ver más

Conflictos vecinales: el enemigo del otro lado de la medianera

Desde insólitas hasta graves, las disputas enfrentan familias, quiebran amistades y alteran la vida cotidiana. En Mediación Comunitaria se registran 20 casos por mes. Advierten que cada vez son más violentos.
22 de julio de 2012 - 00:00

 

por Celeste Lafourcade  c.lafourcade@pilaradiario.com

 

Fuente de inspiración de guiones cinematográficos, series televisivas y obras literarias, por complejas o entrañables, las relaciones entre vecinos tienen mucho para contar. Mascotas, árboles, límites y ruidos molestos pueden convertir al vecino en el enemigo más cercano.

Muchos de los problemas de la convivencia recaen en el área de Mediación Comunitaria donde reciben alrededor de 20 casos mensuales vinculados con conflictos vecinales.

La misma cercanía física que en muchos casos puede generar un vínculo más sólido del que se construye incluso dentro de la propia familia, puede ser -con la misma intensidad- un problema inabordable.

“Los conflictos vecinales tienen una importancia significativa para la vida de las personas a pesar de que económicamente no se discuten grandes valores”, afirmó a Mirta González, coordinadora del área de Mediación Comunitaria en diálogo con El Diario. “Empieza siendo un perro que ladra mucho –agregó- pero terminan con que el vecino que no me escucha, o no le importa lo que me pasa a mi”.

Así, la imagen de aquel vecino simpático que se acercaba pidiendo una taza de café puede desdibujarse hasta convertirse en el peor de nuestros adversarios. “Como en la familia o en la pareja, el reclamo de ‘con todo lo que yo te brindé’ se escucha también entre vecinos”, explicó la mediadora.

Desde el área se reciben las inquietudes de uno de los involucrados y desde allí se cita a la otra parte que, en caso de acceder, mantiene una charla con las mediadoras. Dicho encuentro desemboca, siempre que ambos estén dispuestos, en una mediación que en el mejor de lo casos termina con un acuerdo firmado y voluntario de cooperación mutua entre las partes, aunque sin trascendencia legal.

Cuestiones vinculadas a ruidos molestos, árboles invasivos, mascotas, medianeras y malos olores son las más frecuentes cuando de enfrentamientos entre vecinos se trata.

 

Buenos vecinos

“¿Así que mi vecino me denunció? ¿Saben lo que yo tengo para decir de él?” es una de las introducciones que se escuchan con más frecuencia durante las entrevistas. El pase de facturas, los trapitos al sol y el arte de las mediadoras para hacer de los encuentros algo productivo, son moneda corriente en Mediación.

“Uno le explica que no es una denuncia, que este ámbito es el adecuado para hablar y que no se busca castigar al otro sino solucionar el problema”, aclaró González.

Según la profesional, en algunos casos “la negativa es muy fuerte nos dicen que ya no quieren hacerse más problema, cuando salen miran para otro lado y listo, y a veces  trasciende la cuestión vecinal y empieza a ser una cuestión familiar porque uno se lleva bien y el otro no, y no se ponen ambos de acuerdo en el problema con el vecino”.

Así, en la búsqueda de soluciones las especialistas apelan a un pasado mejor: “le preguntamos cómo se llevaban antes y sabiendo que han podido construir otra relación le hacemos recordar los buenos momentos para sacar un poco el enojo”. Y también a la importancia de poder contar con un vecino en momentos extremos, como urgencias de salud o cuestiones vinculadas a la inseguridad.

Utilizando herramientas de comunicación, en las mediaciones “es importante poder leer lo gestual, qué es lo que produce el efecto de cambio en las personas, siempre hay algún momento de quiebre en la discusión”.

Las soluciones llegan muchas veces de la mano de un simple pedido de disculpas y como apuntó González  “tratamos de que sean colaborativas. Que no sea uno el que está dando todo y el otro no hace nada porque atrás de eso va a parecer otra queja como revancha”.

 

 

En los últimos tiempos
Amenazas y violencia, en crecimiento

Por lo que le aporta su experiencia, González asegura que “hoy en día es difícil ponerse en el lugar del otro”, es por esto que “una de las primeras cosas que uno pauta es que en el diálogo hay que escuchar al otro”.

En la dirección se atienden unos 60 casos por mes, de los cuales entre un 30 y un 40% son conflictos vecinales. Y según la profesional, en el último año se viene dando un fenómeno particular: “los conflictos con amenazas y violencia han ido creciendo, y ante una cosa que no reviste una gravedad tan grande la reacción no condice con eso. Cuando hay agresiones uno evalúa si ha sido una cuestión puntual o no”.

Para la mediadora, “existen cuestiones agravadas por las adicciones al alcohol o a las drogas”. En esos casos, “vemos hasta qué punto es una cuestión mediable y las cuestiones de violencia tratamos de derivarlas, si se trata de cuestiones familiares, a la dirección de Niñez Adolescencia y Familia”.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar