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Historia

A 60 años del hallazgo del gliptodonte: cuando Pilar descubrió a las "mulitas gigantes"

Apareció el 30 de septiembre de 1966 en una tosquera del barrio Carabassa. El curioso destino de los restos fósiles.

30 de septiembre de 2026 - 13:42

Hay vestigios del pasado que de vez en cuando logran ver la luz y nos llenan de fascinación, como la que teníamos al ser niños y mirábamos alguna ilustración de esos animales gigantescos que hace tanto tiempo poblaban la tierra.

En particular, nuestro país es un paraíso de restos fósiles, incluso de algunos animales ya extinguidos que, a diferencia de los dinosaurios, llegaron a convivir con la especie humana.

Es el caso de los gliptodontes, criaturas que poblaron la pampa hace 10 mil años. El gliptodonte era una especie de “mulita” de gran tamaño que llegó a convivir con el hombre primitivo. Medía alrededor de tres metros desde la cabeza a la cola, y con más de un metro de altura.

En Pilar se recuerdan al menos dos hallazgos de estos ejemplares, cada uno con sus particularidades.

Desde hace más de medio siglo, y sin miras de ser “rescatado”, en el excuartel de Bomberos Voluntarios permanece enterrado un ejemplar de gliptodonte.

El gliptodonte encotrado en Carabassa en 1966..

El fósil apareció el 30 de septiembre de 1966, hace ya 60 años, en la cava de la tosquera Currás, del barrio Carabassa. El recordado Regino Osés, histórico presidente de la institución durante esa época, rememoraba en una entrevista con El Diario en 2007 que “los obreros lo querían romper y usarlo como escombro, y en el Museo de La Plata no tenían lugar”.

Sobre la posibilidad de desenterrarlo, el vasco (fallecido en 2012) decía que “sacarlo daría mucho trabajo, porque el suelo es de hormigón armado. Ahí duerme bien, que lo dejen otros 400 o 500 años…”.

En pareja

A fines de 1992, en vísperas del Año Nuevo el barrio La Lomita se conmocionó con otro hallazgo paleontológico: en el patio de una vivienda humilde, tras la excavación de unos albañiles se encontraron los restos fósiles de dos gliptodontes.

Aún se conservan fotos que ilustran el momento en que los restos fueron retirados del pozo, luego de haber sido recubiertos por una capa protectora de yeso.

Sin celulares ni redes, la noticia igual corrió como reguero de pólvora. Ya desde la colectora de Panamericana, los carteles escritos a mano señalaban el camino indicando el “descubrimiento histórico” (sic). Cualquier curioso podía entrar y mirar de cerca a los gliptodontes -estaban un par de metros de profundidad-, aprovechando la amabilidad del dueño de casa.

Sin embargo, tras varios días fueron removidos de allí, pero con un inconveniente: Pilar no tenía un lugar adecuado para su conservación. Por lo tanto, los ejemplares fueron a parar a una habitación ubicada detrás del escenario del Teatro Lope de Vega, hoy Ángel Alonso.

En el teatro, los fósiles permanecieron arrumbados hasta fines de 2007, cuando fueron “rescatados” por el arqueólogo y antropólogo Alberto Susco –un personaje entrañable, fallecido en agosto del año pasado-, quien se ocupó de su restauración en la Universidad del Salvador. El hombre soñaba con exhibir a ambos gliptodontes en la peatonal de Pilar.

Sin embargo, el proyecto nunca se concretó y los gliptodontes terminaron en el Museo Histórico Arqueológico de la USAL (MUSAL). Tal como aquel que está enterrado en el viejo cuartel de bomberos, quizás algún día vuelvan a ver la luz del sol.

El último... por ahora

En 2021 se produjo el que es hasta ahora último hallazgo de restos de gliptodonte en Pilar: una familia del barrio Peruzzotti encontró la cola de un gliptodonte, junto a otros restos fósiles de diversos animales también extinguidos.

Se trata de la familia Cabrera, quien vive en una propiedad ubicada en la calle O’Higgins. En el terreno se estaban haciendo movimientos de suelo, con miras a la instalación de una feria con stands. Precisamente, en uno de los camiones de tosca llegaron los restos fósiles, entre los que se destaca uno más grande que el resto, curvo y de alrededor de 50 centímetros de largo: de inmediato intuyeron que se trataba de parte de un gliptodonte. A su vez, con las horas aparecieron vértebras y piezas dentales.

La aparición de esos restos de un gliptodonte fue la primera en Pilar en las últimas tres décadas.

Fuentes

-Archivo El Diario Regional

-www.pilarunlibrodehistorias.com.ar

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