La publicidad, las redes sociales y la ponderación de un ideal de belleza irreal, fueron y continúan siendo el caldo de cultivo de los trastornos de tipo alimentario aunque el componente genético también cumple un rol fundamental en su desarrollo. Con el objeto de luchar contra los trastornos alimentarios, en 1985 nació la Asociación Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), que después de más de 30 años de trayectoria, aspira a instalar un centro regional en Pilar.
Más de 30 años luchando contra la bulimia y la anorexia
Su fundadora, la psiquiatra Mabel Bello, habló con El Diario y explicó todos los mitos que todavía existen alrededor de estas patologías y los trastornos de personalidad límite que afectan cada vez más a los adolescentes.
-¿Cómo nació Aluba?
Comenzó cuando era jefa de Psiquiatría en el Hospital de Gastroenterología, donde me derivaban a muchos pacientes que llegaban al lugar pero, después de diversos estudios, los médicos confirmaban que no había ningún tipo de daño orgánico. Aunque en esos años se hablaba muy poco de bulimia o anorexia, sabíamos que era algo muy difícil de tratar. Fueron los mismos padres de mis pacientes los que me convencieron de crear el centro.
-¿De qué manera encaran el tratamiento?
Se trabaja de manera integral con la familia y los seres queridos del paciente y además del apoyo de psiquiatras, psicólogos y médicos, se complementa con actividades como baile y teatro. En el caso de los padres, reciben entrenamiento familiar que está a cargo de otros papás que ya pasaron por la situación y me acompañan desde hace 25/30 años. Allí se les enseñan distintas estrategias para ayudar a los chicos en sus casas.
Con respecto a los pacientes, se trabaja por módulos y objetivos alcanzados. Es importante comprender que lo que se tiene en cuenta para el tratamiento es su futuro, y no la sintomatología en sí. En los distintos módulos se les enseña cómo defenderse y aprender a comunicarse, cómo enfrentar problemas, cómo aprender a socializar y obviamente también se aborda la parte física.
-¿Y cuánto tiempo puede durar el tratamiento?
Eso depende del compromiso del paciente y del apoyo que tenga de su familia. Lo cierto es que si a un paciente se le da el alta cuando aprendió a comer, va a volver a caer cuando se enfrente ante alguna dificultad social, por eso es tan importante trabajar esta área. Una vez que los pacientes ya pudieron controlar su miedo a crecer, a la responsabilidad, a vivir y sobre todo cuando ya están comprometidos con un proyecto u objetivo propio es cuando se les da el pre-alta y, luego, el alta. Pero no hay un tiempo definido, y es un proceso que puede durar hasta cuatro años.
-¿A qué conductas le tiene que prestar atención un padre o madre que pueden dar la pauta de que su hijo padece alguno de estos trastornos?
Bueno, este tipo de patologías tienen un componente genético del 40% y un componente social del 60%. Lo primero que es importante entender es que estas enfermedades se producen antes de que el paciente deje de comer, y nacen como un problema social, por eso para curarla hay que solucionar la problemática de base.
Una de las actitudes que se puede observar en pacientes que desarrollan este tipo de trastornos de conducta es que tienen mucha dificultad para relacionarse con los demás. Ya en la infancia, en muchos casos a los 4 o 5 años, pueden observarse señales que den cuenta del comienzo de estas patologías, de hecho en nuestros centros atendemos a chicos que están atravesando la primera infancia.
En los casos de chicos o chicas con anorexia se puede ver una preocupación excesiva por la comida, que se midan o pesen de manera obsesiva, que comienzan a ponerse ropa holgada para disimular que están adelgazando y, en muchos casos, son adolescentes que se encierran mucho en el estudio, no tienen amigos y muestran una dificultad importante para vincularse o, en el otro caso, son hiperactivos, no pueden quedarse quietos y tienden a hacer múltiples actividades. Y, por supuesto, se sobreentrenan.
En la bulimia, en tanto, son personas que suelen comer muy rápido, que su peso no condice con lo mucho que comen, que tienden a ir al baño apenas después de comer o que esconden comida. Además, hay que prestar atención a si comienzan a ponerse muy irritables e, incluso, en algunos casos violentos.
-Siempre se vinculó a los trastornos alimentarios con las mujeres, pero cada vez son más los hombres que los padecen.
Sí, por lo general se estima que 1 de cada 25 adolescentes padece algún trastorno alimentario. Ahora si nos reducimos al ámbito de los colegios secundarios, se puede ver que, hoy por hoy, 2 de cada 10 adolescentes tienen algún trastorno de este tipo. Con respecto a la diferencia entre varones y mujeres, en un principio decíamos que de cada 10 mujeres con alguna de estas patologías, había un hombre que la sufría. Hoy, esa tendencia cambió y entre 2 y 4 hombres por cada 10 mujeres padecen algún trastorno de tipo alimentario.
De cualquier manera, la presión social y cultural sobre la mujer sigue siendo muchísimo mayor, porque se asocia la delgadez con la belleza. Los hombres no sufren esto, al menos no tanto como las mujeres.
-La influencia de la publicidad o las redes sociales debe ser importante.
Sin dudas. En la época en la que yo crecí, había muy pocos casos. Pero fuimos sufriendo un cambio cultural muy profundo y la publicidad, los medios y sobre todo las redes sociales influyeron directamente en el aumento de casos.
-Hay gente que sostiene que hay relación entre el estrato socio-económico y el padecer o no un trastorno de tipo alimentario. ¿Usted qué considera?
La realidad es que en los comienzos, cuando se empezó a estudiar, se decía que era una patología que sufrían las clases altas, lo cual es totalmente un mito. De hecho, nosotros trabajamos mucho tiempo en la villa La Cava y la mayoría de las adolescentes padecía uno de estos trastornos. Uno de las razones es que el 20% de los casos de bulimia o anorexia se da en chicas o chicos que sufrieron abuso sexual en su infancia, y las clases bajas suelen ser las más vulnerables a sufrir estos episodios.
Futuro
La sede central de Aluba funciona en Capital Federal, donde atienden a más de 500 pacientes por año. Además, hay una filial en Banfield pero, para poder atender a todas aquellas personas de zona Norte que se acercan a los centros, Bello aspira a poder instalar un centro regional en Pilar para lo cual, afirma, “necesitamos el apoyo de la comunidad”.
Contacto
Página web: www.aluba.org.ar