“Los chicos quieren máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo”

Es director de Estudios de la USAL. Analizó el rol de la educación superior y los principales déficit del alumnado. La universidad como herramienta para el ascenso social y el fin de la cultura del esfuerzo.

29 de agosto de 2010 - 00:00

 

Horacio Annecca en el campus de la USAL. Hoy recibe a 3.500 alumnos.  

 

 

por Celeste Lafourcade

 

Si por algún motivo hubiera que designar el “año de la educación superior” en Pilar ese sería, probablemente, el 2010. La llegada de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la promesa de democratizar el acceso, sumado a otra serie de acontecimientos en este campo, determinaron un quiebre en la historia de la formación universitaria en el distrito.

Testigo de todos esos cambios, la Universidad del Salvador (USAL) fue la primera casa de estudios que desembarcó en Pilar hace 23 años apostando al crecimiento de un distrito que por entonces no muchos presagiaban.

Hoy, con un campus modelo y una oferta académica que supera las 40 carreras de grado, su director de Estudios, Horacio Annecca, analizó el presente de la educación superior en el distrito y sobre todo, el de los jóvenes en relación a ella.

 

-¿Cómo influyó la llegada de la UBA en la Universidad del Salvador?

- Estamos muy contentos. Para nada pueden triunfar las mezquindades en un tema central como es la educación, todos tenemos que luchar desde la función que tengamos para que nuestros jóvenes se puedan educar en todos los niveles. En consecuencia, el desembarco de la UBA como de otras universidades a nosotros nos reconforta. Cada cual tiene sus herramientas, sus fortalezas y debilidades, y es el alumno el que en definitiva decidirá.

 

-¿Cuáles son las fortalezas de la USAL?

- Los valores y el nivel académico. Todas las carreras tienen tres materias en común: filosofía, ética y teología, la última porque somos una universidad confesional abierta. Son tres materias a través de las cuales tratamos de transmitir valores. Y por otro lado el nivel académico de excelencia. Esas son las dos columnas fundamentales de la universidad con las que pretendemos marcar una distinción.

 

-¿Cuál es el principal déficit con el que ingresan los alumnos?

- Eso es relativo. No puedo decir que sea una área en particular, los chicos están mal formados muchas veces para el desarrollo de la oratoria, en las presentaciones, la forma de hacerse entender, les cuesta muchas veces escribir. Por un lado es un problema del alumno pero por otro es un problema de los docentes que no le pudieron dedicar el suficiente tiempo para que aprendan los conocimientos que si aprendió el compañero que tuvo más rapidez. Pero no podemos decir que todos los alumnos llegan mal preparados, hay algunos que vienen con una muy buena base.

 

- ¿Es significativo el porcentaje de alumnos que abandonan en el primer año?

- En algunas carreras más que en otras. Me da la sensación en base a las estadísticas que las carreras técnicas son las que menos deserción tienen porque hay una mayor decisión al elegirlas. El chico que las elige tiene una vocación más firme que el que eligió una carrera humanística, que a lo mejor en primer año se dio cuenta que el rol profesional es otra cosa. Porque lo importante es el rol profesional, hay que mostrarle al alumno qué es lo que va a hacer toda la vida siguiendo esa carrera.

 

-¿Dónde está la falla cuando un chico no elige adecuadamente?

- No podemos poner toda la responsabilidad en uno solo, todos tienen que hacer un aporte. Tiene que haber un gran trabajo por parte del alumno, tiene que tomarse el tema con gran responsabilidad y conciencia porque es una decisión que amerita que se tome con seriedad. Hay profesionales que los pueden orientar y nosotros siempre estamos dispuestos a dar orientación vocacional. Se hace un estudio empezando justamente por el final, qué proyecto de vida tenés.

 

Movilidad social

Según los últimos datos publicados la Secretaría de Políticas Universitarias, dependiente del ministerio de Educación de la Nación, correspondientes al 2008, en el ámbito de las universidades estatales hay más de 1.200.000 alumnos, de los cuales algo más de 270 mil se inscribieron dicho año, mientras que el número de egresados es considerablemente inferior: 65.581.

En tanto que en las universidades privadas, se registraron poco más de 310 mil alumnos, 94 mil nuevos inscriptos y 29 mil egresados.

Ahora bien, en un país donde la universidad se consolidó como espacio de garantía para el ascenso social, en la actualidad se estima que de los alumnos que consiguen su título universitario, sólo un 5% pertenece a la quinta parte más pobre de la sociedad.

 

-¿Qué se hace desde un establecimiento privado para que la universidad siga siendo una herramienta de igualación?

- Hay a que darle oportunidades a todos aquellos que se lo merecen. Si te encontrás con un chico que estudia, que tiene una actitud de superación y no tiene las posibilidades económicas, la universidad está obligada a darle una beca. Nosotros somos una universidad privada, no tenemos ninguna fundación atrás nuestro, ningún subsidio del Estado, eso significa que hay una enorme libertad de criterios y no hay condiciones en las decisiones, pero vive de su matrícula y eso la obliga a tener una situación nivelada. Pero dentro de esa situación tenemos previsto un porcentaje de alumnos que tienen acceso al estudio a través de becas.

 

-¿Cuánto es ese porcentaje?

- No lo sé, pero son muchos.

 

-Da la sensación que está cada vez menos fomentada la cultura del esfuerzo ¿cómo lo percibe la universidad?

- Estamos en una sociedad cada vez más materialista y muchas veces los chicos le preguntan a los padres para qué voy a estudiar si jugando al tenis voy a ganar más plata. Los chicos quieren máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo. No quieren estudiar carreras largas, no quieren tener que asistir todos los días a clases, y eso es algo verdaderamente negativo. El hábito del estudio es una de las cosas que deben aparecer desde el primario. Nosotros notamos a veces que los alumnos no lo tienen, estudian 45 minutos y se acabó porque no tienen esa fuerza de concentración que les da estudiar cuatro o cinco horas seguidas para levantarse sólo para tomar un café. Nunca se puede generalizar en estos temas, pero se percibe esa concepción de poco apego al esfuerzo y sobre todo al compromiso.

 

-La universidad ¿qué puede hacer frente a esto?

- Capacitar a estos alumnos. Muchas veces salen de la universidad con una gran carga de inseguridades y yo siempre les digo que al poco tiempo de ejercer la profesión se van a dar cuenta que están debidamente formados como para poder desarrollarse bien, a partir de ahí dependerá del alumno.

 

 

En números
1987, el año en que  llegó a Pilar
3.500 alumnos tiene en la actualidad.
35% de la matrícula habita en el distrito.

 

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