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LA COLUMNA DEL PADRE SAYU: Amoris Laetitia es la tarea y la meta

17 de abril de 2016 - 00:00

 Todo sucedió en un crucero.  Estaba repleto de familias pudientes, empresarios famosos, jóvenes emprendedores, médicos exitosos, etc.

Como suele suceder entre las comidas suculentas y los festejos lujosos de un barco de diversión, Eduardo encontró a una bella muchacha muy tímida, Solange, tomando un gin. Era el segundo día.
Él es gerente de una empresa, ella, abogada. Se acercó a saludar y se llegó a conversaciones sociales y hasta temas más bien personales. Así, se enamoraron a primera vista.
¡Cómo no!, ya que todo es rápido en el mundo moderno de consumo ya propusieron formar pareja. 
Para tener una novedad en el marketing, el encargado del crucero les ofreció gratis el salón dorado del barco, si iban a casarse, antes que finalizara el viaje de 10 días.
La oferta era muy tentadora. Les pareció bien la idea. Así que la boda del romance veraniego en el barco fue un acontecimiento inédito.
Pero poco a poco se dieron cuenta de que era un amor platónico y no estaban preparados para una verdadera vida matrimonial con sus méritos y deméritos, ventajas y desafíos, gozos y sufrimientos…    
Antes de cumplirse 5 meses ya empezaron las peleas que siempre repetían a diario y a menudo terminaban en algún tipo de agresividad. Solange estaba ya embarazada de 4 meses. Finalmente, decidieron separarse… 
¡Cuántos cometen este tipo de errores!
En la reciente exhortación apostólica Amoris Laetitia, el Papa Francisco propone a los novios que se hablen con profundidad y calidad. Dice que aunque no lo parezca, “muchos llegan a la boda sin conocerse. Sólo se han distraído juntos, han hecho experiencias juntos, pero no han enfrentado el desafío de mostrarse a sí mismos y de aprender quién es en realidad el otro”.
Para dar calidad a la vida afectiva, propone “besar a la pareja” para darle los buenos días, “esperar al otro y recibirlo cuando llega, tener alguna salida juntos, compartir tareas domésticas”, y “romper la rutina con la fiesta”.
En un tono positivo sobre la sexualidad, Francisco la define “un regalo maravilloso de Dios” que “se cultiva y se evita su descontrol para impedir el empobrecimiento de un valor auténtico”.
En un recorrido realista por las fases del matrimonio, el Papa evoca el momento en el que “la apariencia física cambia”. Dice que como nos enamoramos “de una persona entera con una identidad propia, no sólo de un cuerpo”, “ese cuerpo, más allá del desgaste del tiempo, nunca deja de expresar de algún modo esa identidad personal que ha cautivado el corazón”.
Es la alegría del amor. 

Fm. Plaza 92,1
Pueden escuchar los micros del padre Sayu, “Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo: sajusvd@gmail.com 
 
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