Testimonio arquitectónico de la aristocracia argentina de principios de siglo XX, el castillo Pando Carabassa es una de las construcciones más valiosas desde el punto de vista estético e histórico que se conservan en el distrito. Este año, el fascinante chalet de la torre hexagonal que hoy funciona como sede de la Asociación Argentina de Polo cumple 120 años.
Joya arquitectónica y exponente de la aristocracia, el castillo de Pilar cumple 120 años
Sin embargo, su historia se remonta a unos años más atrás, más concretamente a 1860, cuando las tierras donde hasta entonces funcionaba un establecimiento agropecuario de 4.000 hectáreas lindantes al Río Luján llamado “El Recreo”, fueron adquiridas por José de Carabassa y su mujer, Felisa Ocampo.
Originalmente, fue utilizado como coto de caza y más tarde como cabaña de toros, tambo y lugar de cría de ovejas.
Por entonces, la pareja vivía en una vivienda llamada “Casa Grande”, construida hacia 1820. Años después, decidieron ampliar sus propiedades con la adquisición de un gran terreno lindero.
Fue allí donde a finales del siglo XIX José y Felisa mandaron a construir lo que familiarmente denominaban “el chalet”, a propósito de la boda de su hija menor, Adela, con Miguel Pando, celebrada en 1903.
Se trata de una construcción de estilo victoriano, realizada con materiales traídos especialmente de Bélgica y Alemania. Allí crecieron los seis hijos que el matrimonio tuvo entre 1905 y 1915, excepto en los meses de invierno, momento en el que la familia emigraba a Buenos Aires para evadir el crudo frío campestre.
Con los años, el inmueble fue rebautizado como “castillo” dada su magnífica torre que culmina en un altillo hexagonal, utilizada por el dueño de la casa como mirador para divisar las maravillosas vistas del Río Luján.
Aunque más allá de lo pintoresco, se estima que el verdadero fin de dicho sector era el de facilitar las tareas de vigía para divisar posibles intrusiones.
El jardín
Además de su riqueza arquitectónica, la propiedad tiene un gran valor desde el punto de vista botánico, teniendo en cuenta que está rodeada de una centenaria arboleda donde se destacan palmeras, alcanfores, araucarias y varios eucaliptos de más de 150 años de antigüedad.
Se cree que son de los primeros ejemplares traídos al país por Domingo Faustino Sarmiento, quien tenía su palco en el teatro Colón vecino al de la señora de Carabassa.
En la década del 30, en plena “belle epoque”, los hijos mayores de la familia, Miguel y José Pando, formaron el primer club de polo de la zona, llamado Amaberá, convirtiéndose en precursores de este deporte en Pilar.
En 1969, el chalet fue adquirido por la Asociación Argentina de Polo, que modificó algunos de sus ambientes conservando la fachada original. También fueron necesarias las tareas de desmonte y nivelación del terreno.
En la actualidad, en el predio funcionan 8 canchas de polo. El rediseño de los parques estuvo a cargo del reconocido arquitecto y paisajista Carlos Thays.