Debatir la pobreza, ya

domingo, 6 de junio de 2010 · 00:00

 

por Dr. Marcelo Osvaldo Sorgente*

 

El tema de la pobreza ha despertado un “tibio” debate en los últimos días. En las páginas de este medio se reflejó la discusión sobre las estadísticas que deberían ser la fotografía de la gente que sobrevive como puede y como la dejan vivir. ¿Alguna vez se conocerá quiénes sufren la dura realidad social con certeza? ¿Existe algún proyecto para cambiar la indigencia por inclusión?

El status de pobre puede abarcar un amplio abanico de gente: los que viven de la piedad y de la solidaridad del prójimo -porque no tienen nada- son invisibles ante los ojos de los que transitan por las calles de nuestra ciudad.

El ciudadano medio ante la cercanía de uno de ellos apura el paso y los esquiva (como en el gol de Maradona a los ingleses en el mundial de fútbol, México 1986) hasta con la mirada. En algunos casos el único patrimonio que tienen los que viven de la escasez permanente lo llevan puesto.
Por si nadie se dio cuenta están ahí. Son los que empujan un carrito repleto de descartes, luego de revolver la basura; son los que duermen en el jardín de la única vivienda sin reja y abandonada a metros de la nueva Eco, en la remozada Tomás Márquez (otros lo hacen en la estación de trenes); son, también, los que hacen la interminable y lenta fila para pagar sus pequeños consumos.

Son los que aguantan el clima para tomar el bondi o el tren para ir a trabajar o para buscarlo; son los que viajan colgados en los insuficientes medios de transporte público; son los que aguardan en la guardia del hospital local para calmar sus dolencias físicas.

Son los que concurren a los templos a buscar la promesa de un futuro más venturoso porque el presente terrenal los castiga; son los que se ofrecen limpiar los parabrisas de los automóviles en el semáforo de la ruta 8 y San Martín o en la misma ruta, pero del Kilómetro 50.

Son los que carecen de agua potable y de los servicios de cloacas; son los que dependen de las migajas que les pueda tirar el “puntero” de turno, quien les arrebata la capacidad de discernir cómo mejor votar. Hoy un pobre se asemeja a un paria. El Partido de Pilar es uno de los distritos del país en el cual el contraste entre los que tienen, desde el punto de vista material y económico, la vida resuelta y los que no tienen casi nada, es notorio.

El Estado es quien está obligado desde su existencia misma a reparar, de algún modo, semejante muestra de vergonzosa injusticia.

Cada uno de los actores políticos locales pareciera tener la solución mágica para erradicar la miseria que padecen algunos vecinos. Lo más difícil es reunirse a exponer sus proyectos.

Sería saludable que se genere un debate en serio para intentar disminuir la pobreza. ¿Por qué no sentar en la mesa del debate al oficialismo y a la oposición para buscar formas de solución? El chicaneo de uno contra el otro, a través de los medios, no hace más que entretener a los que les gusta el “chusmerío”.

Ni siquiera las diferencias se las puede catalogar de ideológicas. Mientras tanto, la miseria sigue como siempre entre los mismos “nadies”.

 

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