Femicidio: homicidio de las mujeres
Femicidio es el término que se utiliza hoy, y desde 1976 para denominar el homicidio evitable de las mujeres en manos de los hombres. Esta palabra es la que mejor define el acto de violencia consumado en el crimen hacia una mujer.
Lo que en la actualidad se repite es la forma que toman estos asesinatos. Mujeres quemadas con alcohol, acetona, productos altamente inflamables.
¿Por qué esta forma tan dolorosa y agonizante como es quemar viva a una mujer? Quemar es una forma de dejar una marca de por vida. La quemadura deja cicatrices que no se borran. El recuerdo del acto violento quedará marcado en la piel durante toda la vida. Este será -suponiendo una explicación- uno de los motivos por los que los hombres que ejercen actos de violencia hacia la mujer cometen esos hechos. Dejar “su marca” durante toda la vida de esa mujer. El hombre dirá: “Si no sos mía, no serás de nadie. Si me dejás, llevarás mi marca durante toda tu vida”.
Para la mujer, el horror de ser quemada y el agravante del vínculo (novio, esposo, pareja) será un largo camino de recuperación física y psíquica del hecho traumático.
Existen indicadores previos al hecho violento. Mencionaré algunos a tener en cuenta: cuando la mujer no recibe el mismo trato de su pareja que ella brinda; cuando el trato hacia ella no es cordial, ni amable; cuando se producen largos silencios de horas o días.
En la pareja el diálogo igualitario tiene que estar siempre presente. La mujer tiene derecho a ser escuchada igual que el hombre. Los monólogos masculinos son indicios de no poder escuchar a la mujer, de no ofrecerle el lugar que le corresponde en el vínculo relacional de pareja. La mujer tiene derecho a ser libre de relacionarse con quien ella elija (familiares, amigos/as, compañeros/as de trabajo, vecinos, etc). La mujer tiene derecho a administrar su tiempo en la casa y su espacio de ocio y recreación. Los celos excesivos, las críticas y descalificaciones constantes a su decir y accionar son parte del proceso de paralización hacia la mujer, que luego de años se transforma en una muy baja autoestima, en el que ella ya no cree que puedan ser importantes sus opiniones o las decisiones que toma. Cuando ha dejado todas las decisiones de la vida cotidiana a su pareja, ya no siente ser importante para nadie y empiezan a aparecer algunos signos de estado de ánimo deprimido.
La mujer tiene que animarse a pedir ayuda especializada ante la sola sospecha de que el trato no sea igualitario. Ante la confusión de sus propias ideas o ante la duda sobre sus opiniones.
La prevención empieza por animarse a hablar de estas cosas con amigas y personas de confianza, por compartir lo que pasa dentro de la casa, puertas adentro del hogar. La concientización de las formas de violencias naturalizadas por la sociedad son las de más alto riesgo. Son modelos aprendidos tras varias generaciones y la transmisión a las generaciones jóvenes.
Decir, -como aparece en canales de difusión masiva- que estos hombres padecen un trastorno antisocial de la personalidad, es equivalente a decir que son enfermos. Y las personas enfermas no son responsables de sus actos. Lo correcto es aclarar, que, si bien hay sujetos que padecen de enfermedades mentales y cometen homicidios, no es la mayoría. Muy por el contrario, en su mayoría estos hombres femicidas que ejercen la violencia en el hogar y/o asesinatos no son enfermos y son responsables ante la Justicia Penal por los actos cometidos.
Presentar estos casos ante la opinión publica en medios masivos de comunicación como alguien que padece una enfermedad es perpetuar la impunidad con la que los hombres asesinan a las mujeres, sin, en definitiva, responsabilizarlos por sus actos.
* Psicóloga - M.N. 23.357
andreajcarpaneto@gmail.com
