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TECHO, una ONG que en Pilar también construye solidaridad

Trabaja en toda Latinoamérica. Un voluntario local describe cómo es el funcionamiento. Encontrarse con la realidad más dura, a pocos minutos de casa.
29 de marzo de 2015 - 00:00

por Alejandro Lafourcade

a.lafourcade@pilaradiario.com 

 

La pobreza extrema no es patrimonio exclusivo de territorios lejanos que vemos por televisión. La hay también aquí, bien cerca de casa. De tal afirmación pueden dar fe los integrantes de la ONG TECHO, que desde hace tiempo ha tendido lazos con Pilar, actuando en algunos barrios.

“En 2011 me invitaron a una construcción de la ONG, para acompañar a los alumnos. La primera experiencia fue en La Plata, en un barrio llamado Puente de Fierro, algo muy impactante porque era prácticamente un basurero”, expresa a El Diario Federico Wohlfeiler, vecino de Del Viso y uno de los referentes de la entidad en la zona.

Y recuerda: “Había una nena cuya única distracción era sentarse a ver el horizonte, entre otras realidades muy complejas”. Así nació un vínculo que con el tiempo solo ha aumentado.

Docente de Teoría del Conocimiento, el joven coordina el Programa de Secundarios de TECHO en el colegio en el que trabaja, logrando un reconfortante efecto contagio entre los adolescentes.

Por estos días, Federico y sus alumnos se encuentran haciendo tareas de relevamiento y determinación de prioridades en los barrios San Jorge y Agustoni (donde ya se ha construido el año pasado), “porque hay cosas que no pensás que son posibles a 10 minutos de tu casa”.

 

Manos

TECHO trabaja con colegios, empresas, voluntarios adultos y familias. Las jornadas duran todo un fin de semana, desde la noche del viernes hasta la tarde del domingo. Los beneficiarios pagan una suma simbólica y se comprometen a usarla como vivienda familiar.

 “Desde 2009, el grupo del colegio ha hecho alrededor de 50 casas”, afirma el joven. “Las familias beneficiarias también ayudan, además muchos son albañiles. Dos voluntarios de TECHO van liderando la construcción, son jóvenes de entre 18 y 25 años con una energía increíble”.

En cuanto a los materiales, hay proveedores externos y una fábrica social de TECHO en San Martín. “Las casas son para sacar a la gente de la emergencia, la protege del barro y la lluvia”, afirma sabiendo que la verdadera solución debería llegar desde otros estamentos.

 

Sensaciones

“En lo personal, después de cada construcción termino contento y triste a la vez –comenta Federico-, porque es algo bueno pero se requiere más trabajo y esfuerzo”. Y los alumnos “ven que con sus manos pueden cambiar las cosas. Muchos terminan llorando abrazados con los vecinos, gente a la que le mejoraron la vida con su acción”. Y agrega: “Lo tomo como una responsabilidad, como algo que tengo que hacer. En lugar de quejarse es mejor poner la energía en hacer algo”.

Por último, relata un hecho sucedido días atrás en San Jorge: “Estábamos hablando con una joven que era mamá de dos nenas de 1 y 3 años. En un momento la nena más grande se puso a llorar porque tenía hambre. La madre le dio un pedazo de pan pero al rato lloró de nuevo: era un llanto distinto, como que estaba pidiendo ayuda… Vive al lado de una vía, en un lugar muy precario. Ver a una nena llorar por hambre nunca me había pasado”. Y fue acá, en Pilar.  

 

3x6

Metros miden las casas de TECHO, que constan de paneles de madera que se encastran. Los beneficiarios pagan un valor simbólico para ocuparlas.  

 

“Es un abandono que parece que sucediera lejos, pero está más cerca de lo que pensamos”.  

FEDERICO WOHLFEILER.

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