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Opinión

¿Estamos criando chicos autónomos o dependientes?

28 de septiembre de 2026 - 17:19

Por Prof. Graciela Sordo *

“Fue la peor madre de Estados Unidos”. Así llamaron algunos medios a la escritora Lenore Skenazy cuando contó que había dejado que su hijo de nueve años volviera solo a su casa en el metro de Nueva York. El chico tenía un mapa, dinero para el pasaje y algunas indicaciones básicas. Llegó perfectamente. Confieso que cuando leí esa historia me sentí bastante identificada.

Hace muchos años, cuando mi hijo tenía diez, era el único chico del grupo que volvía caminando solo a casa. No vivíamos lejos, el camino era seguro y él conocía perfectamente el recorrido. Aun así, recuerdo que algunos padres me miraban con cierta sorpresa, como si estuviera asumiendo un riesgo innecesario.Para mí, en cambio, era una pequeña oportunidad de crecimiento. Ese trayecto de unas pocas cuadras no era solo una caminata: era aprender a manejarse solo, a orientarse y, sobre todo, a sentir que podía hacerlo.La historia de Skenazy generó un enorme debate sobre qué significa hoy cuidar a un hijo.La pregunta que queda flotando es sencilla, pero profunda:

¿Proteger a los niños significa hacer todo por ellos? En los últimos años muchos educadores venimos observando un cambio en la forma en que crecen los chicos. Los adultos organizamos cada aspecto de sus vidas: los horarios, las actividades, los juegos, incluso muchas veces sus decisiones. Lo hacemos con la mejor intención. Queremos evitarles problemas, frustraciones o errores. Pero hay algo que ocurre cuando un niño casi nunca tiene que resolver algo por sí mismo: simplemente no aprende a hacerlo. En la escuela esto se ve con bastante claridad. Hay alumnos que, ante cualquier consigna, preguntan inmediatamente si lo que hicieron está bien. A veces levantan la mano varias veces antes de animarse a avanzar solos. Muchas veces los adultos interpretamos esto como falta de interés o falta de ganas. Sin embargo, en muchos casos ocurre algo distinto: lo que parece desinterés es, en realidad, miedo a hacerlo mal. Cuando un chico teme equivocarse, prefiere no intentar.

Después de muchos años trabajando en educación, uno empieza a reconocer pequeñas escenas que se repiten. Un alumno levanta la mano y pregunta: “¿Está bien así?”. A los pocos minutos vuelve a preguntar. Y luego otra vez. No se trata de falta de inteligencia ni de falta de voluntad. Muchas veces se trata de algo más simple: no están acostumbrados a confiar en su propio criterio.La autonomía no aparece de golpe. Se construye poco a poco, a partir de experiencias simples: organizar la mochila, recordar una tarea, intentar resolver un problema con un compañero o probar distintas soluciones antes de pedir ayuda.Equivocarse también forma parte de ese camino. De hecho, muchas veces es la Educar forma más poderosa de aprendizaje.Los grandes pedagogos lo señalaron hace tiempo.

Maria Montessori hablaba de la importancia de permitir que el niño “haga por sí mismo”. Y el psicólogo Jean Piaget explicó que la verdadera autonomía aparece cuando el niño comienza a tomar decisiones y comprender sus consecuencias.La escuela tiene un rol importante en este proceso, pero no es el único lugar donde se construye. En casa también aparecen oportunidades todos los días: permitir que un niño asuma pequeñas responsabilidades, dejar que tome algunas decisiones o simplemente darle tiempo para intentar resolver algo antes de intervenir.A veces los adultos olvidamos algo fundamental: la confianza también se aprende.Un niño que siempre recibe soluciones externas puede sentirse seguro en el corto plazo, pero menos preparado para enfrentar desafíos por sí mismo. En cambio, cuando descubre que puede resolver cosas —aunque no siempre salga perfecto— empieza a desarrollar algo mucho más valioso que la obediencia: la seguridad interior.Volviendo a la historia de Skenazy, su hijo no solo llegó a casa ese día. Llegó orgulloso. Había logrado algo solo.Tal vez ese sea uno de los objetivos más importantes de la educación: acompañar a los chicos hasta que descubran que pueden confiar en sus propias capacidades.Porque al final, educar no es evitar que los chicos se equivoquen.es darles la confianza para que se animen a intentarlo.

(*) Directora de la Escuela Chicos del Presente.

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