Pide que arreglen la calle para que su hijo pueda estar en su casa
Alicia, junto a sus otras dos hijas, espera la llegada de Juan Pablo.
Juan Pablo Rodríguez es un nene de dos años que nació en el Hospital Meisner de Presidente Derqui, en diciembre de 2008. Desde ese entonces, sólo pudo estar en su casa durante un puñado de días: por problemas de salud, ha tenido que estar internado en diversos hospitales y sanatorios de la zona. Los médicos les han dicho a sus padres que podrían otorgar la internación domiciliaria, pero siempre y cuando arreglen la calle en la que viven.
El niño es hijo de Alicia González, vecina del barrio El Rocío, de Del Viso. La mujer tiene dos nenas más grandes, y su marido trabaja en seguridad privada. La vivienda está sobre la calle Salta -entre San Jorge y San Pedro-, y el mal estado de esas arterias torna dificultoso el paso de las ambulancias. Sin embargo, el requisito es difícil de cumplir, ya que a pesar de los reiterados reclamos, los arreglos no llegan.
Ida y vuelta
La vida de Juan Pablo ha sido difícil desde su nacimiento, lo que provocó que debiera ser trasladado una y otra vez a diferentes destinos: nada menos que seis nosocomios distintos, en diversos puntos de la provincia.
“Cuando Juan Pablo nació no lloró –recuerda Alicia-, ni succionaba el pecho, siempre estaba como dormido. A los dos días lo llevaron a Neo, y el nene entró en paro, estaba muy mal. Desde ahí lo trasladaron a un sanatorio de Escobar, donde estuvo un mes en terapia intensiva, en coma. Cuando salió de ese estado, a los dos días le dieron el alta”.
Sin embargo, la mamá comenta que “lo trajimos a casa, pero para mí todavía no estaba en condiciones: no lloraba, estaba muy flaco (cada día adelgazaba más), hacía espasmos… Me dijeron que es un susto porque estuvo mucho tiempo en coma”.
El niño fue llevado al Hospital Ricardo Gutiérrez, en Capital Federal, donde se dio un diagnóstico certero: Juan Pablo padece un síndrome epiléptico convulsivo, “con poca expectativa de vida”, según dijeron los médicos en su momento. “Lo internaron ahí y estuvo repuntando, pero al tiempo volvió a desmejorar –dice Alicia-. Lo pasaron a terapia, pero estuvo un día y fue trasladado a un hospital de Pablo Nogués, donde llegó prácticamente muerto, incluso llamaron a mi marido para que reconociera el cuerpito... Para mí fue un milagro, porque estuvo muerto unos minutos, pero pudo salir, y decidieron hacerle una traqueotomía”.
Además, afirma que “como no estaba en el Partido de Pilar, no me podían dar nada acá en el distrito. Cuando estuve en Nogués hablé con (Jesús) Cariglino pero no puede conseguir nada, y acá tampoco”. De allí, Juan Pablo pasó por el Hospital Falcón, de Del Viso, pero cuando se comenzó a remodelar la terapia fue derivado a una clínica de San Miguel, donde todavía permanece internado. “Lo voy a ver todos los días”, asegura su madre, agregando que “me dijeron que se quedara ahí porque tiene obra social (Principal Plan), además estuvo remontando un poco”.
Reclamo
Pasados algunos días de su internación en San Miguel, ya en marzo de 2009 comenzó a hablarse de una internación domiciliaria. Se suponía que el traslado a esa clínica era provisorio, mientras arreglaran una habitación para el bebé. “Fui a hablar con el intendente para pedir ayuda pero no pude hacerlo personalmente, aunque estuve varias veces”, dice Alicia.
En cuanto a las condiciones para lograr la internación domiciliara, “me pedían que hiciéramos una pieza exclusivamente para él, de material, y la pudimos hacer. Después, las asistentes sociales de Pilar no nos dejaron traerlo, porque el vecino tenía un perro y el pasto estaba largo, eran detalles, el perro no entra a mi casa. También por no tener heladera, pero conseguimos”.
Por eso la mujer expresa: “Si el nene se descompensa, no va a poder entrar la ambulancia. La pieza ya está lista para que venga Juan Pablo, si las calles están en condiciones me traen los aparatos. Te cansás de pedir y no hay respuestas. Quiero tener a mi hijo conmigo”.
Errores y horrores
Solucionado el tema de la casa de los Rodríguez –tiene una construcción de material en el fondo, y otra más precaria en el frente-, resta el problema de las calles: “Habría que arreglar dos cuadras, la de mi casa y una más de San Pedro, hasta la salita”. Días atrás, las máquinas llegaron al barrio y arreglaron dos calles… pero distintas a las que hace falta componer. “Otra vez –recuerda Alicia- vino un día de lluvia, y con las máquinas dejaron todo peor que como estaba: mis vecinos casi me matan, porque yo había ido a pedir los trabajos”.
