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LA COLUMNA DEL PADRE SAYU

Levanta, tenemos que terminar

Por Redacción Pilar a Diario 27 de noviembre de 2016 - 00:00
Después de chocar el martes 16/8/2016, contra una de sus compañeras corredoras durante la eliminatoria de 5.000 metros, de los Juegos Olímpicos, la corredora estadounidense Abbey D’Agostino podría haber seguido corriendo.
De hecho, su entrenador incluso le había prevenido antes de la carrera: "Si te caes (…), te levantas, te sacudes el polvo, echas un vistazo a tu alrededor y de vuelta a la carrera inmediatamente”.
Pero en vez de eso, miró a su alrededor y ayudó a levantarse a la neozelandesa Nikki Hamblin, diciéndole: "Levanta. Tenemos que terminar”.
Nunca antes se habían encontrado Hamblin y D’Agostino, así que la corredora de Nueva Zelanda quedó impactada con la generosa preocupación que su competidora demostró en medio de una carrera olímpica.
Hamblin comentaría después del encuentro que "esa chica es el mismísimo espíritu olímpico… Ella es una mujer increíble”.
Hamblin y D’Agostino continuaron la carrera codo a codo, pues resultó que D’Agostino estaba lesionada de más gravedad que Hamblin y tenía problemas para terminar la carrera. Hamblin quiso devolverle el favor y fue infundiendo ánimos a la dolorida D’Agostino.
A pesar de correr con un dolor angustiante, D’Agostino terminó la carrera detrás de Hamblin y salió del lugar en silla de ruedas.
A ambas corredoras les permitieron el acceso a la final, pero después de una resonancia magnética el miércoles, D’Agostino descubrió que tenía el ligamento cruzado anterior completamente roto y que no podrá correr durante algún tiempo.
Este suceso digno de admiración está recibiendo por doquier la definición de "auténtico espíritu olímpico” y es un maravilloso ejemplo de "deportividad”, pero en realidad quedaría mejor descrito como una expresión de la fiel y profunda fe cristiana de D’Agostino.
Así lo afirmó en una declaración a los medios: "Aunque mis acciones fueron instintivas en aquel momento, la única forma que puedo explicarlo racionalmente es que Dios preparó mi corazón para responder así. 
Durante todo este tiempo aquí, Él me dejó claro que esta experiencia en Río de Janeiro iba a ser para mí algo más que mi rendimiento en la carrera; y en el momento que Nikki se puso de pie, supe que se trataba de eso”.
D’Agostino se levanta cada mañana escuchando música de adoración, lee su Biblia. Descansar los domingos forma también parte de su vida espiritual y física, algo que permite a su cuerpo recuperarse y a su alma elevarse con la oración y hacer obras de caridad como ésa.
Al final, D’Agostino demostró al mundo que ganar no lo es todo. Como diría una vez la Madre Teresa, "Dios no nos llama a ser exitosos, sino a que seamos fieles”. 

 
FM Plaza 92.1.
Pueden escuchar los micros del padre Sayu, "Con Jesús y María mi vida es feliz”, lunes, miércoles y viernes a las 22, por FM Plaza 92.1. Correo: sajusvd@gmail.com 


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