ver más

“Lo único que quiero es una vida como la de antes”

Fue la respuesta de Sandra, vecina de Carabassa afectada por la inundación. El Diario recorrió la zona. Todos coinciden en que el agua no les dio tiempo a nada. Anoche seguía subiendo.
5 de noviembre de 2014 - 00:00

“Fue algo que jamás imaginé, no me dio tiempo a reaccionar, ví entrar un poco de agua y en 15 minutos tenía más de un metro dentro de mi casa”, contó Sandra a El Diario. La vecina del barrio Carabassa se acercó al móvil de Defensa Civil (DC) y cuando le preguntaron cuántos eran y qué necesitaban imploró: “lo único que quiero es una vida como la de antes”. “Todas mis cosas están mojadas, nunca pensé que el agua podía llegar hasta mi casa”, se lamentó la mujer cuya vivienda está ubicada a 800 metros del cauce.

La esquina de Leloir e Isla Lenox, a metros de la Escuela Nº3, que tampoco se salvó de la invasión del río, fue el punto de encuentro de vecinos en canoa, de a pie, a caballo, en vehículos altos, con los bomberos y Defensa Civil que les entregaron botellas de agua mineral y los censaron para llevarles provisiones.

“Lo que yo más lamento es una biblioteca grande que tengo y no me dio tiempo de salvar completa”, dijo con resignación Leonardo, otro vecino de la zona que junto a su hijo salió en su canoa, a la que cargó de botellas de agua mineral y volvió para repartir en su cuadra.

“Las dos primeras hileras de libros, fue inevitable que se quedarán bajó el agua en cuestión de minutos”, agregó el hombre que remarcó: “tengo mi casa con un metro y medio de agua, pero sigue creciendo. Ya no hay lugar para los perros, ni donde apoyarse”, detalló el vecino.

 

Las palabras de Leonardo se confirmaban al levantar la vista y ver que en la otra punta de un campo aledaño, un puñado de vacas, que ni a manada llegaba, se apretujaban contra los hilos del alambrado intentando ubicarse en los únicos cuatro metros cuadrados de pasto que no estaba cubierto por el agua. 

 

Perseguida

Unos 500 metros hacia el sur y a casi un kilómetro del río, los campos ya eran espejos de agua y los animales comenzaban a alborotarse, mientras la gente se asombraba de la rapidez con la que el Luján los encimaba.

“Me vine de mi casa del barrio Río Luján porque quedé bajo el agua y ahora acá en lo de mi hija está pasando lo mismo”, aseguró Luisa que con insistencia pedía que vieran cómo el río avanzaba.

La escena era escalofriante, el verde ya no estaba y solo veía agua, mientras la casa comenzaba a ser invadida por el río. “Ya no tengo adónde ir”, señalaba la mujer que entre el humor y la situación desesperante remarcaba: “desde el año 79 que vivo en el barrio y nunca había llegado el agua a mi casa”.

Cerca de las 17 el barrio Carabassa ya estaba semi-aislado, el camino original, que pasa por el frigorífico Amancay, está anegado desde el jueves y cualquier intento de paso es estéril a menos que sea nadando. Mientras que el sendero que ingresa al complejo Estancias del Pilar fue ganado por el agua y hasta el colectivo había dejado de ingresar.

En tanto, del otro lado del río, en el vecindario homónimo al cauce, la situación se agravaba, aunque los afectados eran los mismos que la última semana, pero con más agua que el jueves abrazando sus casas.

Sentados como en la costa, sobre reposeras y el mate al lado, Gabriela y su familia observaban cómo el agua crecía y cada vez se veía menos su casa.

“Es la de la esquina”, señaló la mujer y contó: “nunca nos había tocado inundarnos, el jueves ví que entraba por las rejillas y comencé a subir los muebles a la mesa y cosas arriba del ropero. Pero de repente observé por el patio como avanzaba el río, así que cerré la puerta y salí con los chicos”.

La familia sintió alivió el domingo cuando el agua bajaba, “el lunes ya se había ido, pero cuando vino mi marido y decidimos entrar, el río había vuelto”, graficó.

“Todavía no entramos, solo la vigilamos que nadie entre a robar y mi hijo va hasta allá en eso”, contó mientras señalaba una improvisada balsa, hecha con un pedazo de madera y algunos bidones vacíos.

“Está creciendo más que la otra vez, tendríamos que meternos y subir más la heladera y la tele”, comentaba la mujer mientras medía la crecida con el nivel de la calle.

De distintas orillas del río, la sorpresa y el pesar de los afectados es el mismo y la frase se repite en cada casa, “no nos dio tiempo a nada, en 15 minutos había subido más de un metro”.

 

El dato 

A la situación crítica de tener el agua dentro de sus casas, ayer se sumó la impaciencia y el enojo por la falta de víveres. Fueron los Bomberos Voluntarios los que recibieron el malestar de los vecinos que pedían leche para los chicos y comida.

 

 

Robos y bichos 

Gran parte de la gente que sufrió la crecida del río Luján decidió quedarse en sus casas o dejar a alguien cuidando sus pertenencias, aunque las autoridades les prometieron coordinar con la policía el refuerzo de la vigilancia. Pero a los amigos de lo ajeno, no los para ni el agua y fueron varios los vecinos que denunciaron robos en distintos barrios. Pero además de los ladrones, con el agua comenzaron a aparecer otros enemigos y flotando entre las calles se ven víboras de distintos tamaños y toda clase de insectos.

 

Caos de tránsito 

Gran caos vehicular ocasionó la crecida del río en la zona de Manzanares donde se anegó la salida. Por la tarde, la autovía Pilar-Pergamino solo tuvo un carril habilitado por precaución. El agua, al igual que en los barrios avanzaba rápidamente y no descartaban que en su pico máximo pudiera ocupar en su totalidad, la mano en sentido a Capital Federal. Los vehículos que salían de Manzanares, debían ir hasta Fátima para retomar, ya que la subida estaba anegada por el agua. Muchos eligieron ingresar al parque Industrial y salir por la calle El Petrel, también amenazada por el río.

 

Nos queda reacomodarnos, descontaminar el espacio donde dormimos, comemos y juegan los hijos. El olor es terrible, el agua trajo todo tipo de mugre.  

JOANA LANCHE, VECINA DEL BARRIO VILLA VERDE.

 

15

Minutos es lo que tardó el agua en avanzar sobre las casas en el barrio Carabassa. Los testimonios de los vecinos coinciden en lo sorpresiva que fue la creciente del lunes por la noche.

 

SUBSIDIO

El titular de la ANSES, Diego Bossio, anunció que el Gobierno nacional destinará subsidios para los afectados por el temporal y que “las beneficiarias de la Asignación Universal por Hijo cobrarán 1.288 pesos por tres meses”. Los jubilados accederán a un monto de 6.463, en dos tramos, en noviembre y diciembre. También serán beneficiados “los chicos de Progresar que cobrarán el doble por tres meses”.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar