Por Celeste Lafourcade
Tienda Davicino: los 75 años de un negocio que conserva intacta la memoria de Pilar
Fundado en 1951, el tradicional comercio de la calle Rivadavia es una postal de un Pilar que ya no existe. Las nietas de los fundadores, Elba y Marisa, mantienen el legado familiar, entre objetos que parecen detenidos en el tiempo y una clientela que sigue valorando la calidad y la atención personalizada. VIDEO.
“La gente mayor que ha venido de niño, cuando abre la puerta siente el olor a la madera y eso le trae recuerdos. Lo primero que dicen es: 'esto me remonta a la niñez'”, cuentan Elba y Marisa Davicino, orgullosas, mientras señalan las vitrinas exhibidoras que sus abuelos adquirieron allá por la década del 50 cuando fundaron el negocio que ya va por los 75 años.
Si en alguna esquina sin ochava, en ciertas construcciones o en fachadas más o menos conservadas, Pilar nos brinda, cada tanto, pinceladas del pasado, la tienda Davicino nos ofrece el cuadro completo.
Cruzar la puerta del local de Rivadavia 964 es retrotraerse en el tiempo. No sólo por la estética que conservan, inmutables, los muebles, los carteles, el piso en damero y la decoración. Sino por todos aquellos artículos que reposan en sus estantes, pacientes, esquivando modas y aferrados a la calidad, a la espera de compradores que sigan valorando la nobleza de sus materiales.
Miguel Davicino y Asunción Pérez llegaron de la provincia de La Pampa en la década del 40, luego de pasar “las siete plagas de Egipto”, cuenta su nieta Marisa. Durante los primeros años se afincaron en una chacra en Manzone y “después surgió la oportunidad de comprar acá. Esto era de tierra, era como el final del pueblo”.
“Nuestra casa era al lado -recuerda-, y en la parte que después fue el comedor, ahí empezó la tienda, que era de ramos generales. Mi abuelo trabajaba de mecánico y como las amas de casa se pensaba que tenían que tener un entretenimiento, le hicieron la tienda a la abuela”.
La escasez de comercios en Pilar hizo que pronto se convirtiera en un negocio próspero y el medio de vida de la familia. Pocos después, el matrimonio adquirió el local de al lado, donde la tienda funciona hasta la actualidad.
Desde los inicios, los dos hijos de la pareja colaboraron codo a codo con la atención. Sin embargo, el prematuro fallecimiento de Rubén - el menor de ellos- a los 23 años en un accidente de tránsito, marcó el relevo generacional. Asunción se retiró del negocio, que pasó a manos de Henry, el primogénito, y de su esposa Ema.
“Acá se vendían zapatillas, juguetes, ropa, cosas de perfumería, mercería, telas. Cuando Pilar empieza a crecer, entonces se empieza a reducir el rubro”, afirma Elba que, como su hermana, “dormía en el cochecito ahí atrás mientras mamá atendía”.
-¿Qué productos siguen vendiendo desde aquella época?
Marisa: -En nuestra clientela tenemos mucha gente mayor. Las camisetas Tres Ases. Las gorras, el sombrero de paja, pañuelos de mano, de algodón. Hay mucha gente que los sigue usando. En el invierno, las camisetas de interlock. Los calzoncillos boxer de tela, los calzoncillos largos. Y las camisetas malla para hombres, que también hubo un auge hace dos años porque todos los pibes que iban a los gimnasios se ponían esas camisetas.
Valor agregado
En la actualidad, el local sigue conservando algo de telas y ciertos artículos de mercería, aunque el fuerte está en la blanquería y en la indumentaria.
“A medida que va creciendo el comercio, nosotros nos vamos ajustando a lo que se vende”, explica Elba. “Además tiene que ver con la especificidad. Si abrís una retacería y es solamente telas, claramente vas a tener una oferta mayor a la mía”, suma Marisa. “Igual -aclara Elba- el sol sale para todos”.
Entre los tesoros de Davicino, el soporte de hierro de los rollos de hule Plavinil aparece como una verdadera reliquia. En el mismo rango se ubican las cajitas exhibidoras de hilos, el metro de madera para medir telas que dejó su marca perpetua en el mostrador de vidrio, una tijera adquirida por el abuelo Miguel o los posters con paisajes sureños que en su momento colocó Doña Ema como parte de la decoración.
Y entre todo ese aluvión de objetos preciados, la sencillez de unos papeles amarillentos pegados en los bordes de las estanterías con el detalle y precio de cada prenda, escritos a mano por Henry, son el homenaje silencioso de sus hijas al hombre que hasta sus 88 años (falleció a los 91 en 2023) permaneció detrás del mostrador (ver foto).
-La decisión de no modernizarlo es, precisamente, el valor agregado ¿no?
Elba: -Si, y la otra cuestión es el recuerdo de nuestros padres y de nuestros abuelos por la atención, esto de la humanidad. Porque hoy vivimos detrás de una pantalla y entonces ni siquiera miramos a los ojos. Recuerdan cómo atendía papá, mamá, nuestra abuela y para nosotras es una gratificación y tratamos de seguir la misma línea, de ser humanas.
-¿Dónde encuentran el equilibrio entre tener productos que otros no tienen y aggiornarse a lo que va pidiendo la gente para no desaparecer?
Marisa: -A mí siempre me gustó una frase de Pugliese, cuando se hablaba del rock nacional y de la muerte del tango, y él decía: los espero a los 30. La gente joven es poca la que viene, más vienen a acompañar a su mamá, a su papá… y después de los 30 empiezan a venir y a comprar acá. Quizás no es la ropa, pero sí todo lo que es blanquería. Trabajamos cosas muy clásicas. Tratamos de trabajar buena calidad en algodón, porque cuando uno se pone grande quiere usar algodón y no poliéster. Sin ser nada de moda, porque no es nuestro perfil. Tratamos de conservar la demanda de lo habitual.
¿Los proveedores, así como van a veces pasa con los negocios clásicos, van desapareciendo?
Marisa: -En lo que es el uso del algodón, no tiene que ver con que el proveedor quiera o no, es con lo que el mercado tiene hoy. Hoy el importador tiene todo en nylon, el algodón es caro en relación. Y hoy el tema económico pesa un montón. Lamentablemente el otro día me llama una de las empleadas de un comercio que le compramos hace por lo menos 35, 40 años que cerró por la cuestión económica. Y es un impacto.
¿Cómo vivieron los cambios que fue teniendo Pilar a lo largo de los años?
Marisa: -Yo creo que a Pilar lo mataron cuando se armó el Pilar Paralelo en el shopping. Porque nosotros teníamos mucha clientela del country y ese tipo de gente compraba en el pueblo y también era un encuentro cultural muy importante. Con el advenimiento del shopping, esa clientela no estuvo más y también se perdió ese intercambio entre los que estaban viniendo nuevos y los históricos. Eso fue una pena, porque para mí se bastardeó un montón el pueblo con eso, sin dar algún tipo de seguridad en el entorno. Bueno, recién ahora la plaza está un poco más linda.
¿Cómo llegan a ustedes los nuevos clientes?
-Marisa: Para nosotros la mayor diferencia es la vidriera. En tanto esté abierto y las cosas con precio, la gente entra.
-Elba: La importancia de estar ubicados en un punto donde circula la gente. Siempre se va renovando la clientela con la ayuda también de los centros médicos.
-Marisa: Y el boca en boca sigue siendo para nosotros importante. Esa es más o menos la estrategia de venta. A veces me preocupa porque digo, no estamos vendiendo ¿Somos nosotras? Y salgo a dar una vuelta por el pueblo y está todo el mundo igual, es un momento bien complejo.
El hecho de tener un local propio y sobre la calle principal son ventajas para sobrevivir en momentos de crisis…
Marisa: -Totalmente. Además en esto de habernos criado acá adentro… es una de tantas. Cada vez que se hicieron estas aperturas brutales de la importación, hace que uno temblequee. Y ahora lo veo como muy feroz el tema. Donde no podés competir, claramente. Máxime trabajando prendas de algodón en un momento donde la gente no tiene plata.
¿Tienen perspectiva del relevo? ¿Hay una generación por delante para tomar las riendas?
Elba: -Cada una de nosotras tuvo su profesión. Trabajamos y nos desarrollamos. Más de 30 años yo en la docencia. A los 52 años decido jubilarme. Y ahora ya doblamos el codo. Nuestros padres crecieron, ya necesitaban de la ayuda. Me jubilé y me vine para acá.
Marisa: -Yo fui maestra, hice la licenciatura en psicopedagogía, hice consultorio durante muchos años. Y después entré a trabajar ya más en rehabilitación y trabajar con discapacidad. Cosa que a la fecha sigo haciendo. Elva está por la mañana en el negocio y yo por la tarde.
Elba: -Tenemos nietos, pero vamos a dejar que ellos decidan, que se desarrollen en sus carreras porque esto se abraza de otra manera cuando vos estuviste afuera. A veces hay que hacer el recorrido. Mi hija mientras hizo la carrera trabajaba acá con mi viejo. O sea, esto se va reciclando, pero tranquilos porque es uno el que toma la decisión. Uno vuelve a los sitios donde amó la vida.
