Arbolitos iluminados con el espíritu de Navidad

12 de diciembre de 2010 - 00:00

 

por Fernando D’Auría

 

Un cálido diciembre para nuestro Pilar, y a partir del 8 en nuestros hogares, escuelas, clubes y demás lugares practicados de encuentro, la Inmaculada Concepción de María nos dio en su celebración, una nueva oportunidad vital de diseñar nuestros pesebres y armar nuestros arbolitos en pleno espíritu festivo de Navidad.

Pesebres de humildes portales que acunarán junto a sus maderos y a sus animales al niñito Jesús y que cada familia diseña para tener presente el verdadero motivo de la fiesta navideña, el nacimiento del Salvador, de nuestro Dios hecho hombre para que el amor, la ternura y la paz sea posible en nosotros.

Pesebres que representan nuestros corazones, y que en este adviento tenemos una nueva oportunidad para preparar para que el nacimiento de Jesús sea una realidad que nos movilice hacia un cambio en nuestras vidas, cuyo norte sean el amor, la solidaridad y el bien común.

Arbolitos que armamos, decoramos y que colocamos en algún lugar relevante de nuestra casa, como símbolo de nosotros mismos, capaces de enraizar en la tierra pero sin lugar a dudas, capaces de mirar a lo alto, construyendo nuestra copa vital en la atmósfera celestial.

Arbolitos de tronco firme que representa la entereza que vamos logrando ante la vida y decenas de ramas verdes que marcan la esperanza del camino que deben emprender nuestros sueños, anhelos y deseos para que se cumplan.

Arbolitos de porte coniferal y un ápice que mira al cielo, como sabiendo que cada nueva y cotidiana rama que se construye tiene como proyecto vital llegar a la plenitud celestial en Cristo Jesús.

Arbolitos portadores de adornos, tarjetas, y todo aquello que a lo largo de la vida hemos logrado con esfuerzo, sacrificio y sobre todo basado en sincero y humano proceder.

Arbolitos portadores de luz, que encanta, que hace presente, que hace desaparecer la oscuridad y bendecir la vida en todo su esplendor.

Y junto a esa luz corretea en nosotros el Espíritu de la Navidad, el espíritu del amor y de la alegría, de la pureza y de la belleza de un bebé que nacerá recostado en un humilde pesebre y que es nuestro amigo Jesús.

Y en la noble sinonimia que el devenir pilarense ha permitido construir en su ambiente, comparto hoy con ustedes, queridos lectores de El Diario, esta nueva fotografía de “Caminito de historias” que logra la vereda de nuestra plaza 12 de Octubre de la calle Lorenzo López frente a la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en la cuál tenemos a nuestro amado Jesús en el Sagrario del interior del templo y estos Arbolitos de la Vida (Ginkgo biloba) bendecidos todo el día por la luz solar y que nos permiten entender, desde lo natural, que los arbolitos que hemos armado en nuestros hogares somos nosotros mismos y que nuestro corazón será la tibia cuna donde nacerá Jesús en esta Navidad 2010, por eso iluminemos nuestras vidas con la luz del amor, de la alegría, de la paz y de todos aquellas bendiciones que dan plenitud a la comunión con nuestro prójimo en una verdadera misión compartida en el quehacer cotidiano.

 

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