El río Luján alcanzó ayer niveles de crecimiento que hacía más de 20 años que no tenía y dejó cientos de casas bajo el agua. Vecinos de barrios que no están acostumbrados a pasar por esta situación tienen sus viviendas invadidas por el desborde del río.
La asistencia a los afectados parece no alcanzar y en muchos casos la crecida no les dio tiempo a retirar las pertenencias de sus hogares, por lo que perdieron casi todo. Barrios como Manantial, Luchetti de Manzanares, Barrio Nuevo, fueron alcanzados por el agua, cosa que no pasaba desde el año 1985, cuando la inundación se subió a la ruta 8. Ayer el río ya ocupaba apenas la banquina de la autovía y anegó el ingreso a Manzanares.
En tanto, pese a no estar inundados hay cientos de casas sin servicio eléctrico. La Universidad del Salvador suspendió sus clases al ver que el río ya había llegado al estacionamiento.
Lo peor es que el Servicio Meteorológico anunció sudestada y lluvias hasta mañana, mientras se espera que el agua que baje desde Luján, haga crecer el río aún más.
En tanto, los vecinos ya habituados a las inundaciones, como los de los barrios Río Luján, Agustoni y La Lomita, viven una de las crecidas más grandes de los últimos años. También se inundaron el barrio privado La Quebrada y el country Carmel.
Incrédulos y shockeados por la situación que están viviendo, varias familias jóvenes que se instalaron en el barrio Manantial, ubicado a unos mil metros del río Luján, ayer sacaban sus pertenencias en camiones del Municipio que llegaron junto a los bomberos y Defensa Civil (DC) local y bonaerense.
“Llegamos a sacar la heladera, cocina y algo de ropa, aunque los electrodomésticos ya se mojaron. Esperemos que aún funcionen o habremos perdido todo”, dijo Roberto a El Diario, mientras volvía a meterse en el agua para regresar a su casa.
Pese a que en unas seis manzanas el agua llegaba a la ventana de las viviendas, los propietarios se negaron a salir, argumentando el miedo a que les roben lo poco que les quedó tras la inundación.
“No hay luz, no hay agua potable, ni tienen en qué cocinarse, así que estamos intentando llegar con las provisiones”, explicaron desde DC, que junto a bomberos de Pilar, San Fernando, Zárate y militantes zuccaristas y molinistas, daban asistencia en el barrio.
Miles de personas con el agua en sus casas por la crecida
Mientras la asistencia llegaba por el lado de la autovía, frente a la firma Molinos, la cancha de fútbol y las calles ya eran un río. Allí los vecinos observaban cómo un bote de grandes dimensiones sacaba gente de las casas. El lanchón pertenece a la empresa a cargo del dragado del río Luján y los mismos operarios comenzaron a asistir a los vecinos desde el jueves a la noche.
“Sacamos a mucha gente, las casas tienen más de un metro y medio de agua”, contó Guillermo, que agregó: “nos pusimos a dar una mano al ver que nadie los ayudaba, el Municipio vino y ofreció camiones y colectivos para llevarlos al refugio, pero no tienen botes”, exclamó asombrado.
Allí Carlos, uno de los vecinos afectados señaló: “anoche empezó a crecer y cuando quisimos acordar el agua ya nos llegaba a la cintura” y agregó, mientras bajaba un bolso con ropa de la barcaza: “esto nunca nos había pasado, siempre vemos que el agua llega hasta allá (señalando hacia el frigorífico Amancay) y ésta vez nos sorprendió”.
El Diario siguió recorriendo la zona afectada y llegó hasta el Barrio Nuevo, ubicado entre la vía del Ferrocarril San Martín y Estancias del Pilar. Allí unas 40 viviendas estaban sumergidas literalmente.
“Anoche se empezó a ver cómo el agua iba subiendo, pero a la madrugada despertamos con la casa llena de agua, saqué a mi familia y cuando intenté rescatar algunas cosas, ya me llegaba al pecho”, relató Fabricio, mientras revisaba su automóvil que lo había dejado en la esquina, donde el agua no llegó y fue lo único que no perdió.
Cerca de las 18, el camino interno de Estancias del Pilar, la única salida no anegada que quedaba en el barrio Carabassa, comenzaba a cerrarse por el agua que invadía el asfalto. Avanzaba de ambas partes y la Escuela 3 fue una de las víctimas, al quedar bajo un metro de agua. Docentes y auxiliares debieron sacar materiales, heladeras y monitores, entre otras cosas para que no se perdieran.
A metros de la escuela, el centro de recuperación de adicciones, Vencer para Vivir, tuvo que ser evacuado también invadido en su totalidad por el río.
Unos 60 internos fueron derivados a un centro de General Rodríguez, según contó Ariel, uno de los jóvenes que se quedó para cuidar el lugar junto a otros dos compañeros.
Detrás del centro de recuperación, al menos tres hombres intentaban rescatar unos caballos que estaban en una caballeriza, que no fue la excepción y el agua ya tapaba las patas de los animales.
Mientras que en el barrio Río Luján, la gente se autoevacuó, pero tampoco quería alejarse de sus viviendas que estaban bajo el agua: “tengo un almacén y el agua me dio vuelta el freezer, la heladera, perdí más de la mitad de la mercadería”, contó resignado Salvador, que con sus 4 hijos de entre 8 y 2 años, su mujer y otros vecinos, buscaban donde pasar la noche en el barrio.
En medio del agua y lo que significa ver sus pertenencias flotar, los insectos y víboras que el río arrastró hacia las viviendas hacían más desesperante la situación.
Reservorios
El gobernador bonaerense Daniel Scioli, anunció ayer que analizan construir reservorios para impedir las contínuas crecidas del río Luján.
183
Son las personas que se encuentran en el centro de evacuados del Municipio. Pero el número de afectados supera ampliamente los 1.500, pero la mayoría se autoevacuó o prefirió quedarse en sus casas por miedo a los robos.
VECINOS
Reclamo por la asistencia
Una vecina del barrio Manantial que sufrió la inundación de su casa a raíz de la crecida del río Luján, aseguró: “nadie vino a ayudarnos a pesar de que llamamos a Defensa Civil”.
Jesica, la joven que aseguró que tuvo que abandonar su vivienda para resguardar a sus dos hijos pequeños, remarcó que su marido debió quedarse por miedo a los robos.
“Es un esfuerzo enorme el que hicimos para tener nuestras cosas y que nos pase esto nos causa mucha impotencia”, señaló, y agregó: “si no fuese por los vecinos y familiares que nos ayudaron a sacar las cosas, hubiésemos perdido todo”.
“A las 3 de la mañana me llamaron de Defensa Civil para preguntarme si necesitábamos ayuda”, contó ironizando Jesica, que agregó: “los estábamos llamando desde temprano y no apareció nadie y quería que le dijera si había evacuados”.
La joven contó a FM Plaza (92.1 Mhz), que en febrero último el río había crecido y llegó hasta el patio, pero esta vez “el agua me llega a las rodillas”, aseguró.
Los reclamos también apuntaron a la inseguridad en medio de la inundación: “a un vecino hasta terneros le robaron y la policía por acá
ni pasa”, lanzó Jesica.