Las fiestas en casaquintas de La Lonja nunca pararon. Ni siquiera luego del asesinato de Gabriel Eiriz, quien murió de un disparo en la cabeza pocos días después de, justamente, denunciar una fiesta clandestina en la zona.
Fiestas clandestinas: no pares, sigue, sigue
Pese a las denuncias de los vecinos, jamás se detuvieron. Pero la última superó todos los límites de volumen y terminó a las 11 de la mañana de ayer. Sin control.
Es verdad que sus organizadores decidieron bajar un poco el volumen y de alguna manera intentar “convivir” con el vecino común. Sin embargo, un nuevo encuentro clandestino volvió a despertar la preocupación de los frentistas que desde hace años vienen luchando por erradicarlas.
Durante algunos meses los vecinos de la calle Presidente Derqui de La Lonja pensaron que el problema de la música y las fiestas electrónicas en su barrio eran parte del pasado. Que se trataba de una mala experiencia que duró cerca de dos años.
Pensaron que el dolor de cabeza había terminado hacia fines del año pasado. Sin embargo, en las últimas horas la tranquilidad volvió a interrumpirse. El volumen de la fiesta del viernes a la noche fue más alto de lo habitual, por lo que los vecinos decidieron volver a acudir al personal del destacamento policial, que se hizo presente en el lugar.
“Al volumen que estaba la música la sirena no se debe haber escuchado”, señaló Alejandro Silveyra, cuya vivienda se encuentra frente a la casaquinta en cuestión, que lleva el nombre de “Mariano”.
En diálogo con El Diario el mismo vecino confirmó que “siempre siguieron haciéndose las fiestas, pero no así”, por lo que decidieron manifestar su bronca.
La escenografía por estos días volvió a ser la de aquellas noches de insomnio, cuando la cuadra se llenaba de autos que abusaban de la bocina para dar aviso de su llegada. La fiesta que comenzó el viernes, terminó el sábado a las 11 de la mañana, cuando los vecinos salieron indignados a la calle y se reunieron.
Lamentablemente parece que no será el único encuentro para poder hallar la solución que ni desde la policía ni desde el Municipio supieron dar. “No quise ir al lugar para no generar discordia. Uno no sabe hasta dónde puede llegar si uno va”, recordó Silveyra, refiriéndose al episodio de octubre de 2013 en el que fue asesinado Gabriel Eiriz luego de denunciar fiestas clandestinas también en La Lonja.
El control de este tipo de actividad está bajo el ala de Inspección General del Municipio, área a cargo de Roberto Airoldi, que, una vez más, volvió a mostrar al menos deficiencias en los controles.
“No quise ir al lugar para no generar discordia. Uno no sabe hasta dónde puede llegar si uno va”.
ALEJANDRO SILVEYRA.