Apenas había empezado a caminar cuando en su familia comenzaron con una tradición que este año cumplió 49 años: armar un pesebre en la puerta de casa. Marisa Fornas tomó la posta hace 24 años y lo convirtió en una verdadera pasión, que se refleja en el cuidado meticuloso de cada de detalle de lo que hoy es una obra de arte.
El súper pesebre de una familia de Del Viso, una tradición que lleva 49 años
Montada en el frente de la casa de Pizarro 1358 entre Independencia y Valentín Gómez, la recreación del nacimiento de Jesús se convirtió con el correr de las décadas en un verdadero atractivo para todo aquel que circule por el lugar e incluso para quienes llegan alentados por el boca a boca.
Es que el pesebre que Marisa monta en la casa de sus padres (ella se mudó a La Lonja) es mucho más que la casa de madera con la Sagrada Familia. Por el contrario, es una maqueta con relieve, texturas, agua natural y más de 100 personajes ubicados en una montaña de 2,30 metros de altura por 3 metros de ancho. Este año, la escena cuenta con 57 ovejas y 54 figuras de 30 centímetros de alto, además de María, José y el Niño Jesús (que recién es colocado en la medianoche del 24 de diciembre).
Además, tiene cuatro cascadas de agua natural, carretas de madera hechas a mano por su padre, árboles que fabrica ella misma, iluminación artificial para la noche, vasijas, entre un sinfín de detalles a los que este año se le sumaron tapabocas para muchas de las figuras.
"Cualquier cosa que veo pienso si la puedo relacionar con el pesebre", afirmó la creadora en diálogo con El Diario, para agregar que la preparación arranca en el mes de julio con la restauración de piezas despintadas y la confección de la montaña de espuma de poliuretano expandido.
Cada año, Marisa procura que la escena cuente con nuevos elementos. No obstante, las figuras nunca son reemplazadas, lo nuevo siempre llega para sumar. "Sea donde sea que trabaje, -advierte con una sonrisa- la primera semana de diciembre siempre me la pido de vacaciones para poder dedicarme al pesebre".
Entre las incorporaciones más recientes, está la de tres pastores traídos por sus sobrinos desde España, donde el "belenismo", como se denomina a la tradición, tiene gran arraigo.
"Desde que soy muy chica mi abuela empezó con la tradición de armar el pesebre en la puerta de su casa, a los 12 años empecé a engancharme y desde hace 24 años que me encargo yo", explicó la mujer que en estas décadas pasó por algunos contratiempos, como el año en el que le robaron las piezas, pero que lejos de desanimarla, la impulsaron a perfeccionarse cada vez más. Y en este sentido, destaca el papel clave de su papá, que con 86 años, trabaja codo a codo con ella en el armado. "Es admirable lo que él hace", remarcó Marisa.
Con algo de pesar, reconoce que "en Argentina la tradición del pesebre es algo que se está perdiendo", por lo que conseguir piezas nuevas es, cada año, una tarea más compleja. No obstante, el interés por su obra de arte va en aumento: cada vez son más los vecinos que se acercan para tomarse fotografías e incluso dejar una carta para felicitarla por la creación.