Tribuna del lector: Por qué el espacio urbano está como está

por María Rosa Batalla*
23 de noviembre de 2010 - 00:00

 

 

Como profesional dedicada al estudio del espacio urbano, he seguido con sumo interés el devenir de la encuesta que El Diario mostrara en su página web.  También me he permitido aportar algunas líneas que intenten explicar por qué el espacio urbano que todos compartimos, está como está.

Es evidente que la suciedad y estado de deterioro del casco céntrico iba a llevarse los galones. Es desolador el estado en que se encuentra nuestra ciudad. Somos responsables de ello los habitantes y visitas que alevosamente arrojamos basura a la calle sin pruritos de ningún tipo, pero mayor responsabilidad le cabe a las autoridades municipales y a la empresa que tiene a su cargo la recolección de residuos y la limpieza de la ciudad, Transur.

Más allá de las oportunas declaraciones a la prensa de ambas partes, es evidente la falta de una política pública para que el habitante de Pilar no arroje ningún tipo de residuo a la vía pública. También son los responsables de que el problema no se trate desde la base, con un plan de educación que cubra todos los niveles.

Además, les cabe la responsabilidad ante la falta de cestos para los residuos y de su mantenimiento continuo (éste es tan importante como su colocación en sí).

Si el ciudadano viera una ciudad limpia, ordenada, prolija, ¿no imitaría el buen ejemplo?, ¿arrojaría más residuos o se lo guardaría en el bolsillo o la cartera? 

En cuanto a las inundaciones por lluvias, veremos cuál es el resultado del dinero invertido cuando volvamos a tener lluvias como las del verano pasado. Mientras tanto, podría llevarse a cabo un operativo para evitar que los vecinos o los que tienen a su cargo barrer las calles, amontonen residuos frente a las bocas de tormenta, escasas pero existentes en nuestra ciudad. (Ver con ojos curiosos la calle Baigorria). Si se las protegiera con elementos que no permitan el paso de esos residuos y su sistemática limpieza, muchas veces no se advertirían los efectos de algunos chaparrones en la ciudad. También es una cuestión de educación, tanto del agente municipal como de los vecinos.

En la cuenca del arroyo La Verde, es frecuente ver cómo crecen distintas especies vegetales en los cursos de agua, que no permiten un eficiente escurrimiento, y no se necesitarían millones de pesos para solucionarlo.

¿Es incómodo para el Juzgado de Faltas y para algunos funcionarios hacer cumplir la norma de cercos y veredas que obliga a los frentistas a hacerse cargo de la reparación de sus aceras? A lo mejor, los funcionarios no pasearon nunca a sus hijos en changuito por las callecitas de Pilar o no han tenido la desgracia de necesitar una silla de ruedas. Ojalá se cumpla con la norma y los vecinos tomen conciencia de la importancia de hacerse responsables de lo que les corresponde. Mientras tanto, que nuestro gobierno local también se haga cargo de las rampas en las esquinas, para que sean la norma y no la excepción en el espacio que todos habitamos.

Pilar adeuda a su comunidad la implementación de la Ley de Arbolado Urbano, vigente en la Provincia de Buenos Aires. Con ella, también la designación de espacios públicos verdes destinados no sólo a la recreación, también al encuentro, la práctica de actividades aeróbicas y también, y por qué no, el simple hecho de disfrutar del verde público, abierto, al alcance de todos y cada uno de sus vecinos.

Este tema se relaciona con la iluminación. Justamente, fue un “iluminado”, que optó talar árboles por cuestiones de seguridad, y para que las luminarias se pudieran optimizar. El funesto resultado fue que perdimos muchos árboles de nuestro escaso arbolado urbano. En lugar de colocar columnas más modernas y eficientes que no compitan con los árboles y completen un conjunto saludable para la ciudad: dar luz la una y dar sombra el otro. Sin convertirse en antagonistas.

La ocupación de las veredas por parte de los comerciantes, no es más que una lamentable muestra de un signo de nuestro comportamiento social: invadir el espacio de todos, no respetar al otro en miras de mi provecho o ganancia personal.

Algo similar ocurre con los carteles que molestan hasta  herir la vista, además de la profusa trama de cables de distintos servicios a los que poco les interesa el aspecto estético y de seguridad de los habitantes de la ciudad. Probablemente, que este problema ocupe el último lugar en el ranking se deba a que los demás son tan serios e importantes que hacen que perdamos de vista lo desagradable e invasivo de la cartelería y el cableado.

Los que hemos nacido en Pilar o los que la hemos adoptado como nuestro hogar en el mundo, quisiéramos verla en mejores condiciones. ¿No sería maravilloso que tanto el Municipio, como las instituciones pilarenses, los ciudadanos, los partidos políticos, entre otros,  acordáramos de una vez y para siempre hacer algo? ¿Y si empezamos por mejorar la situación en todas las paradas de colectivos, por ejemplo? Un camino se inicia siempre en el primer paso. 

 

Lic. en Información Ambiental, docente e investigadora de la Universidad de Luján.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar