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JULIETA LANTERI: la dignidad de ser mujer

Por Redacción Pilar a Diario 16 de marzo de 2022 - 07:53

Julieta Lanteri nació en Cuneo, Italia, el 22 de marzo de 1873. Llegó a Buenos Aires con sus padres y su hermana Regina cuando tenía seis años.

A diferencia de otros inmigrantes italianos que arribaron en aquellos tiempos, su padre, Antonio Lanteri, era propietario de una casa de casi 500 m², que había heredado de su primera mujer. Su condición de propietario y rentista le permitió a la familia vivir con ciertas comodidades, y Julieta pudo concretar su deseo de estudiar.

Fue la primera mujer que pudo ingresar y recibirse de bachiller en el Colegio Nacional de La Plata, por entonces una institución exclusiva para varones. 

En marzo de 1896 ingresó a la Facultad de Medicina. Fue una de las primeras 5 mujeres en Argentina  y la primera italiana, en recibirse de médica. 

En 1898 se graduó de farmacéutica en la Universidad de Buenos Aires y algunos años después realizó prácticas de obstetricia en la Escuela de Parteras.

En 1906 participó del Congreso Internacional de Libre Pensamiento que se realizó en Buenos Aires, e integró el Centro Feminista cuya creación había impulsado Alicia Moreau de Justo. Más tarde Julieta fundaría la Liga Argentina de Mujeres Librepensadoras, entidad que presidiría.

En 1907 presentó su tesis doctoral. En ese mismo año,  en una conferencia que brindó en la Asociación obstétrica Nacional señaló: “La influencia del varón se ha dejado sentir siempre, y en todas las cosas y en su infinita pequeñez la mujer ha sido llamada a crear nada y ni siquiera a mejorar aquellas cosas más íntimas de su exclusiva incumbencia, ‘el trabajo de su parto’. Fácilmente sugestionable, ha sufrido más intensa y largamente la influencia de las doctrinas filosóficas que las religiones han llevado a los pueblos, y su ingénita debilidad material la ha tenido alejada del movimiento y de la lucha por la vida (…) El hombre piensa, estudia y trabaja y jamás siente saciedad del saber ¿por qué la mujer se detiene? … De ninguna manera se debe admitir esto y la prueba está en que un despertar placentero se manifiesta en la vida de las mujeres en general, y las hace entrar de lleno en la evolución y el progreso”. 

En 1908 propuso la organización del Primer Congreso Femenino Internacional, que se celebró en Buenos Aires en 1910, y del que fue secretaria. Invitó a mujeres como Cecilia Grierson y Elvira Rawson. 

También organizó el Primer Congreso del Niño a nivel mundial, la Liga Pro derechos de la Mujer y la Liga por los Derechos del Niño, además de participar en la Liga contra la trata de blancas.

Pero a pesar de sus grandes logros, nada sería fácil en la vida de esta médica, dispuesta a sortear cada obstáculo que la vida le presentaba. En 1909 se había presentado para ocupar el cargo de adscripta a la cátedra de enfermedades mentales pero la Facultad de Medicina rechazó su solicitud por su condición de inmigrante. 

En 1910 se casó con Alberto Renshaw, un joven de origen norteamericano 14 años menor que ella, de quien se separó tiempo después. Durante su matrimonio, en 1911,  obtuvo la ciudadanía argentina, tras tener que presentar un escrito de su esposo que lo consintiera. Luego, Lanteri volvió a solicitar un puesto en la Facultad de Medicina, la adscripción al cargo de Profesor Suplente. Nuevamente el cargo le fue negado, esta vez lisa y llanamente por su condición de mujer.

Julieta, siempre vistió de blanco como las sufragistas inglesas. 

En 1911 se anticipó a los padrones electorales y se presentó con un amparo de la justicia porque el padrón no mencionaba nada respecto a que las mujeres no pudieran votar. Fue así que el 16 de Julio fue la primera mujer incorporada a un padrón electoral argentino, y en las elecciones del 26 de noviembre de ese año se convirtió en la primera sudamericana en votar. En el país el voto femenino recién se ejerció legalmente en 1948.

Además del voto femenino, su lucha incluía denunciar las condiciones inhumanas de las obreras privadas de cualquier derecho, pelear contra proxenetas y funcionarios que se enriquecían con la explotación sexual, exigir el derecho al divorcio. Perseguía la igualdad de derechos en todos los planos, político, legal, laboral y civil.

Junto con su amiga Raquel Camaña, fundaron la Liga pro Derechos de la Mujer y del Niño. Dos años más tarde, convirtió su propia casa en la Secretaría del Congreso Nacional del Niño. La preocupación por la infancia será uno de sus grandes desvelos.

La Lanteri, como comenzaron a llamarla despectivamente en algunos medios gráficos, en 1919 se convirtió fue la primera mujer candidata a diputada en Argentina, por el Partido Feminista Nacional. Lanzó entonces su candidatura con una plataforma electoral progresista que incluía la licencia por maternidad; el subsidio estatal por hijo; la protección a los huérfanos y la prohibición de la producción y venta de bebidas alcohólicas; la abolición de la prostitución reglamentada; el sufragio universal para los dos sexos; igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos; horario máximo de 6 horas de trabajo para la mujer; salario igual para trabajos equivalentes para los dos sexos; jubilación y pensión para todo empleado u obrero; abolición de la pena de muerte, divorcio absoluto y representación proporcional de las minorías en los órdenes nacional, provincial y municipal.

En las elecciones de diputados de 1919, Julieta obtuvo 1.730 votos sobre un total de 154.302 sufragios emitidos. Vale la pena recordar que todos sus votantes eran hombres.

Julieta continuaría imparable con su lucha, hasta que la tarde del 23 de febrero de 1932, mientras caminaba por Diagonal Norte y Suipacha, fue atropellada por un auto que se subió a la vereda marcha atrás. Al volante estaba un miembro de la Legión Cívica. La notable luchadora murió dos días después, a los 59 años. Si bien nunca se esclareció oficialmente, su muerte fue definida popularmente como un asesinato premeditado. Unas 1.000 personas acompañaron su funeral.

 

 

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