A los 19 años, cuando Marcelo Iturbe (61) recibió la noticia más movilizadora de su vida todo fue algarabía. El cimbronazo no lo desestabilizó. No hubo lugar para el miedo. Por el contrario, la misión de combatir en la Guerra de Malvinas lo embargó de una sensación de orgullo y heroísmo.
La guerra a los 19 años, el silencio y una mochila que solo podrán abrir sus nietos
Por entonces, era cabo segundo aeronáutico y el desafío de recuperar aquellas islas que las maestras con guardapolvo blanco le enseñaron que eran argentinas lo hacía sentir gigante. El optimismo propio de la juventud aportó lo suyo, tanto como el saberse parte de la historia de nuestro país.
Pasaron 41 años desde entonces, una herida en combate que lo sacó de la guerra, una familia que tardó décadas en saber de su pasado, una vida construida sobre la base de recuerdos dolorosos, heroicos, pérdidas y orgullo. Y también una mochila con los elementos que lo acompañaron en la contienda que permanece cerrada desde junio de 1982 y que por expreso pedido suyo, solo podrá ser abierta por sus nietos.
-¿Cómo vive cada 2 de abril?
- En lo personal se conjugan un montón de recuerdos, de compañeros que ya no están, es un día muy especial tanto en la previa como posterior a la fecha. Si bien los recordamos siempre, los tenemos presentes a nuestros verdaderos héroes. Nosotros decimos que los que volvimos somos sobrevivientes pero los verdaderos héroes son los que quedaron en la isla, nuestros compañeros que aún están montando guardia en el archipiélago. Algunos, por viejos, hemos superado el trago difícil y hoy es una fecha conmemorativa, emotiva.
-¿En qué área se desempeñó?
- Estaba en la parte aeronaval de Marina. Mi puesto fue en una isla al norte de la Gran Malvina que se llamaba Isla Borbón, a 14 kilómetros de San Carlos. Nuestra función con los aviones era darle apoyo a Infantería. Yo crucé el 7 de abril y me sacaron un par de días antes de la rendición, herido. Volví a continente herido en combate. Para los ingleses fuimos bastante molestos porque enfrente nuestro se estacionó la flota inglesa ni bien llegó y para nuestra misión de reconocimiento necesitábamos darle la ubicación exacta de nuestros pilotos para que fueran a atacarlos, cuando se dieron cuenta de nuestra función de reconocimiento, fuimos los primeros en ser atacados antes del desembarco.
-¿Le quedaron secuelas?
- Todavía tengo las esquirlas, unas me la extrajeron porque eran peligrosas para la salud y otra la tengo en la pierna, me acompaña, es un recuerdo.
-¿Más allá del recuerdo vivencial qué memoria emotiva aparece cuando recuerda esa situación?
- La parte cruda o la parte dolorosa la mente la aleja, lo digo con conocimiento de causa. Después de un tiempo se sanan heridas y no las tenés tan presentes. De hecho hay cosas de situaciones difíciles que cuando nos juntamos con los veteranos no recordamos pero lo que sí preservamos y es casi un sentimiento en común son los momentos agradables.
-Eran muy jóvenes y necesariamente encontraban la forma de hacerlo un poco más agradable.
-Claro, cuando uno es joven lo que parece feo lo convierte en agradable y divertido.
-Cuando se enteró que tenía que ir a la guerra ¿cuál fue la sensación, la de sentirse héroe, de miedo?
-Noo, miedo no. Yo no era colimba, era personal de cuadro, cabo segundo aeronáutico y cuando nos dieron la misión de ir a Malvinas fue todo una algarabía, sabíamos que estábamos haciendo algo que lo veníamos trayendo desde chicos y fuimos con todo ese orgullo pensando que estábamos cumpliendo con una premisa, con un legado histórico importante, fuimos contentos, muy orgullosos de representar a nuestra querida bandera y a nuestro país. Fuimos a defender las islas con un sentido heroico importante, era un común denominador.
Una mochila
Oriundo de San Isidro y radicado en el distrito desde hace 30 años, en la actualidad Marcelo es el Jefe de Departamento de Veteranos de Guerra de la Municipalidad y también es el propietario de una empresa de asistencia técnica en el Parque Industrial.
Casado con Berta Balmaceda, madre de sus hijos Araceli (27), Tomás (21) y Oriana (17), tardó muchos años en contarle a su familia su pasado como combatiente de Malvinas. Más aún en hablarles de la existencia de una mochila que con los años cobró fuerza de tesoro.
-Todavía conserva una mochila cerrada que solo puede ser abierta por sus nietos.
- Sí… (hace una pausa y responde con la voz entrecortada) se llama bolsa de equipo, cuando volví, todas mis pertenencias quedaron en esa bolsa y como entendí que yo no tenía nada que hacer con esas cosas ni mis hijos, dije que alguna vez si alguien la abriese que fueran mis nietos.
-¿Ya tiene nietos?
- Todavía no, falta para que alguien la abra (risas).
-La familia es una contención importante para los veteranos, viviendo la causa de Malvinas como propia
- Mi familia no participó ni supo que era veterano hasta no hace mucho. Mantuve un silencio como la gran mayoría de los veteranos por más de 30 años. Mi mujer tampoco, nadie, nunca quise hacerlos sentir mal o con un sentimiento encontrado por un tema personal.
¿Cuándo se enteraron cómo tomaron la noticia?
- Bien, obviamente mis hijos se sienten orgullosos de su padre. Y cuando aparecen estas historias como la de la mochila, que alguien se entera, obviamente les llega a ellos. Yo me siento orgulloso, reconocido y honrado.
Para hoy
Las conmemoraciones por un nuevo aniversario del inicio de la contienda se iniciaron anoche con la tradicional vigilia en el Cenotafio de Malvinas. Hoy continuarán con el acto protocolar del que participará el intendente Federico Achával, en el que desfilarán los veteranos y culminará con la colocación de una ofrenda floral en la cruz mayor.