Historia

El mosquetero francés que fue oro olímpico, cautivó a Perón y se enamoró de Del Viso

Edward Gardère, una leyenda de la esgrima con una vida de novela: medallista en 1932 y 1936, maravilló a Mussolini, fue parte de la Resistencia en la guerra y piloteó junto al creador de “El Principito”.

Por Alejandro Lafourcade 31 de octubre de 2026 - 14:09

Se codeó con varios de los personajes más influyentes del siglo XX, recorrió el mundo con sus espadas y floretes hasta recalar en Del Viso: Edward Gardère, leyenda de la esgrima y protagonista de una vida digna de una miniserie.

Como el personaje de “El ciudadano Kane”, Gardère pasó sus últimos años en su habitación, aunque en una casa delvisense ubicada a la vera de la ruta 26. A pocos metros, en otro cuarto de la amplia propiedad, había montado un museo personal. Desde allí cautivaba a sus visitantes con sus historias y anécdotas que nunca tenía problemas en relatar.

Nacido en 1909, descendiente de una familia de espadachines que llegaría incluso hasta las épocas de Luis XIV, el francés heredó la pasión por la esgrima y elevó la disciplina a niveles insospechados, popularizándola en todo el mundo.

“Mi padre, mi tío, mi abuelo, todos han sido practicadores en este arte. Por eso digo que la mía es vocación, pero también algo que heredo de mi sangre”, recordaba a fines de los ‘80 en una entrevista con el diario La Nación.

La estirpe de Edward Gardère en su juventud.

De cara al Duce

Gardère fue campeón francés de espada durante diez años consecutivos, tanto de florete como de sable, una hazaña inigualada. Su destreza lo llevó a representar a su país en el exterior, volviéndose olímpico: obtuvo la medalla de oro en Los Ángeles 1932 y dos de plata en Berlín 1936, aquellos Juegos disputados ante la temible mirada de Adolf Hitler.

Eran épocas de convulsión en mundo y los líderes de entonces querían conocer al as del florete.

A principios de esa década, la rivalidad entre la escuela francesa y la escuela italiana de esgrima era marcada, por lo que en 1930 un joven Gardère fue invitado a un gran festival en Roma. Su combate de exhibición fue tan bueno que en el salón alguien vulneró el protocolo y rompió la solemnidad entre gritos y aplausos: era nada menos que Benito Mussolini, quien vitoreaba al francés desde el palco de honor.

Las crónicas afirman que el Duce incluso bajó a la pista para disputar él mismo un asalto informal y no quedarse afuera del espectáculo. Gardère recordaría siempre el magnetismo y la tensión de cruzar miradas con el líder del fascismo italiano.

La Resistencia

El espadachín fue también piloto de avión y formó parte de la Resistencia francesa al estallar la Segunda Guerra Mundial. Por ese entonces, durante la ocupación nazi de Francia Gardère vivía en un piso que daba al Boulevard Soult, donde ocultaba armas.

Fue la esgrima la que le salvó la vida al ser descubierto en sus actividades: “Una noche -reconstruía-, a las 3 de la mañana, golpeó a la puerta un oficial alemán acompañado por cuatro soldados. Yo quedé paralizado por el miedo. Algunas de las armas estaban allí, en la sala, guardadas debajo de un mueble”.

Sin embargo, el oficial se quedó mirando delante de un papel enmarcado que había en la pared… “‘¿Ese es usted?’, me preguntó, señalando el certificado de las medallas olímpicas ganadas en Berlín. Le dije que sí, el diálogo me parecía absurdo, dadas las circunstancias ‘¿Usted es el mismo que estuvo en Berlín?’ El oficial resultó ser a la vez deportista. Entonces se produjo el milagro… Me saludó como si fuera un viejo amigo y me dejó en paz, junto a aquellas armas”.

La aviación lo acercó además a Antoine de Saint-Exupéry, con quien trabó amistad cuando ambos piloteaban para los Aliados en el norte de África. Sabido es que el autor de “El Principito” pasó largas temporadas en el país, pero no fue por estos lares sino en el marco de la guerra que el escritor desapareció en el océano con su aeronave.

Gardère recordaba los pormenores: “Salió en una misión de reconocimiento sobre Córcega, pero en el viaje de regreso tuvo la tentación de desviarse de la ruta para volar bajo sobre el sur de Francia; quería volar sobre los techos y mostrarles a sus paisanos la Cruz de Lorena pintada sobre el fuselaje. Pero un caza alemán lo interceptó y no volvimos a saber nada de él...”.

Edward Gardère a los 80 años, cuando ya estaba asentado en Del Viso desde hacía décadas.

De Francia a Del Viso

Concluida la guerra, su espíritu de trotamundos lo hizo viajar también a la Argentina, convocado por entidades francesas para exhibir y difundir sus conocimientos de esgrima.

Fue en 1955 que el esgrimista realizó una de sus tantas clases magistrales. Al enterarse de que Gardère estaba en Buenos Aires, Juan Domingo Perón le pidió que brindara una demostración de esgrima antigua en la residencia presidencial.

Armado con daga y broquel, vestido de seda, el francés se enfrentó a un maestro y a sus alumnos. Cuando terminó el acto Perón dijo: “Esto es algo que tenemos que difundir en todo el país”, idea que el golpe de Estado impidió, al menos en aquel momento.

No obstante, pocos años después se concretó el asentamiento definitivo de Gardère en suelo argentino. Tras adquirir una propiedad en Del Viso, se desempeñó como profesor de la escuela nacional que funcionó en el Club Francés, así como en el Colegio Marín, el La Salle, el Club Gimnasia y Esgrima y la Facultad de Derecho, entre otros sitios. Para ese entonces ya había obtenido la Orden Nacional al Mérito de Francia. Verdadero libro abierto para sus alumnos, siempre enseñó con pasión y dedicación.

No pasó mucho tiempo desde su llegada al país hasta que conoció a Eloísa Cueto, su gran amor y con quien se asentó en la finca de Del Viso. Una vez que Gardère llegó a la localidad, no tardó a conocer a la familia de quien sería su esposa, madre de su hijo Claudio y compañera por el resto de su vida.

Entre trofeos, condecoraciones y mil recuerdos, cobijado por el amor de su familia y custodiado por sus fieles perros, Edward Gardère murió el 24 de julio de 1997, a los 88 años. Escena final para una vida que pudo haber sido sacada de un relato de aventuras.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar