¿Medir o no medir el estacionamiento?

6 de junio de 2010 - 00:00

 

por Víctor Ejgiel

 

Más allá de la nueva disputa con respecto al hecho de cobrar una moneda (o dos) para estacionar en el centro de Pilar, creo que hay muchos otros temas con respecto al tema vehicular, y peatonal, por solucionar en nuestra ciudad.

Realmente no sé si es bueno cobrar por estacionar en el centro de nuestra ciudad, lo que sí sé es que es necesario ver muy bien en manos de quién se pone el cobro y el control del mismo.

Uno de los problemas de la anterior prueba fue ver cómo algunos “conocidos” de los dueños de cada calle dejaban su vehículo con algún descuento “especial”. Nunca tampoco se mostró el detalle de las ganancias producidas y el sistema tenía increíbles baches de control que impedían conocer algo.

Lo que sí es necesario controlar, tal vez educar en una primera instancia, porque parece que hoy es necesario educar antes de hacer cumplir las reglas, esas mismas que supuestamente uno debería conocer al dedillo antes de recibir el carné de conductor, educar sobre las normas de estacionamiento, sobre la finalidad de las líneas amarillas, de las bajadas para discapacitados, del lado derecho, del significado del color rojo y el amarillo en los semáforos y de tantas otras cosas que se suponen conocidas.

Las disposiciones y normativas existentes para las agencias de remís que permiten un solo lugar de la calle para la espera del pasajero, frente al local y no la ocupación de media cuadra.

También la educación del peatón, porque parece que las calles son sólo utilizadas por los vehículos, pero el peatón debe conocer dónde puede cruzar las calles, cuándo y cómo.

Otro tema a tratar es el de las bicicletas que, por supuesto, solas no andan, por lo que el culpable de circular a contramano, por las veredas y demás, no es otro que su conductor.

El tránsito en Pilar es un desastre, y así lo es desde hace mucho tiempo y otra gran verdad es que el ser humano, y en particular el argentino, es hijo del rigor. A nadie le gusta que le enseñen a hacer las cosas, somos orgullosos de nuestros actos, hasta de los pequeños delitos diarios que nos hacen sentir superpoderosos.

Lamentablemente es necesario aplicar el máximo rigor de la ley y castigar donde más duele, en el bolsillo. Cómo es posible que en la única región del país donde se aplican a rajatabla las normas de tránsito, se cumplen al pie de la letra -podrán protestar al principio, pero se terminan cumpliendo- es la Ciudad de Buenos Aires. El que no las cumple paga multas muy caras, y hasta a veces debe bajarse del vehículo y seguir su camino a pie.

Sigue siendo normal ver autos cruzando semáforos en rojo los fines de semana, por la noche, que alguien puede entender el famoso tema de la seguridad, pero también es necesario conocer que el peatón tiene prioridad, es uno de los ítems primarios en la educación vial.

Los motociclistas sin casco, los autos sin papeles, las compañías de seguro inexistentes, la famosa VTV que podría darnos un poco de seguridad, inclusive al propio dueño del vehículo y que sólo el 40% del padrón de autos la cumple.

Realmente es inentendible cómo algo que genera la cuota más alta de muertes no naturales en el país no se toma con la conciencia que se debería dejando librado al azar la posibilidad de sobrevivir en estas “calles salvajes”.

El mayor centro de estudios de seguridad vial de Sudamérica está en nuestra localidad, hasta allí llegan de todos lados para consultar cómo resolver sus problemas, llegan de todos lados, menos desde acá.

No hace falta dictar nuevas reglas, sólo hace falta cumplir las existentes. Para eso también es necesario capacitar seriamente al personal encargado de hacerlas cumplir a todos los conductores y peatones de nuestro Partido, sin amigos, sin conocidos, sin políticos. Es tan fácil intentar salvar vidas.

 

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