El mar es un elemento de la naturaleza que ha fascinado y atraído a los seres humanos desde tiempos inmemoriales. Ya sea por su belleza, su inmensidad o su misterio, el mar ejerce una gran influencia en nuestras vidas. Pero más allá de su atractivo estético, el mar también tiene un impacto significativo en nuestro bienestar físico y emocional.
¿Por qué el mar nos hace sentir tan bien? Ciencia detrás del bienestar
No es coincidencia que el mar desencadene en nosotros una sensación de bienestar, sus efectos son reales y probados por la ciencia. Detalles.
El bienestar que sentimos al sumergirnos en el mar no es fruto de mitos ancestrales, sino de una combinación de beneficios fisiológicos y psicológicos. Desde la absorción de minerales hasta la regulación térmica, pasando por la frescura de la brisa marina, el mar ofrece una experiencia única que mejora nuestra salud y estado mental.
Los pilarenses tenemos la suerte de vivir en una zona de la provincia de Buenos Aires donde es más fácil desplazarnos para poder ver el mar y estar en contacto con él.
Acompáñanos en esta nota a explorar la ciencia detrás de esta sensación de bienestar y descubrir por qué el mar es más que un simple lugar para nadar.
- BENEFICIOS NEUROFISIOLÓGICOS DE LA INMERSIÓN EN EL AGUA DE MAR
Desde el punto de vista de la neurofisiología, se ha demostrado que la inmersión vertical en el agua genera efectos positivos de lo más interesantes. Para empezar, aumenta la velocidad de flujo de sangre que discurre por las arterias cerebrales medias y posteriores. Además, si la inmersión va acompañada de ejercicio de baja intensidad (como caminar en el agua), se consigue la misma velocidad del flujo sanguíneo cerebral que corriendo moderadamente fuera del agua. Menos esfuerzo para los mismos beneficios.
Unido a este aumento del flujo circulatorio cerebral, los estímulos somatosensoriales que genera el aumento de la presión hidrostática producen un aumento de la actividad cerebral cortical, tanto en áreas motoras como sensoriales o parietales.
Además, con tan solo sumergirse hasta los hombros se reduce el edema muscular y se aumenta el gasto cardíaco (sin incrementar el gasto de energía), lo que favorece el flujo sanguíneo generalizado y el transporte de nutrientes y desechos a través del cuerpo. Ésta, que se traduce en la reducción drástica de la sensación de fatiga, es la razón por la que se recomienda una sesión de jacuzzi a los deportistas tras un ejercicio intenso.
Los que no nos dedicamos a batir récords, lo que sí notamos es cómo nuestras piernas se tornan mucho más livianas al favorecerse el retorno venoso.
- PROPIEDADES ÚNICAS DEL AGUA DE MAR
El agua de mar, como bien sabemos, recibe aportaciones fluviales continuas de sales y minerales. Las fuentes hidrotermales submarinas y las erupciones volcánicas del fondo del mar contribuyen también a mantener elevada su concentración salina (con 35 g/kg de agua por término medio, de los cuales, el 80 % corresponden a cloruro sódico y, el resto, fundamentalmente, a cloruro, sulfato y bromuro de magnesio).
La consecuencia directa es doble. Por una parte, el agua salada es más densa que la dulce. Ello supone un mayor empuje y, consecuentemente, un menor esfuerzo muscular para mantenernos a flote. Dicho de otra forma, nadamos más relajadamente en el mar porque flotamos más.
Por otra parte, las sales se absorben a través de la piel. Eso supone una contribución muy importante a la inhibición de la interrupción de la barrera cutánea causada por agentes irritantes dérmicos, lo que acelera su recuperación y previene su sequedad. Este hecho es especialmente interesante en el tratamiento de enfermedades cutáneas como la dermatitis de contacto o la psoriasis y ha supuesto la consideración de los baños de mar como terapia adyuvante en el tratamiento de la dermatitis crónica.
- EL ENTORNO MARINO Y SU IMPACTO EN EL BIENESTAR
El gran volumen de agua que se acumula en mares y océanos actúa como un regulador térmico importantísimo. La mayor capacidad calorífica de un medio denso (como el agua) en comparación con el aire funciona como tamponador de temperaturas. Eso supone un continuo enfriamiento del aire caliente y el establecimiento de corrientes que generan la reconfortante y fresca brisa marina.
La brisa, además, trae consigo una concentración muy elevada de aniones que penetran por la piel, pero también por los pulmones. Sus efectos fisiológicos y psicológicos no son nada desdeñables: prevención de desórdenes neurhormonales, reducción de los efectos del estrés, acción antioxidante al aumentar los niveles de superóxidodimutasa e, incluso, mejora del acné.
Todavía podemos sumar más beneficios, como el relax que nos suponen la intensidad del color azul o los efectos tranquilizadores y sedantes del maravilloso sonido del batir acompasado de las olas.
Así que la próxima vez que te adentres en el mar, recordá que está haciendo más que disfrutar de un buen baño; está invirtiendo en su salud física y mental.
¿LO SABIAS?
¡DISFRUTÁ DEL BIENESTAR QUE BRINDA EL MAR!