Con poca marca y buen precio, la ropa hace repuntar al centro
Estar en los detalles. Los comerciantes cuidan la ambientación de sus locales para hacerlos más atractivos.
por Celeste Lafourcade
Desmintiendo los malos augurios que sobrevuelan cada vez que un nuevo shopping amenaza con desembarcar en el distrito, el centro de Pilar vive en la actualidad una explosión comercial inédita en lo que a comercios de indumentaria se refiere. Locales pequeños, con una estética cuidada y orientados a la mujer, se multiplicaron a partir del último semestre del año pasado.
“20% de descuento por inauguración”, podía leerse hasta hace una semana en “Rudha”, uno de los locales más grandes que abrió sus puertas hace menos de un mes en la esquina de Ituzaingó y Lorenzo López. Cómo en este caso, tantos otros comerciantes se juegan su suerte apostando a un centro tan aparentemente próspero como inestable, con sus picos, sus rachas, y un perfil que fue mutando con los años.
Precisamente, si de calles se trata, es Ituzaingó la opción más fuerte después de la superpoblada Rivadavia. Desde mediados del año pasado a esta parte, desde Tucumán hasta Fermín Gamboa al menos seis nuevos locales de indumentaria se inauguraron en esa arteria.
La máxima concentración de locales sobre la mencionada calle –o a escasos metros de ella- tiene lugar entre Bolívar e Independencia. Y la apertura de la galería en la esquina con Lorenzo López lleva las de ganar en cuanto a inauguraciones.
La oferta es diversa y está acomodada para todos los gustos, edades y bolsillos. Desde negocios de estilo “saladitas” a boutiques ambientadas con esmero que no desentonarían, por ejemplo, en Palermo Soho.
El secreto
Aplicando la ley del ensayo-error, los comercios del centro de Pilar que se acercaron más o menos a la fórmula para la subsitencia, fueron –en su mayoría- mutando su propuesta de acuerdo a la demanda del público.
Ese fue el método que le permitió a Eduardo de “Ciguapa’s” (Lorenzo López entre Vergani e Ituzaingó) permanecer desde hace dos años. “Fuimos cambiando de rubro, empezamos con ropa de marca y ahora estamos con talles especiales que tiene más salida”, contó a El Diario.
Lo de Miriam fue, en cambio, más drástico. Después de años de tener una heladería en Ituzaingó y Fermín Gamboa, decidió apostar a la indumentaria, en busca de un negocio “que no sea tan estacional, que pueda vender todo el año”. Esta semana abrió las puertas de “Tauro” desde donde busca tentar al público femenino, con indumentaria y accesorios.
Para varias casas de accesorios el secreto estuvo en la incorporación de indumentaria, mientras que a la inversa, varios negocios de ropa optaron por apostar más a los aros, pulseras y pañuelos, como el caso de Mil veces no debo (Ituzaingó casi esquina Bolívar), dentro de la nueva ola de locales, uno de los más antiguos con 5 años de permanencia.
Los precios son otro ingrediente importante en la fórmula de la continuidad. “Calidad no busca nadie, la gente entra buscando precios”, aseguró Cecilia, del negocio recién citado. Para agregar que “en mi caso, la diferencia la hago con la originalidad que es lo que busca el público adolescente con el que trabajo”.
El centro logró su posicionamiento alejándose de las grandes marcas, que sí encuentran su lugar en los shoppings. Originalidad sin etiquetas, es decir, al alcance de un trabajador medio que no está dispuesto a gastarse más de la mitad de su sueldo en una sola prenda.
Por último, es la ubicación del lugar la verdadera llave para conseguir resultados positivos. El flujo de gente es tan variable de acuerdo a las calles como lo son los montos de los alquileres. Es por esto que sobre Rivadavia, entre Tucumán y Fermín Gamboa, para sostener un comercio hay que pensar en cinco cifras y la suma disminuye en forma directamente proporcional a la lejanía de la plaza 12 de Octubre.
La otra cara
A diferencia de lo que en apariencia refleja la explosión comercial, un fenómeno curioso se repite entre los comerciantes. Más cautos que optimistas, todos, los que parecen haber encontrado el secreto de la permanencia y los que recién se lanzan al mercado, muestran sus reparos a la hora de vislumbrar el futuro.
“Está difícil, más cuando ponen competencia casi al lado”, afirmó Ana de “Igual a tu tía”, en Lorenzo López al 500. Y continuó: “nosotras no tenemos inversionistas y no podemos tener los precios tan bajos como los que sí los tienen, mi hermana vendió la casa para poner el negocio, tuvimos que invertir mucho para dejarlo lindo”.
“Hay mucho movimiento a la tarde, porque a la mañana pasa muy poca gente”, apuntó Natalí desde un negocio tan reciente que aún no tiene nombre, ubicado también en Ituzaingó entre Independencia y Gamboa.
Para Eduardo de “Ciguapa’s” el inconveniente está en los bolsillos. “Es difícil, tenemos que dejar muy poco margen de ganancias porque si no la gente no compra, nadie quiere pagar más de 30 pesos por una remera, pero es una contradicción si un kilo de pan sale 8 pesos”. “Hace cinco años que estoy y no todos fueron buenos, es muy variable”, añadió Cecilia.
Desde “Rudha” mostraron algo más de optimismo, y con tres semanas en Pilar, destacaron que “tuvimos buena recepción, pasa bastante gente por acá y nos dicen que faltaba ropa de calidad en Pilar”. Al lado, Daniel de “Te cola la morde” también llegó para apostar a la originalidad pero en el rubro infantil. “En Pilar no había ropa para chicos que sea original y a buen precio, y aposté a este lugar porque hay buen tránsito de gente”.
No obstante, pese al panorama incierto que ilustran los comerciantes, resulta llamativo por qué tantos siguen apostando al centro. A la hora de analizar el boom, las respuestas fueron coincidentes: la fantasía de que Pilar es la gallina de los huevos de oro.
“La gente piensa que es un boom y está confundida, desde el año pasado hasta ahora habrán abierto por lo menos 30 locales nuevos y muchos no sobreviven”, opinó Cecilia.
“Hay muchos que aguantan porque quieren seguir teniendo fe, porque pusieron todos sus ahorros en eso”, consideró Eduardo, para agregar que “muchos piensan que porque es Pilar es fácil mantenerse, pero no es así”.
Calculadora
Si de números se trata, los alquileres en cuadras más o menos bien ubicadas, no bajan de 2.500 pesos. Y el techo está bastante más lejos. La renta mensual de un local grande en la esquina de Ituzaingó y Lorenzo López cuesta 7.000 y en las cuadras más fuertes de Rivadavia, puede llegar a 20.000 pesos.
A esto hay que sumarle las refacciones para dejar el espacio en condiciones y los sueldos –en promedio, el salario de un empleado en blanco por 8 horas de trabajo no debería bajar de 2.400 pesos, lo que representa 3.000 para los empleadores-. Las tasas municipales, el monotributo y las expensas si las hubiera, terminan de redondear la abultada suma que explica el por qué del recambio comercial en el centro de la ciudad.
Todas las voces
Cecilia de “Mil veces no debo”: “No todos los años fueron buenos, el recambio es permanente y se nota mucho en los que van quedando que son pocos”.
Daniel de “Te cola la morde”: “El consumo existe, pero hay que darle calidad con buen precio, la gente busca originalidad sin gastar demasiado”.
Ana de “Igual a tu tía”: “Es difícil, si no tenés inversionistas no podés competir con los precios”.
Katia de “Rudha”: “La gente busca ropa original sin pagar el precio de los shoppings”.
Eduardo de “Ciguapa’s”: “Tenemos que dejar muy poco margen de ganancias porque si no la gente no compra, nadie quiere pagar más de 30 pesos por una remera, pero es una contradicción si un kilo de pan sale 8 pesos”.
Miriam de “Tauro”: “Las marcas ya no funcionan, la gente entra mirando los precios”.
