En las calles Fermín Gamboa e Ituzaingó del centro de Pilar, puede observarse un objeto que da cuenta de un tiempo pasado, aunque no tan lejano, y que puede resultar irrisorio al paradigma de ciudad actual. Se trata de ganchos de hierro incrustados al cordón de la vereda: conocidos con el nombre de aldabas, se utilizaban para atar a los caballos.
Como se ve, en la ciudad de mediados de siglo pasado, la llegada de las calles asfaltadas, contempló la preponderancia de la “tracción a sangre”.
El nombre aldaba viene de la Edad Media y se usa para designar también a los llamadores de las hojas de las puertas por la parte exterior. La forma más típica es la de argolla, en las más antiguas de hierro, generalmente unida a una cabeza de bronce.