los que pudo recorrer y vivir momentos en ese magnífico instituto Carlos Pellegrini.

Con su cumpleaños se vienen como muchas ganas de contar experiencias y de demostrar ese sentimiento que invade desde el primer día a quienes conocen sus entrañas.

No hay exalumno del Pellegrini que no lo adore. Esa urna de especialistas agrónomos y técnicos mecánicos ha sabido educar durante tantos años a numerosas generaciones de pilarenses autóctonos y adoptados. Foratis o tumberos, que distara mucho de esa tumba descripta por Enrique Medina en su relato, eran integrantes de una división que solo marcaba los primeros días de encuentro para transformarse en una amistad sin distinción más tarde.

Cada mañana, en los salones del pabellón central, ese que sufriera un raro incendio de una biblioteca irreemplazable, en esos espacios añosos a los que se llegaba desde las sinuosas escaleras de mármol traído desde Carrara ya gastado y donde cada uno ocupaba su sillón-banco, herencia del mobiliario francés que había sido soporte de tantas asentaderas famosas.

Pascual Bisconti, regenteaba desde el mismísimo ingreso la llegada de cada uno de nosotros que tal vez sería después depositario de sus clases magistrales de máquinas térmicas o de hidráulica, que llegaban desde esos amarillentos apuntes de su querida facultad.

Otros, tal vez, podían saborear un mate en las clases de análisis matemático o de resistencia de materiales del elegante gaucho o loco, o gaucho loco Brena. Mientras el mono Fernández enseñaba a “dibujar” letras, mi orgullo en la facultad de arquitectura, Susana Morales nos hacía sudar en historia, pepita Muñoz nos permitía expresarnos con propiedad, Osvaldo Torres nos daba con un caño en termodinámica.

La geografía de Lidia Bonfanti no era moco de pavo, si hasta la electrotécnia de Bravo no pasaba desapercibida o las matemáticas de Nieto. Un gigante gallego Pons, práctico en sus conceptos y exigente en los resultados, era casi partener de Benito Koselevich que siempre respondía tranquilo las incomodas preguntas biológicas de jóvenes de 15 años. Miguel Ángel Luzuriaga nos enseñaba la legislación que todo trabajador debe conocer y Marta Marone nos enseñaba a ser buenos ciudadanos.

Pero si alguien buscaba quilombo ahí estaba el pelado Ambrosetti, el profe-prece que le tiraba los datos de comportamiento a Marité, que desde el primer salón de la escalera dominaba la secretaría.

Mi vida de forati me permitió también conocer el día tumbero, que transcurría, una vez terminada la escuela, en el pabellón donde hoy está la universidad, la música de Pappo y Riff que sonaba duro en los grabadores de la cuadra acompañaba el orden exigido desde un flaco celador del que no recuerdo el nombre. Tal vez menos asociado al perfil educativo, Homero Landoni dirigía el camino de la escuela.

Aparte de salir excelentes técnicos, producto de los talleres prácticos donde, entre otros, estaban los profes Cavaleiro, Benítez, Honeifer, Rosso, Ambrosetti, Morales, Martini,  Rasente, Biaggio que enseñaban a manejar las máquinas herramientas que las fábricas de la época incorporaban.

Pero también éramos parte de las entrañables jornadas del voley de las Patronales para las que nos preparaban a full el teacher Jorge Crifasi y Giménez.

A mis compañeros de curso y del corazón, Dani Loraschi, Pancho Serrano, El Garza García, Chorch Powell, el siempre recordado Javi Paul, Gustavo Martínez, el flaco Salvucci, el flaco Fernández, el eterno recuerdo del que seguro alguien me olvido de nombrar pero no de cada momento que pudimos vivir tantos años en el siempre gigante ICP. Feliz cumple Instituto Carlos Pellegrini.

 

*Esta columna es totalmente abierta a nuestros lectores. Para publicar, enviar a info@pilaradiario.com.

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