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Un mundo de cinco asientos

Desde hace 15 años, Mito trabaja por su cuenta como remisero en Zelaya. Amigo del pueblo, psicólogo de los clientes y dueño de sus tiempos, le encontró la vuelta a la vida. 
 
15 de marzo de 2015 - 00:00

 


por Celeste Lafourcade c.lafourcade@pilaradiario.com


Los 32 grados de un marzo exagerado no se perciben en la parada -que ya es un derecho adquirido- de Don Mito en la plazoleta de la estación de Zelaya. Árboles generosos le dan reparo al hombre de 68 años, remisero cuentapropista,  entre viaje y viaje.
Una mesa, una silla, yerba, agua caliente y dos perros que lo siguen son los elementos fundamentales de un ritual que repite hace 15 años en la localidad en la que habita desde 1969. Allí, las esperas se matizan con las charlas al pasar con los vecinos y algún mate compartido. “Soy libre como los pájaros”, afirma y explica, al mismo tiempo, de dónde viene la paz que transmite su micromundo. 
“Por lo general llevo a gente mayor y chicos de colegio, las mamás me los confían porque yo los acompaño hasta la puerta”, explica desde su Senda gris, aunque se confiesa “un poco cansado del tema de los colegios porque tengo que buscar estacionamiento… es un desastre, el tema del tráfico tanto en Pilar como Escobar. Tardo 20 minutos más en llegar que hace unos años”. 

Reinventarse 
Como la de tantos, la historia de Remigio Heredia –nombre que quedó sepultado frente al simpático “Mito”- como chofer nació en los años 90 producto de un despiadado recorte de personal en el Puerto de Buenos Aires, donde permaneció más de dos décadas. 
Acostumbrado al trabajo desde los 14 años y a cargarse en el hombro las dificultades de su numerosa familia de 17 hermanos, le puso el pecho a las balas cuando los caminos se cerraban, frente a un remise. 
-Dicen que los remiseros son los principales termómetros del humor social. ¿Es así?
- Sí, te cuentan todo. Sobre todo las mujeres, se desahogan. Uno tiene que ser un poco el psicólogo y también saber responder sin sobrepasarse. Cuentan si tienen problemas en la casa, con los chicos que se llevan materias, con el marido. 

El secreto
Oriundo de Areco y devoto de la Virgen de Luján, Mito nunca se casó y hoy vive solo en la casa que construyó cuando en Zelaya no había luz eléctrica, para darle una mejor calidad de vida a su madre –que aún se emociona recordando- y a sus hermanas. Memorioso como pocos, recuerda con precisión fechas y momentos, y reconoce que “me gustaba más antes, pero sigue siendo un pueblo solidario”. 
-¿En qué se basa la confianza que le tienen?
- En saber ponerse en el lugar del otro, sobre todo con las señoras mayores. Acompañarlas, abrirles la puerta, hasta que no entraron y no prendieron la luz, no me voy.
- ¿Hay relaciones que trascendieron más allá del trabajo?
- Sí, me hice muchos amigos en los viajes, me invitan a comer a la casa. Para muchos soy el “tío Mito”. Las señoras me invitan a tomar un mate. Los pasajeros son mi familia. Sé la historia de todos y este pueblo no lo dejaría por nada del mundo. 
-¿Y el remise, lo dejaría?
- No, ni loco, es mi vida. Estoy acá, tomo mis mates, siempre hay alguien que viene a charlar, vuelvo a casa a almorzar, a la tarde salgo otra vez. Pago mis impuestos. Manejo mis tiempos. Si un día no quiero, no trabajo...
-¿Eso es encontrarle la vuelta a la vida?
- Es algo que no tiene precio. Muchos me dicen “cómo te envidio”…


La yapa. 46 años lleva Mito viviendo en Zelaya; 15 como remisero cuentapropista. 



La pregunta del millón 
Aunque se reconoce temperamental, admite que los años y algunos sustos le templaron el carácter. “La gente está más acelerada”, asegura con algo de incomodidad, la misma que lo obliga cada vez más a elegir los viajes que prefiere hacer.
-Con tantos años en el oficio, ¿cómo está la calle hoy?
- Está más violenta, no hay respeto por el otro, te apuran con luces por cualquier cosa. Hay más imprudencia. Pero después de que me pusieron un arma en la cabeza por defender a una mujer que casi la pisa un loco, aprendí a callarme la boca. 
-¿Quiénes manejan peor, los hombres o las mujeres?
- Los hombres, por la prepotencia. Quieren pasar primero y no respetan a nadie. Las mujeres son más prudentes, ponen la luz de giro para doblar… diría que manejan un 50% mejor que los hombres. 
 
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