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Vino caliente y especiado para combatir el resfrío. ¿Cómo prepararlo en casa?

El vino caliente es un atípico pero efectivo remedio casero que se remonta al Imperio romano. Lleva especias, azúcar o miel y tiene la temperatura de un té.

Por Redacción Pilar a Diario 4 de junio de 2024 - 08:30

Hay muchas maneras de disfrutar el vino. Están los que le agregan un chorrito de soda, algunos le sumergen una roca de hielo unos instantes, otros lo enfrían exactamente según indique la etiqueta y también hay quienes, rigurosos y sofisticados, los conservan en una cava.

Pero, ¿vino caliente? Seguro causa sorpresa, pero los habitantes del Imperio Romano estaban habituados a tomar el vino en estas condiciones para curar el resfrío.

El vino caliente, esa deliciosa mezcla de vino tinto especiado y aromático, ha sido una bebida reconfortante que ha resistido el paso del tiempo. Este encantador elixir ha calentado corazones y cuerpos durante siglos, convirtiéndose en una tradición venerada en diversas culturas a lo largo de la historia.

Pese a la diversidad de estilos y costumbres, los argentinos no estamos acostumbrados a tomar este vino literalmente caliente y especiado. Pero el frío extremo de esta semana puede animarnos a darle una oportunidad.

En esta nota, nos embarcaremos en un fascinante viaje a través de los siglos para descubrir los beneficios curativos de esta bebida invernal y aprender a prepararla.

Esta tradición es venerada en diversas culturas a lo largo de la historia. (peru21.pe)..png

UN VIAJE EN EL TIEMPO A TRAVÉS DEL VINO CALIENTE

De hecho, el brebaje romano era considerado un remedio casero no solo para la congestión, sino que también se utilizaba para mejorar la digestión de una forma rápida. La tradición data del año 20 d. C. y sigue siendo costumbre en Europa saborearlo endulzado con azúcar, miel o almíbar y varias especias, con la temperatura de un té.

El vino caliente, según algunos historiadores, nació en la Roma Antigua, donde lo llamaban Conditum Paradoxum, y gracias a la acción antiinflamatoria y medicinal de las especias que contenía, el consumo se hizo muy popular. Otras fuentes sostienen que sus antecedentes más lejanos se remontan a la Grecia Antigua. Unos cinco siglos antes de Cristo, Hipócrates, conocido como "el padre de la medicina", creó su versión sumándole canela, clavo de olor y jengibre al vino caliente. Esta fórmula, se conoce como vino hipocrás.

Durante la Edad Media, la tradición se extendió por Europa. Los monjes de los monasterios medievales desempeñaron un papel crucial en la preservación y difusión de recetas, añadiendo toques únicos a sus mezclas. Las especias como la canela, el clavo de olor y la nuez moscada se convirtieron en ingredientes comunes, y el vino caliente se apreciaba tanto por sus propiedades reconfortantes como por su sabor inconfundible.

Con la llegada del Renacimiento, el vino caliente se consolidó como una bebida apreciada entre la nobleza y la alta sociedad. Las recetas se volvieron más refinadas, incorporando ingredientes exóticos y complejas combinaciones de especias. El vino caliente se convirtió en un símbolo de sofisticación y hospitalidad, sirviéndose en banquetes y celebraciones a lo largo y ancho de Europa.

En la Edad Moderna, el vino caliente encontró su camino hacia diversas culturas alrededor del mundo. América y Argentina participaron de esa expansión en sus períodos de colonización y migración.

La receta adquirió distintas formas, cambió de acuerdo al país donde se lo producía, sin perder la esencia: calor, vino, endulzante y especias. En los países del norte y centro de Europa es muy típico encontrar puestos callejeros de vino caliente cuando empiezan los primeros fríos, y sobre todo en los mercados navideños. También es la bebida que eligen los esquiadores en los refugios de montaña para entrar en calor.

Es un remedio casero con muchas cualidades medicinales. (La Gaceta)..png

LOS SORPRENDENTES BENEFICIOS DE BEBER VINO CALIENTE

Una pequeña cantidad de este brebaje, recordemos que nunca hay que beber en exceso -de hecho, los expertos recomiendan un único vaso al día-, es el arma perfecta para todo un compendio de enfermedades. Y es que la unión de los polifenoles del vino, las frutas que acompañan a la mezcla y las especias que le dan sabor son una amalgama de beneficios para nuestra salud.

En una olla de fondo grueso se calienta lentamente. (Unsplash)..jpg

Glögg, grzaniec, mulled wine, glühwein y ponche sueco son algunos de los nombres con los que también se conoce a esta bebida. Aunque suene simplemente como calentar y tomar vino, tiene una preparación apenas más compleja .

INGREDIENTES:

PREPARACIÓN:

En primer lugar colocamos todas las especias y las cáscaras de cítricos en una olla de fondo grueso y añade el azúcar. Agrega un poco de vino, sólo para cubrir el azúcar, y calienta lentamente removiendo con una cuchara de madera hasta que se disuelva y comience a aromatizar la mezcla.

Incorpora el resto del vino tinto, mezclando bien. Calienta a temperatura media, sin dejar que llegue a hervir para que el alcohol no se evapore del todo. Dejamos que el vino repose en ese estado durante unos 20 minutos,

Lo más importante en el preparado es no pasarse de temperatura y que no hierva, ya que el vino se evapora a los 87,7°. Mientras más tiempo pase el vino al calor, más alcohol va a perder y se va a volver más licoroso, más dulce, más amable. Comprueba el punto de dulzor, con cuidado de no quemarte, y añade un poco más de azúcar o miel si es necesario.

A continuación, colamos el líquido y lo servimos para su consumo inmediato, pues una vez frío el gusto se ve reducido. Lo que quede en el fondo de la olla se le puede dar a los niños, porque ya no queda alcohol, sino un jarabe dulce.

Según los expertos, esta bebida combina a la perfección con una buena selección de dulces.

¡SALUD!

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