Por Celeste Lafourcade
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El súper pesebre de Del Viso, tradición familiar que cumple medio siglo
Alrededor de un cactus que su abuela plantó cuando ella nació, hace 52 años, cada 8 de diciembre pasa horas armando con devoción cada detalle del súper pesebre que atrae cada vez más curiosos y admiradores. Una tradición familiar que este año cumplió medio siglo y a la que le dedica mucho más que su tiempo libre.
El belenismo, nombre por el que se conoce su afición, es para Marisa Fornas una pasión que fue creciendo con el tiempo, al igual que la gran escena del nacimiento de Jesús que monta cada víspera de Navidad en el jardín delantero de la casa de sus padres sobre la calle Pizarro, en Del Viso.
Con más de 4 metros de ancho y 2,5 de alto, en ella conviven más de 100 figuras, entre personas y animales, de unos 30 centímetros. La representación que va mucho más allá de la Sagrada Familia, es en realidad, una miniatura de la ciudad de Belén, con sus habitantes, sus casas, sus elementos cotidianos, sus árboles y sus montañas. También hay carretas y cursos de agua con cascadas e iluminación artificial.
El trabajo, que gana metros y nuevas piezas cada año, demanda para Marisa al menos seis meses de preparación. “Entre julio y agosto ya empiezo a juntar telgopor y lo voy guardando porque con eso hago casitas, puentes, árboles”, afirma en diálogo con El Diario.
Cada detalle está hecho a mano, con mucho de habilidad pero sobre todo de imaginación. “Yo veo un pedazo de algún material y me imagino la forma que le voy a dar”, asegura la mujer, nacida en Del Viso y actualmente radicada en La Lonja.
Este año, el pesebre sumó –entre otros detalles- un puente colgante sobre una cascada y creció en tamaño. La expansión se explica en el uso de espuma para recrear el efecto montaña. “Para desarmarlo –explica-, tengo que cortar los pedazos, por eso cuando los vuelvo a unir tengo que agregar más espuma y eso hace que se vaya agrandando”.
El Belén está montado a la vista de los transeúntes que llegan de distintas partes del distrito para observarlo. La mejor hora para visitarlo, revela su creadora, es el atardecer, cuando la iluminación natural se fusiona con las luces artificiales colocadas para destacarlo.
Las figuras deterioradas por el tiempo van reemplazándose por otras, que en general son adquiridas en santerías de la ciudad de Luján o que llegan como obsequio.
Herencia
Con claridad, Marisa puede determinar de dónde proviene su pasión por los pesebres. Fue su abuela materna la que comenzó la tradición hace 50 años, cuando ella apenas empezaba a pronunciar sus primeras palabras.
Entre sus recuerdos más antiguos está el de aquel nacimiento, mucho más modesto que el actual, en el que doña Antonia “ponía un espejo que simulaba ser un lago y le colocaba patitos arriba”.
A sus 12 años, Marisa comenzó a involucrarse y hace 25 tomó la posta y le imprimió su impronta. Empezó colocándolo en una mesa ubicada en el porche de entrada y luego, por falta de espacio, lo trasladó al jardín.
Eso sí, siempre con la ayuda de sus padres y el apoyo de su marido. Su mamá Teresa, de 82 años, es la encargada de tejer las cortinas de las casas y todo retazo que se necesite para darle realismo. Su papá José, más conocido como “Chopo”, es quien domina la iluminación y el armado manual de las carretas.
Entre las piezas más preciadas se encuentran figuras compradas por uno de sus sobrinos en España, donde hay una fuerte tradición belenista. Con el correr de los años fue participando activamente de muchos de los grupos internacionales donde la pasión por los portales, como también se los llama, es compartida.
Aunque en Argentina existe una asociación de belenistas en CABA, no cuenta con una actividad sostenida. Tampoco hay en el país una gran variedad de figuras. “Siempre tenemos los mismos modelos de pastores”, reniega la delvisense que, frente a esto, tiene en sus planes idear sus propios moldes. Para este propósito, ya está en contacto con fabricantes que pueden desarrollarlos en porcelana fría. “Siempre estoy mirando belenes por internet para tener ideas, conocer nuevas figuras y nuevas escenas”, asegura.
Espacio público
En todos estos años, sobre todo en los últimos, donde el boca en boca hizo que el pesebre de la calle Pizarro se convierta en un verdadero atractivo, a Marisa no le faltaron ofertas para exhibirlo o armar una réplica en el espacio público.
La primera opción está –por el momento- descartada debido a la seguridad que habría que destinar para garantizar que el Belén no sea blanco de robos o vandalismo. La segunda propuesta llegó de la mano de una asociación de vecinos de Del Viso, aunque para ellos se necesitaría destinar una importante cantidad de dinero.
Es que, además del valor afectivo, la confección de un portal de las mencionadas dimensiones demanda un importante costo económico. “Cada lata de espuma cuesta 1.800 pesos y yo este año para unir las piezas utilicé cinco”, cuenta la creadora, a modo de ejemplo.
Dónde visitarlo
La obra de arte puede ser visitada en Pizarro 1368, en la localidad de Del Viso, todos los días. La iluminación y los flujos de agua se mantienen encendidos hasta la 1 de la mañana.
