Los pilarenses no solo sufren el tráfico diario del centro y sus localidades, sino que además son víctimas de la peligrosa y azarosa trampa en la que se convirtió la arteria que le dio vitalidad y progreso al distrito: la autopista Panamericana.
Panamericana: de vital a infernal
Fue motor del desarrollo de Pilar. Piquetes, accidentes y falta de iluminación la convirtieron hoy en una caja de sorpresas. Casi no hay alternativas.
Los traumas que se generan en la vía de conexión vial más importante de la Zona Norte, son causados por combinaciones entre los automovilistas y la empresa concesionaria.
La falta de respeto a las normas de tránsito e incluso de desconocimiento de las señales y leyes, más las distracciones, excesos de velocidad y maniobras irresponsables, forman un combo muy peligroso. Se suman los apagones que por la noche suelen verse en largos tramos de la autopista y la lentitud en el servicio de emergencias que presta la concesionaria.
En los últimos días hacer un ida y vuelta hacia la Capital Federal se convirtió en una verdadera odisea, incluso el vuelco ocurrido el viernes último mano a Provincia, provocó que un viaje de 40 minutos se extendiera por más de tres horas.
En la última semana, al menos, tres accidentes en el ramal Pilar que involucraron a camiones, provocaron extensas demoras, que se sumaron a las habituales de hora pico.
“A las 17 estaba en General Paz y Panamericana y llegué a Pilar a las 20”, contó con fastidio Adrián, uno de los tantos pilarenses que quedaron atrapados en la vuelta a casa.
De la misma manera, Juan mostró su preocupación por los largos tramos de apagón sobre la autopista, que se repiten desde el año pasado.
“Hay sectores en los que si no se ponen las luces altas no se ve nada y realmente se torna muy peligroso”, describió y remarcó: “esta semana se dio repetidas veces en el ramal Pilar”.
Lentitud
Entre las falencias que corren por cuenta de la concesionaria, las quejas apuntan a la lentitud y el mal servicio que prestan sobre la autopista cuando un auto sufre un desperfecto.
“Se me calentó el motor del auto y me quedé a la altura de la ruta 197, estuve una hora y media y a pesar de haber llamado a emergencias no vinieron a sacarme de la autopista”, contó Pablo, que aseguró que luego de todo ese tiempo expuesto a los rodados que transitaban por la Panamericana, lo sacaron ya de noche y lo dejaron en la colectora, donde mientras esperaba al remolque del seguro, fue víctima de robo.
“Entre los cortes por protestas, la gente que no le importa el resto y va a toda velocidad hablando por teléfono, las demoras para sacar un automóvil cuando hay un accidente y la cantidad de vehículos en horas pico, la Panamericana ya es un sufrimiento”, dijo a El Diario Hugo, un transportista que todos los días debe recorrer la autopista entre Pilar y la Ciudad de Buenos Aires.
Las opciones que tienen los automovilistas para trasladarse hacia la Capital o volver a Pilar, suelen ser aún más traumáticas, una de ellas es tomar la ruta 25 hasta Moreno o la 28 a General Rodríguez y subir al Acceso Oeste, que muchas veces tiene un escenario similar al de la Panamericana, además de recorrer algunos kilómetros demás, según el punto de destino. Otra, pero intransitable, no solo por la cantidad de rodados, sino por el estado de la cinta asfáltica, es viajar por la vieja ruta 8, toda una aventura.
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Horas fue el tiempo que llevó recorrer Panamericana entre General Paz y Pilar el último viernes por la tarde.
El dato
Cada vez son más los nudos que se forman en la Panamericana para ir o volver desde Pilar a la Capital Federal. De lunes a viernes a la mañana y la tarde; los sábados hasta el mediodía y los domingos por la tarde-noche.