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Canciones para mirar

28 de enero de 2015 - 00:00

Pagano Store, en la terminal de ómnibus, no empezó como disquería pero se terminó convirtiendo en un oasis de vinilos, CD y cassettes, en la era del MP3 y YouTube.

“Ven remeras y accesorios, pero por gusto personal fui incluyendo a los discos”, explica Ariel Ania, su titular. “Al principio costó, los discos mucho no se vendían, pero seguí insistiendo”.

Desafiando al IPod, “el vinilo me devolvió las ganas de escuchar discos completos, es un interés casi arqueológico…”. Precisamente, para el coleccionista el punto máximo de placer es encontrar en una batea aquel álbum que se creía inconseguible. Con los años, tarde o temprano, es probable que lo mismo ocurra con los CD.

En aquellos tiempos iniciales de Pagano, “los clientes y conocidos pensaban ‘este tipo está loco vendiendo discos viejos, se va a fundir’, pero por suerte fue cambiando”. Según Ariel, “el mundo de Internet comenzó a jugar a favor, sobre todo con los sitios dominados por la fotografía: es típico que una persona valore el arte de un disco y le saque una foto, haciéndolo público”.

En cuanto al CD, el joven asegura que aún hay compradores, aunque han aumentado los costos por la baja del consumo. Por esto es que son cada vez más caros: el último de Pink Floyd está cerca de los 400 pesos. “Se los vende como si fuesen artículos de lujo, pero en cierto modo algunos vinilos y CD lo son”.

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