El barrio La Escondida, entre el crecimiento y el abandono

En la última década, su población pasó de 60 a 400 familias. Pero las calles aún son huellones intransitables  y  oscuros. El comedor tuvo que cerrar por falta de ayuda. El Municipio prometió mejoras.

19 de mayo de 2011 - 00:00

 

Karina Tolosa y Graciela Galeano en la cocina del comedor que sigue cerrado.

 

por Alejandro Benedetti

 

Al camión sanitario de la Municipalidad no le será fácil llegar al barrio La Escondida, de Derqui, para atender a tantas personas que lo esperan desde hace mucho. Las calles siguen siendo aberturas medievales que  con la lluvia impiden el ingreso.

Espaciadas luces mortecinas apenas alumbran a los que parten o retornan de sus changas. Muy poco, casi nada, cambió desde que 12 años atrás El Diario pusiera luz en el barrio más postergado de Presidente Derqui y, tal vez, de todo el distrito. La única gran diferencia es que si otrora eran apenas 60 casas, hoy son 400.

En aquel entonces un grupo de mujeres cocinaba para unos 30 chicos en una precaria casa de madera y ese fue el origen de lo que luego sería el comedor comunitario “Los Niños de La Escondida”.

Con donaciones y aportes municipales se levantó una construcción que se inauguró en 2004 para alimentar ya a unas 60 personas entre chicos, abuelos y madres adolescentes o solteras. Luego la Municipalidad sumó una asistencia sanitaria mensual, imprescindible para esa población en crecimiento y muy lejana del centro sanitario del barrio Toro.

 

En problemas

En pocos años más la principal referente de las mujeres solidarias del comedor, Karina Tolosa, gestionó un subsidio bonaerense y así se sumaron chicos necesitados de un almuerzo y una merienda.

Pero desde hace más de dos años el servicio médico de la Comuna se cortó, y para colmo de males el comedor debió cerrar porque en La Plata hubo 50 días de medidas de fuerza en la cartera de Desarrollo Humano y Acción Social.

“El cheque para la comida no nos llegó más y recién llegaría al banco esta semana porque se levantó la huelga el lunes”, explica Karina sobre el obligado cierre. Los recursos sólo alcanzan para alimentos básicos , mientras que el gas envasado, la leche, el té y el pan para la merienda, más los insumos, salen de muy escasos donantes. Es que este año las personas que iban eran 140, entre chicos, abuelos y mujeres. “Casi todos son alumnos de la Escuela 30, y varios tuvieron problemas para aprender porque comían sólo de noche y en su casa”, agrega Graciela Galeano, otra de las mujeres que desde hace años trabaja allí gratuitamente.

Ante ese cuadro Tolosa no dudó en recurrir a la Subsecretaría de Acción Social de la Municipalidad, “pero lo que nos daban era muy poco, encima debíamos pagar un flete, y no podíamos”, recordó.

En consecuencia, y ante sin ninguna ayuda, los numerosos padres fueron informados de la mala nueva: cerrar el comedor. Y sólo si esta semana llega el cheque –que corresponde recién a marzo-  sus puertas se reabrirán en horas.

 

Éxodo

Los numerosos hornos de ladrillos ya no están, y el 80 por ciento de los peones del barrio fueron empujados a buscar changas en todo el distrito. Pese a eso muchos chicos eran bien contenidos en el comedor y cuidados en su salud. Un grupo de médicos iba una vez por mes con vacunas, remedios, insumos y hasta equipos para determinados estudios. Pero el renovado abandono de la delegación municipal derquina hacia La Escondida generó que los profesionales de la salud dejaran de ir.

Es que llegaban en sus propios vehículos y, luego de romper el tren delantero o quedarse en medio del barro y bajo la lluvia varias veces, desistieron.

“Ponían la mejor onda porque no tenían una movilidad del municipio”, recuerda Karina. A resultas, la única alternativa para los enfermos es la sala sanitaria del barrio Toro, ubicada a casi 3 kilómetros. Y que no haya un problema de salud de noche, porque no circulan colectivos, y muy pocos remiseros se animan a llegar por la inseguridad.

Pese a eso, la Secretaría de Salud de la Municipalidad aportará un bálsamo: cada 15 días llegará el camión sanitario a La Escondida. “Le pedimos por favor una solución, y nos aseguró que el camión vendrá mañana (por hoy) y después dos veces por mes, pero además nos dio tres turnos libres en la salita de Toro”, dice Karina sobre la consideración de Pablo Atchabaián para las mujeres que debían caminar de madrugada con sus chicos para ser atendidas antes de que se terminaran los turnos. Finalmente, la mujer obtuvo otra promesa muy importante, y a corto plazo, del delegado Eduardo Mancini: le aseguró un nuevo entoscado y su mantenimiento.

“Las calles están destruidas, los pocos que tienen un autito viejo lo rompen enseguida, y cuando llueve se empantanan, hace años que la delegación no hace algo por mejorarlas”, señala Graciela Galeano.

 

Para ayudar  

Si bien se confía en reabrir el comedor, eso no evita el gran problema de no contar con la leche necesaria. Sobre la comida se considera dar de almorzar sólo tres veces por semana porque los alimentos son insuficientes. En cuanto a la merienda, como 12 años atrás, Karina Tolosa, debe recurrir a la solidaridad: “El que pueda que nos acerque leche en polvo, tenemos otros 120 chicos en espera para una simple merienda, y con el subsidio no nos alcanza”. Quienes deseen solidarizarse con cajas de leche en polvo pueden llamar a estos números: 485206 (comedor) / (011) 15-3285-2521 (Karina) / (011) 15- 3132-9983 (Graciela).  

 

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