Un colorido e inusual manto de flores cubrió el desierto de Atacama, uno de los lugares más áridos de la Tierra, después de que el fenómeno climático de "El Niño" provocara abundantes lluvias invernales en el norte de Chile. Las primeras floraciones aparecieron desde agosto y durante septiembre ya se observan extensas zonas cubiertas de colores; el máximo desarrollo está previsto para octubre y podría prolongarse hacia noviembre.
El desierto de Atacama, una de las zonas más áridas del mundo, se cubrió de flores
Tras las lluvias intensas vinculadas a El Niño, el desierto de Atacama, en el norte de Chile, se convirtió en un manto de flores. Detalles.
El fenómeno recibe el nombre de Desierto Florido y no ocurre todos los años. Para que aparezca una floración de esta magnitud deben coincidir varios factores ambientales, entre ellos lluvias suficientes y condiciones de temperatura adecuadas. Por eso, cada episodio tiene características diferentes.
Entre las especies que pueden encontrarse aparecen las llamativas añañucas, las patas de guanaco, los suspiros y la emblemática garra de león, una especie endémica de la región. Algunas zonas llegan a adquirir una apariencia casi irreal: desde lejos, las flores blancas pueden confundirse con manchas de nieve sobre las laderas.
Pero el espectáculo no termina en las flores.
Uno de los aspectos más interesantes es que la lluvia desencadena una auténtica explosión del ecosistema. Y las flores atraen insectos polinizadores y, posteriormente, aparecen o aumentan la actividad de otros organismos. CONAF destaca la participación de abejas, escarabajos, caracoles, aves, reptiles y mamíferos.
El desierto, que durante meses parece inmóvil, entra de pronto en actividad. Y allí aparece una de las grandes paradojas del Atacama: la vida no desapareció; aprendió a esperar.
Muchas de estas plantas están adaptadas a sobrevivir en condiciones extremas. Sus semillas pueden permanecer en el suelo durante largos períodos hasta que una combinación excepcional de agua y temperatura les ofrece una oportunidad. Cuando esa oportunidad llega, el cambio puede producirse en cuestión de semanas.
Las autoridades chilenas esperan que la floración de 2026 se extienda por distintos sectores de la región de Atacama y pueda alcanzar su mayor esplendor durante la primavera.
El espectáculo también trae una advertencia. La fragilidad del fenómeno obliga a extremar los cuidados: pisar las flores, circular con vehículos fuera de los caminos habilitados o recoger ejemplares puede dañar las plantas y comprometer la producción de semillas que permitirá futuras floraciones.
El Atacama nos recuerda que incluso en uno de los rincones más secos de la Tierra la vida puede permanecer escondida, esperando pacientemente una señal. Y en 2026, esa señal llegó en forma de lluvia.