Circuito sin TACC: el comercio para celíacos se afianza en Pilar

La difusión de la celiaquía se traslada a supermercados, casas de productos naturistas y restaurantes. Sin embargo, los que padecen la enfermedad aseguran que todavía queda mucho por hacer.
6 de mayo de 2011 - 00:00

 

“Vivir naturalmente”, en Lorenzo López, se especializa en comida apta.

 

El mejor de sus días en muchos años celebraron los celíacos ayer, después de que se reglamentara la ley nacional que les otorga importantes beneficios tanto en el tratamiento como en el acceso a alimentos. En Pilar, lentamente el circuito comercial para celíacos se está abriendo con la aparición de locales especializados. No obstante, las opciones siguen siendo limitadas sobre todo en restaurantes y hoteles.

TACC es, probablemente, una de las primeras palabras que aprende un celíaco al tomar conciencia de su condición. Esas siglas que indican que un alimento es libre de harinas de Trigo, Avena, Cebada y Centeno –y por lo tanto apto para su consumo- abren la puerta a un mundo hasta entonces desconocido y a primera vista lo suficientemente hostil para asustar a cualquiera.

Hace tan sólo siete meses que en Pilar funciona un comercio dedicado a la venta de productos para celíacos. Desde harinas, polenta, pan rallado y puré de papas disecado, hasta productos elaborados como galletitas, chorizos, pollo rebozado, bizcochuelos y postres.

Como sucede en la gran mayoría de emprendimientos dedicados a quienes padecen esta enfermedad, sus dueñas son celíacas. Cintia Martell y Marcela Chazarreta son las responsables de “Vivir Naturalmente” (Lorenzo López casi Ituzaingó) y desde allí se animan a asegurar que “todos los días nos llega un celíaco nuevo y todos llegan en las mismas condiciones, no saben qué comer”.

De acuerdo a su propia experiencia, Martell afirmó a El Diario que “al principio parece terrible pero después existe reemplazo para todo”.

Aunque reconoció que en la mayoría de los productos debe pagarse “hasta dos veces y media más” que por el mismo alimento no apto para celíacos. Y a veces el aumento puede llegar a ser incluso superior.

Si 500 gramos de fideos cuestan alrededor de 5 pesos en el supermercado, la misma cantidad de aquellos libres de TACC cuestan 18 pesos.

Para Karina Manzano, la noticia de que ella y sus cuatro hijos son celíacos produjo un desbalance en la economía familiar. Con tres bolsas de productos por las que en un supermercado no pagaría más de 100 pesos, abonó 296. “Se gasta el doble o más, en cada compra general se gastan 600 pesos y en mi casa no dura más de 15 días”, explicó.

 

Enfermedad ignorada

La celiaquía es una enfermedad caracterizada por una inflamación crónica del intestino delgado, causada por la exposición a la gliadina presente en el trigo, la cebada, el centeno, y la avena. Esta intolerancia produce una lesión en la mucosa intestinal, generando inflamación, irritación y además, una deficiente absorción de los nutrientes de los alimentos.

Se estima que en la Argentina hay 400 mil celíacos, pero sólo uno de cada ocho lo sabe. Sucede que en muchos casos la detección de la enfermedad tardó años, algo que la nueva ley se propone revertir con su incorporación en el Plan Médico Obligatorio, así como el otorgamiento de subsidios de 600 pesos para personas sin obras sociales a fin de que puedan acceder a los alimentos.

 

Al día

“Lo importante es que los celíacos salgan a la luz”, destacó la nutricionista María del Carmen Cosentino, para agregar que en los últimos años “hay mucha más difusión y asociaciones de celíacos que realizan campañas masivas”.

Esta mayor información no sólo ayudó a que muchos más pacientes tomaran conocimiento de su enfermedad, sino que también se trasladó a las góndolas de los supermercados y a los locales de venta de productos naturistas que de a poco fueron incorporando estos alimentos.

Según la profesional, “los médicos y nutricionistas estamos totalmente al día con la enfermedad, los pacientes por su parte aprenden a leer los productos, pero sigue faltando un eslabón, el del momento de la compra del alimento”.

En este sentido, ejemplificó: “muchos pacientes van a una heladería y preguntan si son aptos para celíacos y los empleados no se lo saben decir”.

 

Incomodidades

Aunque profesionales y celíacos coinciden en que la enfermedad no es tan limitante como parece a simple vista, reconocen que son los adultos los que peor llevan el trabajo de leer la letra chica de los productos

“Un chico tiene la mente más abierta, le explicás lo que puede comer y lo entiende, pero para un adulto que toda su vida comió harina es más complicado”, indicó Cosentino.

La “contaminación cruzada” es otro de los conceptos que un celíaco recibe casi al momento de ser diagnosticada la enfermedad. Esto se refiere a la contaminación por harina de trigo presente en una cocina –que hasta puede resultar imperceptible para el cocinero- y que puede pasar a un plato aparentemente sin harina, situación que exige especiales cuidados a la hora de ponerse manos a la obra.

Ahora bien, la principal complicación se presenta al salir a comer afuera, dado que productos tan aparentemente inocuos como una salsa o el chocolate (incluso los caramelos) pueden contener harinas espesantes.

En Pilar hay dos restaurantes que incluyen en su menú comida para celíacos. Por un lado Tinto & Soda, ubicado en el Shopping Torres del Sol y por otro Fettucine Mario en el centro de Pilar. A su vez, la heladería Bom que Bom cuenta con ciertos gustos especiales para quienes padecen la enfermedad

“Salir a comer afuera es una complicación –objetó Martell-, sobre todo cuando te vas de vacaciones, eso debería empezar a cambiar y todos los restaurantes deberían incluir menúes para celíacos”.


Un golpe al bolsillo

Fideos 500 grs.: entre $12 y $18

Galletitas 200 grs.: $12

Harina 500 grs.: entre $8 y $12

Pan rallado: $13,50

Harina para pizza: $18

Prepizzas: $24

Bocaditos de pollo rebozados: $25

 

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