La estética vive su boom en Pilar con clientas cada vez más jóvenes
Relax facial. El contacto con el cliente sigue siendo fundamental.
Acompañando el bombardeo mediático de mujeres con cuerpos espléndidos y de vendedores de soluciones más o menos mágicas para conseguirlos, Pilar vive su boom estético. En los últimos años se multiplicó la cantidad de centros destinados al embellecimiento, tanto que sólo en un complejo de oficinas ubicado sobre el kilómetro 49 de la Panamericana conviven nueve espacios de este tipo. El público: chicas cada vez más jóvenes y hombres cada vez más coquetos.
En el 2007, Marcela Sciaccaluga abrió en el centro de Pilar –un terreno hasta el momento poco explorado por emprendedores del rubro- su propio espacio de estética, Beauty Secret. Desde allí, analizó el auge de los centros de belleza y recordó que “cuando abrí hace tres años los lugares eran contados y nos conocíamos todos”. “Ahora –continuó- cada vez son más, sobre todo sobre la Panamericana”.
A modo de ejemplo, en el complejo Concord funcionan nueve centros de estética, que van desde depilación definitiva hasta consultorios de cirujanos plásticos. A su vez, la mayoría de los grandes edificios de oficinas cuentan con más de un emprendimiento de este tipo –incluido el hotel Sheraton- y uno nuevo llegará con la apertura de Paseo Champagnat.
Modelos
“Quiero la cola de Pampita y el abdomen de Silvina Escudero”, pidió en su primera entrevista una de las clientas de Beauty Secret, que funciona en la calle Belgrano al 900. Como ella, tantas otras llegan solicitando cuerpos esculturales de esos que no se ven en la vida real.
“Llegan con mucha ansiedad, a partir de lo que ven en las revistas, donde las fotos están modificadas con photoshop, esos son cánones imposibles”, explicó Sciaccaluga. Y agregó que “otras mujeres llegan porque están tristes generalmente por una separación y quieren verse bien”.
Esto, sumado a la cantidad de publicidad vinculada con la estética y a una tecnología que no da respiro da como resultado clientes cada vez más exigentes.
“Creció la demanda de la mujer, pero en general queremos estar diosas sin hacer sacrificios y en realidad los aparatos son un complemento, más importante es el ejercicio y la buena alimentación”, señaló Silvia Loza del centro de Estética Integral, uno de los más antiguos del centro de Pilar ubicado en Fermín Gamboa al 400.
Entre la oferta de tratamientos no invasivos hoy el auge pasa por la radiofrecuencia utilizada para combatir la celulitis y la flacidez facial y corporal, las ultracavitaciones, destinadas a eliminar grasa y celulitis, los electrodos y las ondas rusas, también indicados para la piel de naranja o el rejuvenecimiento facial por luz pulsada. Mientras que en el terreno exclusivo de la medicina, las demandas estéticas pasan por las liposucciones, bótox, rellenos antiarrugas, de nalgas o hilos tensores.
“La mayoría tiene claro el resultado pero no demasiada información del método –precisó Siaccaluga- y eso depende de la seriedad de los profesionales, por ejemplo las ultracavitaciones no se pueden hacer a todas las personas y la radiofrecuencia no se puede hacer si la mujer tiene un DIU de cobre”.
No obstante, no son pocos los lugares que siguen apostando a la técnica manual, a través de masajes. “Es más placentero y se trabaja de forma más personalizada de acuerdo a las necesidades de cada clienta”, afirmó Mónica Stutzer de Ar´mony ubicado en Las Magnolias al 700.
Por su parte, Cristina Rebagliati desde su centro homónimo ubicado en el edificio Concord, reconoció que “cada vez hay más tendencias y propuestas y eso te obliga a estar en el tapete, invirtiendo. Siempre hay algo nuevo pero a veces con lo tradicional podés lograr lo mismo con dedicación y constancia”.
Precoces
Empujadas por una adolescencia cada vez más urgente y exigida, las clientas empiezan a asomarse en los centros de estética apenas abandonada la niñez.
La edad cada vez más temprana de iniciación de las chicas en la vorágine de los tratamientos de estética fue señalada por todas las fuentes consultadas, quienes aseguraron que en su mayoría llegan acompañadas por sus madres.
“Antes las mujeres empezaban a partir de los 30, después de tener hijos, hoy a los 15 años ya empiezan con los tratamientos para la celulitis o porque se ven gordas”, advirtió Loza. Según la profesional, en esto “tiene que ver la mala alimentación” y es fundamental “hablar con ellas, explicarles que es importante cambiar los hábitos, por eso el centro lo inclino más a la salud que a la estética”.
Esta visión es compartida con Sciaccaluga: “la celulitis se ve más en chicas más chicas como consecuencia de la alimentación y del sedentarismo, por ejemplo de estar muchas horas frente a la computadora, dentro de todo, las mujeres de más de 30 tienen incorporado hacer gimnasia, comer bien y tomar líquidos”.
Democrático
No es casual que la mayoría de los centros de estética se encuentren en emprendimientos ubicados sobre Panamericana. Que el boom se dé en esta zona responde al perfil de público de alto poder adquisitivo que habita en los countries de Pilar y alrededores.
Sin embargo, a diferencia de lo que sucedía años anteriores, el consumo de estética se democratizó al punto que hoy está presente en todos los niveles socioeconómicos.
“Hay lugares privados que dan cursos de cosmetología de tres meses y también hay cursos de dos años en hospitales, eso hace que luego haya lugares que ofrezcan tratamientos mucho más baratos”, manifestó Sciaccaluga.
En este sentido, cabe destacar que muchos de los carteles que utilizan el gancho de la estética, corresponden a locales destinados únicamente a depilación, belleza de manos o limpiezas de cutis.
De todos modos, entre los lugares donde se ofrecen tratamientos más profesionalizados, la demanda también proviene desde todos los bolsillos.
“Las mujeres siempre tienen tiempo y algún pesito para la estética, antes sólo era exclusivo para las actrices o personas con mucho dinero, ahora la mujer de clase media también accede”, consideró Loza, en tanto que Rebagliati agregó que “tengo muchas empleadas que ganan un sueldo medio, además soy coherente con los precios, por más que Pilar tenga esa imagen acá no tiramos manteca al techo”.
Precisamente, para dar respuesta a esta demanda, desde los centros de belleza proliferan las promociones, ofertas, 2x1, entre otras estrategias de marketing. Y cada vez es más frecuente que este tipo de servicios se conviertan en obsequios para fechas específicas.
La aparatología gana cada vez más espacio.
El precio del “cuerpo perfecto”
Por sesión
Masajes estéticos: desde $80
Botas preso-terapia: desde $90
Electrodos: desde $95
Mesoterapia profesional: desde $140
Limpiezas de cutis: desde $80
Peeling: desde $140
Depilación definitiva: desde $150
Cabina de ozono: $300 pesos cuatro horas
Aparatología: desde $100 la sesión de acuerdo al lugar y complejidad del aparato.
En la mayoría de los casos los resultados comienzan aproximadamente luego de 10 sesiones.
Hombres coquetos
Mucho más desprejuiciados que sus padres y abuelos, los hombres también acuden a los centros de estética en busca de soluciones. En la mayoría de los casos, en la primera visita pesa la insistencia de la mujer o bien por la incomodidad de alguna contractura.
Sin embargo, para la mayoría esto se convierte en la puerta de entrada a un mundo tan hedonista como placentero.
Cuando vienen por primera vez siempre es medio oculto, pero después empiezan a recomendarlo a compañeros de trabajo”, expresó Silvia Loza.
Es que más allá de la necesidad estética muchos llegan buscando un momento de relax que los aleje de las presiones diarias.
Masajes descontracturantes, belleza de manos, rejuvenecimiento facial y hasta depilación tradicional y definitiva son algunas de las demandas masculinas.
“Cada vez hay más hombres que se depilan sobre todo pecho, espalda y piernas”, confesó Mónica Stutzer con una naturalidad que sorprende. Entre ellos, deportistas que recurren por necesidad pero también hombres disconformes con lo que la naturaleza les dio.
Prueba de la gran atención puesta por los hombres en este tipo servicios es el aumento en la venta de días de spa para fechas comerciales como el Día del Padre o San Valentín.
