Bloquean con portón y alambrado una calle pública en Los Mirasoles
Un portón bloquea el paso por Chillán. Los vecinos denuncian que es ilegal.
Las calles del barrio Los Mirasoles de Pilar se presentaban tranquilas ayer por la tarde. Pero algunas esquinas también funcionaban como trampas que ocasionaban callejones sin salida, barreras físicas colocadas con el consenso de los vecinos de aquella zona con la intención de, según el concepto que manejan algunos habitantes del lugar, hacerle las cosas más complicadas a los delincuentes e impedir la libre circulación por las arterias internas de aquella urbanización que, en teoría, debería ser abierta.
Porque de manera arbitraria, de acuerdo al relato de personas que habitan en barrios aledaños, en las últimas semanas se procedió a bloquear de manera total, con un portón que permanece cerrado con cadenas y candados y luego con un cerco perimetral de alambre, la calle Chillán entre Chubut y Potosí.
Ese hecho controvertido genera, por ejemplo, que muchas personas que habitualmente utilizan Chillán para atravesar Los Mirasoles y concurrir a trabajar al country Mayling -cuyo acceso principal se encuentra a metros del “cerco ilegal”- deban desviarse unos 800 metros para poder llegar a destino como consecuencia de la premeditada obstrucción de la calle pública que dejó de serlo.
El paisaje de Los Mirasoles se caracteriza por propiedades con grandes extensiones de terreno y de importantes valuaciones, que son utilizadas como viviendas permanentes y también como residencias de fin de semana. En el barrio también existen algunas garitas de vigilancia que en la tarde de ayer se encontraban deshabitadas.
Pero ese no es el único cerco que cercena la libertad de transitar por Los Mirasoles. Porque también en la calle La Florida entre Charcas y La Colectora Este de la Panamericana, y en Charcas entre La Florida y Pichincha existen portones que permanecen abiertos durante el día y se cierran por las noches.
Cambio de paisaje
“Chillán es una calle muy transitada porque cruza todo el barrio Los Mirasoles y desemboca en el Mayling. Yo vivo en Pichincha y Tacuarí y para llegar al country a trabajar ahora tengo que ir por Chillán y 100 metros antes de la entrada al Mailing desviarme 400 metros hasta Charcas para recién salir a Chubut y volver otra vez esos 400 metros. Lo mismo tiene que hacer una ambulancia que necesite pasar por allí o un camión de bomberos; es un peligro total”, manifestó indignada Teresa, una vecina de un sector del barrio donde las viviendas adoptan una fisonomía más humilde.
El bloqueo afecta además a trabajadores del country Village ubicado sobre la calle Chubut y de algunos comercios que se extienden a lo largo de esa misma arteria entre la Panamericana y la ruta 25.
Discriminatorio
Por su parte, otra mujer también manifestó su queja frente a la obstrucción de la calle pública debido a que señaló que “yo voy a trabajar 3 veces por día al country y cada una de esas veces tengo que caminar 8 cuadras de más porque a alguien se le ocurrió cerrar una calle que es de todos. Esto nos perjudica muchísimo”, señaló.
Para tratar de encontrar una explicación a la medida que califican como “arbitraria” y “discriminatoria”, y exigir que se revierta, los vecinos damnificados presentaron una carta en el Municipio dirigida al intendente municipal Humberto Zúccaro. A través del escrito, solicitan concretamente la inmediata reapertura de la calle bloqueada.
“No puede ser que para preservar supuestamente la seguridad de unos pocos vecinos se nos impida a todo el resto de los habitantes del Partido de Pilar la circulación por una calle pública; eso es insólito e inaceptable”, opinó Matías, un conductor que circulaba ayer por la tarde por Chubut con su auto en dirección hacia la ruta 25, dobló a la izquierda por Chillán para ingresar a Los Mirasoles y, a los pocos metros, se encontró con la desagradable sorpresa del cerco que lo obligó a retroceder para retomar Chubut y luego Charcas.
Enfoque
Ciudad de alambre y cemento
por Diego Schejtman
d.schejtman@pilaradiario
La irrupción masiva de los complejos habitacionales cerrados dejó en Pilar varias marcas indelebles, no todas ellas virtuosas. Una de las más negativas fue la interrupción de la trama vial del distrito con cercos, alambrados y, últimamente, con paredones de concreto, prohibidos por la ley. Enormes extensiones de territorio privatizado, arrebatado al crecimiento armónico de las localidades.
Esto se profundizó en la última década con un festival de venta de calles públicas a urbanizaciones cerradas. Incluso de algunas arterias imprescindibles para el desarrollo urbano público.
El surgimiento de alambrados que cierran también los barrios abiertos no hace más que agravar la situación. Con la excusa todo terreno de la inseguridad se esconde, en muchos casos, la pretensión de un negocio inmobiliario.
El ojo del Estado municipal no puede estar ausente para ver la situación ni su mano para remediarla. De lo contrario, no habrá planificación estratégica posible por afuera del discurso bienintencionado.