El profesor particular es el refuerzo de una mesa con tres patas: los alumnos, la escuela y los padres. Sobre estos últimos, Mariano Ojeda señaló que “hay de todo: está el que pregunta todo el tiempo cómo le va al hijo, cómo salió la clase y los que no están ni enterados de lo que hace el chico”.
“Hay casos en que ni conocés a los padres”
Inclusive, afirmó que en estos casos “hasta es el chico el que llama, a los padres ni los terminás conociendo…”. Además, el docente expresó que hay algunas situaciones en las que alcanza “con que los padres se sienten con ellos y los ayuden a estudiar, sin que haga falta contratar a un profesor. Si veo que pasa eso, se los digo para que traten que hacerlo ellos”.
En el caso de Abel Maciel, “generalmente, en la primera clase la que trae al alumno es la madre. Ya por el hecho de traerlo significa que hay una preocupación”. Por otra parte, afirmó que tras brindarle su diagnóstico “en general lo entienden, además ya conocen a su hijo. En general son chicos que se llevaron varias materias y necesitan pasar de año, no tienen nada asegurado”.
En otras épocas, Ana Radovich prefería el Secundario y desechaba propuestas para preparar alumnos de CBC y universitarios. Ahora la cosa se ha invertido: “Los chicos empiezan el Secundario muy rápido, a los 11 o 12 años, y en muchos casos no están preparados”. También se debe a que los padres “han cambiado mucho, varios ni saben qué materias se llevaron los hijos. Es un tema que me preocupa, trabajan padre y madre todo el día, llegan tarde, y no se pueden ocupar”.