por Alejandro Lafourcade
a.lafourcade@pilaradiario.com
Carlos Lynn, todo un experto en mundiales
Presenció las finales del ‘78, ’86 (con el partido frente a Inglaterra incluido) y ’90. También, viajó a EE.UU. 94. El pilarense que siguió a la Selección a todas partes.
Sí: el hombre vio campeón, en la cancha, a las selecciones del ’78 y el ’86. ¿Envidia? Pero que sea sana… A horas de un nuevo choque crucial para el equipo nacional, Lynn recordó en diálogo con El Diario varias de sus vivencias acompañando a la celeste y blanca alrededor del mundo.
Su apellido, en Pilar, es sinónimo de automovilismo, pero los mundiales lo cautivan. En aquel junio de 1978 acudió a la final frente a Holanda junto a su hermano Osvaldo. Tarde fría y lluviosa, como la de hoy… “Estábamos atrás del arco en el que Kempes metió sus goles, el mismo del gol de ellos”.
Los festejos fueron en casa, ya que apenas terminó el cotejo, tomaron la vieja Panamericana con rumbo a Pilar para abrazarse con vecinos y amigos.
Pasaron ocho años, llegó el Mundial de México 1986, un equipo que llegó envuelto en dudas y que se fue agrandando con el correr de los partidos. “Con mi grupo de amigos dijimos que íbamos a estar, pero mientras llegaba el momento se fueron bajando. Al final quedé yo solo y viajé igual”.
Carlos no pudo haber llegado en mejor momento: cuartos de final, es decir, Mano de Dios y Gol del Siglo. “Estaba atrás de ese arco. En la cancha no me di cuenta de que Maradona hizo el primer gol con la mano, tampoco pareció intencional. El segundo fue todo lo contrario: agarró la pelota y los hizo de goma…”.
La salida del estadio fue complicada, tanto que unos mexicanos terminaron llevándolo a su hotel para que no cayera en las emboscadas de los temibles hooligans (además, tenía la camiseta argentina puesta).
Pasado el partido con Bélgica, aquel 29 de junio de 1986 el estadio Azteca lucía repleto, y con otra coincidencia con lo que pasará hoy: salvo los argentinos, la multitud estaba a favor de Alemania. “Fue sensacional haber ganado, todos cantaban por los alemanes y eso agrandó a nuestros jugadores”. Eso sí: un conflicto de Aerolíneas lo obligó a quedarse en ese país varios días después del partido decisivo.
Codesal, compadre…
Pasaron 24 años, pero Carlos aún afirma que “nos robaron la final del ’90”. En esa oportunidad, estuvo con un amigo casi 50 días en la península, yendo a todos los partidos salvo el fatídico debut frente a Camerún. “Empezamos contra la URSS, cuando se fracturó Pumpido”.
El hombre recuerda que en las semifinales frente a Italia, en Nápoles, los napolitanos alentaban a la selección de su dios, Maradona. “Al momento de la final ya no teníamos tanta ansiedad, porque estábamos hechos con haber dejado afuera a Italia”.
Sobre lo ocurrido el 8 de julio en Roma, asegura que “no fue penal el que le cobraron a Sensini, el alemán se tiró como si lo hubiesen matado y Codesal compró”. Pasaron los años y varios mundiales más. Incluso estuvo también en EEUU ’94, pero regresó al país luego del doping positivo de Maradona.
En su comercio del centro de Pilar, Carlos Lynn tiene enmarcadas fotos con César Luis Menotti y Carlos Bilardo, nada menos que los dos DT campeones del mundo. “Ojalá que sean tres…”, dice mientras piensa en Alejandro Sabella.
¿Por qué no está hoy en Río de Janeiro? “Los tiempos cambian, ya tengo 66 años y las circunstancias del país también van cambiando… Pero está Carlitos, mi hijo”. No podía ser de otra forma: Argentina jugará una final del mundo, y un Lynn estará alentando.
La Frase
(Maradona a los ingleses) En la cancha no me di cuenta de que hizo el primer gol con la mano. El segundo fue todo lo contrario: agarró la pelota y los hizo de goma…”.
‘78
Copa con culebrilla. “La final del ’78 contra Holanda fue muy difícil, apasionante. Se arman partidos así por la jerarquía de los equipos. Ese día, a mi hermano Osvaldo, por los nervios que pasó, le agarró culebrilla. Días más tarde, como no se le pasaba, tuvimos que llevarlo a una curandera…”.
‘86
Chofer de estrellas. “Antes los jugadores eran mucho más accesibles, se podía entrar a la concentración y charlar con ellos. En México llevé a Tapia, Islas, Bochini y Olarticoechea a visitar a Passarella, que estaba internado.
Fuimos en un Volkswagen ‘escarabajo’ que había alquilado para moverme allá”.
‘90
Brasil, decime… “Al gol de Caniggia en el ’90 contra Brasil lo grité tanto como el segundo de Diego a Inglaterra. Turín estaba lleno de brasileños, pero cuando Cani hizo el gol se empezaron a ir todos de la cancha. En el primer tiempo nos pasearon, pero por suerte les ganamos a menos de 10 minutos del final”.