El jardín de Infantes Nubecitas celebra sus bodas de Plata
María Inés Batalla y Patricia Seronello en una de las aulas del jardín. Hay ex alumnos que mandan a sus hijos.
“Alegría y nostalgia”, así resumió Patricia Seronello la mezcla de emociones con la que vive el nuevo aniversario. Hace 25 años, con poco tiempo transcurrido como maestra jardinera, se hizo cargo de la dirección de uno de los primeros jardines privados que desembarcaban en Pilar.
Hoy, cuando ya pasaron “nuestros hijos, nuestras panzas, y tantos chicos que hoy traen a sus hijos”, sigue al frente de la institución ubicada en la vieja casona de Lorenzo López entre Rivadavia e Ituzaingó, que el próximo lunes se vestirá de fiesta para celebrar sus Bodas de Plata.
El feriado del día de hoy obligó a los docentes a posponer los festejos tres días, aunque –en rigor- fue un 25 de marzo cuando el jardín abrió sus salitas por primera vez.
Con María Inés Batalla, representante legal del colegio, calculan que por las aulas pasaron más de 1.500 chicos de todo el distrito y juran que no son pocos los que cada tanto, tocan el timbre y piden entrar para darse una vuelta por los viejos recuerdos.
“El año pasado vino un ex alumno que estaba viviendo en el exterior y nos pidió pasar y entrar a las aulas”, recordó Seronello, para agregar que “hay muchos que quieren ver a la maestra”.
Por este mismo fenómeno, es que muchos de los ex alumnos eligen la misma institución para mandar a sus hijos e insisten para obtener una de las siempre escasas vacantes.
“Nos emociona que nos digan que quieren traerlos acá porque tienen muy buenos recuerdos”, afirmó la directora.
Perfil
Corría el año 1986 cuando el jardín Nubecitas recibió la primera camada de niños. En ese entonces, era el segundo jardín de infantes privado sin primaria que abría las puertas en el centro del distrito.
Más tarde, en el año 1994, decidieron abrir paso a una nueva etapa con la inauguración del colegio primario y secundario Solar del Pilar.
Que haya alcanzado los 25 años de permanencia conservando el prestigio y, sobre todo, el buen recuerdo de quienes pasaron por él, radica, según sus responsables en “el perfil contenedor del jardín, el clima humano, el grupo docente y la confiabilidad”.
En este cuarto de siglo el colegio fue testigo de innumerables cambios en la educación. En el camino, por ejemplo, fue superada la discusión sobre la importancia del jardín de infantes en la vida de los más chicos y también el papel de la familia –y hasta su constitución- fue mutando.
“El jardín marca la socialización del nene, aprende a estar con otros chicos, a cumplir horarios, normas y a compartir”, señaló Batalla. “En el jardín –completó la directora- se juega aprendiendo y también se juega por jugar, además es el lugar donde los padres descubren cómo es su hijo”.
Precisamente, en cuanto a los padres, admitieron que “antes participaban más en los proyectos y hoy, por el trabajo, se engancha el que puede”. “En eso sí –explicó la representante legal- el jardín se adaptó a las necesidades de los padres”.
Lejos del mito popular que afirma que los nenes de hoy son más “piolas” que los de generaciones anteriores, la directora aseguró que “quizás antes les costaba más desprenderse, pero no es que están más avivados, siguen teniendo la misma inocencia y te matan de amor con lo que dicen”.
Todo cambia
Aunque las salitas sigan conservando el espíritu y quizás la estética de los primeros años, “la manera de dar las clases cambió y también el perfil del docente”, aseguraron desde la institución.
En este sentido, afirmaron que “teníamos más libertad para tomar decisiones de acuerdo a tu criterio, hoy sin un papel que te respalde no se puede hacer nada. Si un chico tenía fiebre le dábamos un remedio, ahora tenemos que llamar a un médico”.
En cuanto al dictado de las clases, “ahora son más a partir del chicos, en eso se creció para bien, hay más libertad y se tienen más en cuenta las necesidades de los chicos”.
Los recuerdos de la vida que dejaron en las aulas vuelven a llenar los ojos de lágrimas de las dos docentes que, antes de directivas, se definen simplemente como maestras jardineras. “El recuerdo que se tiene de la maestra jardinera no se tiene de otro docente”, subrayó Batalla.
“Lo mío fue un regalo –concluyó Seronello- yo quería ser abogada y no pude estudiar eso. Para mí, ser maestra jardinera, después de ser mamá, es lo más importante de mi vida”.
Un año para festejar
Los festejos se iniciarán el lunes 28, con una pequeña celebración con los alumnos actuales de la institución.
En septiembre se realizarán los actos protocolares donde se convocarán a ex alumnos, padres y docentes que hayan pasado por la institución, donde se firmará un libro de oro.
