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Por falta de espacio, vecinos cursan sus estudios en una “casa-escuela”

Medio centenar de adultos completan su secundario en una vivienda particular. Solicitan que los dejen asistir a la Escuela 40.
14 de junio de 2012 - 00:00

por Alejandro Lafourcade

a.lafourcade@pilaradiario.com

 

Una carpeta sobre una mesa, la cocina a dos pasos, una habitación que sirve de oficina… En el barrio San Alejo, casi medio centenar de adultos cursan sus estudios secundarios vespertinos en una casa particular, debido a que al plan que los agrupa aún no se le ha conseguido una sede con más espacio.

Se trata de 48 alumnos inscriptos en el Plan de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios (FinES), programa nacional destinado a adultos con estudios inconclusos. Como no tienen aún un espacio físico asignado, deben cursar en una casa particular, una de las viviendas sociales del plan federal inauguradas en 2010. De seguro, el objetivo original de su construcción no fue el de convertirla en escuela, pero las ganas de estudiar pudieron más.

En la casa, ubicada en la calle Ensenada al 500, están funcionando dos comisiones, que cursan dos veces a la semana cada una. Además, a partir de agosto se abrirá la Primaria para mayores y se reinicia la inscripción para el Secundario. La vivienda es cedida por doña Catalina, una vecina no vidente que no tuvo reparos en facilitar su pequeña sala de estar.

Andrea Rohr, coordinadora del programa FinEs en San Alejo, fue quien hizo las gestiones para que llegara al barrio el plan nacional destinado a que los adultos terminen la escuela. La vecina señaló a El Diario que “necesitamos un espacio físico en la zona de San Alejo. Con otro espacio abarcaríamos a más gente, porque hay muchos interesados en sumarse al programa, pero no pueden porque no hay lugar para meter a tantas personas”.

FinEs llegó a San Alejo este año gracias a la iniciativa de Andrea: “Antes funcionaba para cooperativas, pero nosotros no lo somos, sólo somos un grupo de vecinos que quiere terminar el Secundario”. La mujer es vecina del barrio y su trabajo es ad honorem. En cambio “los docentes son pagos, se eligieron mediante acto público en Pilar y así fueron designados”.

En este momento hay medio centenar de personas cursando –divididas en las dos comisiones antes mencionadas-, “y podrían ser 70, pero no da la estructura para seguir inscribiendo a más gente. La demanda existe, es real”.

 

Mudanza

La mujer expresó que “nuestro objetivo es poder trasladarnos a la Escuela 40 del barrio Agustoni, que queda a unas cinco cuadras y es la más cerca que tenemos”. Sobre esto, agregó que en Pilar “hay 35 sedes de FinEs y alrededor de 13 funcionan a la noche en escuelas públicas, trámite que se hace por medio de la inspectora de Nación, con la que nos juntamos una vez por semana”.

A su vez, comentó que en casos similares “se hace un acta de escuela compartida y listo, no hay muchas vueltas. Es más voluntad que otra cosa, pero a veces hay burocracia…”. Por eso, indicó que “todavía no nos prometieron ninguna fecha, todo se está gestionando y estamos a la espera para ver qué es lo que pasa. Una de las profesoras que tenemos lo está haciendo, con el aval de la inspectora de Nación, que puso a disposición su sello y firma para poder tener un espacio”.

Rohr agregó: “O sea, que no hay inconvenientes en particular, la traba es la burocracia, hasta que nos puedan habilitar el servicio a la noche de la Escuela 40”.

La profesora que está tramitando la llegada a la escuela es Moira Galeano.

Cabe aclarar que el objetivo del plan nacional es que la gente pueda completar sus estudios secundarios. Para ello, no es necesario que deban cursar en una escuela propiamente dicha. De hecho, en el distrito, hay grupos que cursan en el Hospital Sanguinetti (para sus empleados), en sociedades de fomento y hasta en una fábrica.


Entre shoppings y colectivos 

Las falencias y necesidades del sistema educativo han obligado a los funcionarios, directivos y maestros a agudizar el ingenio para poder seguir educando en condiciones normales y de las otras. Por ejemplo, se recuerda el caso emblemático de la “escuela-shopping” del barrio de Once, que compartía aulas y locales por igual.

En Pilar, durante un tiempo funcionó la “escuela-colectivo”, que transportaba a algunos alumnos desde la Técnica 1 hasta la Escuela 42 del barrio El Bosque, mientras se refaccionaba el edificio de la calle Tucumán. Ahora, la “casa-escuela” ha llegado para engrosar la lista de curiosidades.

 

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