Un emperador un poco egocéntrico
LA CABECERA DE LA MESA
Un día Napoleón Bonaparte (1769-1821), siendo ya Emperador, fue invitado a una comida en el palacio de una familia muy rica, pero que no contaba con ningún título de nobleza (la clase social que en aquellos tiempos se definía como "les noveaux riches” o snobs).
Terminados los aperitivos, todos fueron invitados a pasar a un gran comedor en medio del cuál se lucía una mesa exageradamente larga. Los invitados, por supuesto, esperaron a que el Emperador se sentara primero. Sin embargo, ante el desconcierto de todos, Bonaparte no eligió ninguna de las cabeceras: se sentó en uno de los costados y ni siquiera en su centro.
Entonces, el dueño de casa –o del palacio más precisamente, se acercó por detrás y, con mucha delicadeza, se inclinó hacia el Emperador y le dijo :
- Perdón, Su Majestad, pero hemos reservado la cabecera especialmente para usted.
Napoleón respondió :
-"La cabecera está donde yo me siente”