El segundo festival We Color pintó ayer el cielo de Pilar, para cobijar a una gran cantidad de jóvenes que por unas horas fueron libres de disfrutar de una gran variedad de artistas que acompañaron a las nubes de colores que se posaron en un predio del kilómetro 47 de Panamericana. El mismo donde en diciembre se habían realizado el primero de los novedosos festivales.
El evento comenzó a las 15, cuando sobre Pilar las grises nubes apenas dejaban pasar mínimos rayos de sol. Fue el marco ideal para el contraste con las incontables nubes de colores que los más de 3 mil protagonistas dibujaron hasta las 22.
El primer lanzamiento masivo de los polvos de colores a la multitud (tirada de color, al decir de los organizadores) fue de la mano del set de Panda Elliot.
Allí, gran parte de los concurrentes no tuvieron paciencia y antes del conteo comenzaron a desplegar algunos colores en el aire. Claro que bastó que la cuenta regresiva terminara para que delante del escenario principal se formara una estampa de naranjas, azules, amarillos y fucsias, que rápidamente se disiparon hacia una nube uniforme donde solo bastaba seguir el ritmo de la música para liberarse y continuar disfrutando del festival hasta la siguiente tirada.
Un arco iris en el aire para la segunda edición del We Color Festival
Con bandas en vivo y sets electrónicos, se vivió una paleta de colores y sonidos que le ganaron al gris del otoño. La convocatoria superó a la primera, realizada en diciembre del año pasado.
“Nos invitaron y vimos que estaba bueno. Después lo vimos en Facebook y buscamos videos en Youtube. Está muy copado”, explicó Salvador, en lo que fue su primera We Color.
Pali, una joven de Tigre, mientras bailaba al ritmo del set de uno de los DJ convocados, compartió que “mis amigas me dijeron de esto, es maravilloso. Ver los colores en el aire es algo mágico”.
Como ellos, fueron muchos los visitantes que se acercaron al predio ubicado sobre colectora del kilómetro 47 de Panamericana para disfrutar de esta actividad novedosa que está inspirada en el festival hinduista Holi, que se realiza en la primavera de Guyanay y Nepal.
Los anteojos de sol fueron los principales protagonistas de la tarde y la noche y, además, el mayor protector de los ojos ante los volátiles polvos de colores arrojados por los jóvenes.
A pesar del incipiente frío, el festival superó en cantidad a la primera edición de diciembre, cuando 2 mil personas dijeron presente.
“Está muy bueno. Vimos que había joda y que venían minas y vinimos”, advirtió exaltado Facundo, vecino de Luján, que dio en el blanco al hablar del condimento que tienen los paquetes de polvos de colores: “Le suma la frutilla del postre”.
Por la noche, continuaron las bandas programadas en el line up del We Color Festival, y junto con las luces del escenario, se sucedieron las soltadas de colores, imponiendo sobre el público nubes psicodélicas que estaban programadas para la semana pasada pero que debieron esperar en sus sobres para sellar en Pilar lo que puede convertirse en un clásico sobre Panamericana.
“El novio de mi hermana me dijo que había una fiesta muy buena en Pilar, así que vimos por Youtube lo que fue la anterior, y acá estamos”, advirtió Luli, quien llegó al lugar desde Castelar.
Escenario
Propuesta en degradé
En los distintos sectores del predio también se dispusieron stands de sponsors que propusieron actividades novedosas. Algunos que proponían masivas selfies para compartir en Internet, además de diversas escenografías como la firma de un perfume que ofrecía una tradicional combi Volkswagen para retratar al público femenino.
En otro sector, el artista Alfredo Segatori también le puso color al festival, pintando las remeras de los presentes, a metros de su colorido colectivo, un Mercedes Benz 911 que a modo de galería ambulante recorre los distintos eventos culturales de la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires.