ver más
Ellas nos inspiran

MANUELA SÁENZ: linaje de rebeldía de la mujer americana

Por Redacción Pilar a Diario 15 de marzo de 2022 - 11:30

Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru constituye uno de esos personajes históricos dignos del género de lo real maravilloso. Es sin duda uno de los personajes más interesantes de las guerras de independencia de América del Sur. Según sus detractores, su relación con Simón Bolívar opaca sus propios méritos personales, como una de las grandes defensoras de la independencia de los países sudamericanos y como una de las más destacadas y avanzadas defensoras de los derechos de la mujer.

No ha sido fácil para la historia de la emancipación de América incluir en su nómina de próceres el nombre de Manuela Sáenz. Si su condición de mujer ya lo hacía difícil, su estatus de amante del Libertador complicaba aún más las cosas. La historiografía del siglo XIX, temiendo por la memoria del "más grande hombre de América", se encargaría de omitir la presencia de esta mujer en su círculo.

Criticada, denigrada, ignorada y desterrada por sus contemporáneos, aun décadas después de su muerte, solo a mediados del siglo XX Manuela Sáenz empezó a ser reconocida como una gran heroína y prócer en la gesta de la independencia o como precursora del feminismo en América Latina.

Manuela nació en Quito el 27 de diciembre de 1797, aunque algunas fuentes citan otra fecha. Hija natural de un hidalgo español Simón Sáenz de Vergara y de la criolla quiteña María Joaquina de Aizpuru.

Su padre era funcionario de la Real Audiencia de Quito, casado con Juana del Campo Larraondo, ilustre dama nacida en Popayán, con quien tuvo varios hijos, medio hermanos por tanto de Manuela. Se sabe que  su madrastra, la trató con mucho afecto a lo largo de su vida. Fue en ese hogar donde Manuelita estrechó fuertes lazos afectivos con su medio hermano José María Sáenz, quien sería una indudable influencia en sus ideales de independencia.

Manuelita recibió la mejor educación a la que una señorita de la alta sociedad podía tener acceso en esa época. La pronta muerte de su madre marcó su ingreso primero al Convento de las Monjas Conceptas y luego al Monasterio de Santa Catalina de Siena.

La fascinación de Manuela por la vida pública y su ímpetu rebelde la harían abandonar prontamente la clausura del convento. Se fugó con un coronel del ejército del rey.  Las habladurías le significaron la obligación de contraer matrimonio con James Thorne, un médico inglés que comerciaba con su padre  y le llevaba 26 años. Se casó en Lima en 1817.

Viviendo en Lima, el más poderoso bastión del dominio virreinal, ella se involucró de lleno en todas las actividades políticas en pro de la libertad. Hizo de espía y sirvió de correo. También ayudó a convencer a los soldados del Batallón Numancia, una unidad de élite al servicio de los realistas, para que cambiaran de bando con armas y bagajes. Su adorado hermano, José María, era miembro activo de este batallón.

En 1821, cuando José de San Martín ocupó la capital peruana y proclamó  la independencia del país le reconoció  sus méritos nombrándola “Caballeresa de la Orden del Sol”, una orden creada para premiar a los más distinguidos patriotas.

Después de separarse de su esposo, regresó a Quito. Allí estableció una amistad con el general Antonio José de Sucre, venezolano. Junto a él participó en los preparativos de la batalla de Pichincha, que se libró el 24 de mayo de 1822 en las faldas del volcán Pichincha de Quito. Esa lucha selló la libertad de Ecuador.

En junio de 1822, después de liberar a Venezuela y Colombia, conoció a Simón Bolívar. Allí cruzó una mirada para toda la vida cuando entraba a Quito y las damas le arrojaban flores y laureles. El ramo de Manuelita fue a dar en el pecho del Libertador, quien al alzar su mirada se encontró con los ojos más lindos que había visto jamás.

En el baile de bienvenida al Libertador Manuela fue encargada de colocarle una corona de laureles. Durante la noche Manuela y Bolívar se enamoraron y ella se convirtió en compañera de luchas, consejera política y amante.

Salvó la vida del Libertador en el asalto que sufrieron en el palacio de San Carlos en Bogotá en 1828. Por ello, desde entonces fue conocida como 'Libertadora del Libertador'.

Bolívar admiraba su valor, a la vez que temía su carácter fogoso e imposible de dominar. Sabía que, en un mundo lleno de traiciones, ella siempre estaría de su parte, con una fidelidad inquebrantable. Por eso le encomendó la tarea de custodiar su archivo personal.

En 1830, tras la muerte de Bolívar, fue desterrada a Jamaica y, más tarde, a Perú, sobreviviendo en el puerto peruano de Paita vendiendo dulces y tabaco.

Manuela Sáenz murió el 23 de noviembre de 1856, en Paita, durante una epidemia de difteria.

La historia se construye con locuras de amor y de coraje ”, dijo la mujer que fue espía, defensora de los derechos de la mujer, organizadora de tropas y cuidadora de heridos. Con el sable desenvainado y vestida con pantalones, algo inusual para la época, Manuela Sáenz fue protagonista de su tiempo. 

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar