Memoria visual: La larga siesta de los gliptodontes

Fueron encontrados en los albores de la década del ’90, en una casa de la La Lomita. Estuvieron las siguientes dos décadas depositados en el Lope de Vega. Hoy se los restaura en la Universidad del Salvador.
7 de octubre de 2010 - 00:00

 

En vísperas del Año Nuevo que daría inicio a la década de 1990, el barrio La Lomita se conmocionó con un hallazgo paleontológico: en el patio de una vivienda humilde, durante una excavación, se encontraron los restos fósiles de dos gliptodontes, mamíferos extinguidos hace unos 10.000 años.

La foto registra el momento en que los restos fueron retirados del pozo, luego de haber sido recubiertos por una capa protectora de yeso, y es parte del profuso archivo de imágenes de José Sánchez, el fallecido ex secretario de Cultura del municipio.

Ya desde la colectora de Panamericana, los carteles escritos a mano señalaban el camino hacia el “descubrimiento histórico”. Tras recorrer un par de calles de tierra, aparecía la casa del hallazgo. Cualquier curioso podía entrar y mirar de cerca a los gliptodontes, mientras el dueño de casa tomaba mate sin mayores preocupaciones.

Sin embargo, tras varios días fueron removidos de allí, pero con un inconveniente: Pilar no tenía un lugar adecuado para su conservación. Por lo tanto, los ejemplares fueron a parar a una habitación ubicada detrás del escenario del Teatro Lope de Vega, un sitio impensado, donde permanecieron arrumbados hasta fines de 2007, cuando fueron “rescatados” por el arqueólogo y antropólogo Alberto Susco, quien se ocupó de su restauración en la Universidad del Salvador (en la que todavía trabaja, para luego llevarlos al museo municipal, de inminente apertura). A su vez, días más tarde el antropólogo encontró bajo el cemento las mandíbulas intactas de uno de los dos animales, lo que permite completar aún más las piezas.

Toda una jornada de trabajo insumió trasladar a los gliptodontes desde la habitación en la que se encontraban hasta el exterior del teatro municipal, debido a que estaban colocados uno sobre el otro. La cobertura de yeso aumentó considerablemente el peso de los ejemplares, y además uno de los dos estaba cubierto con una capa mucho más gruesa, e inclusive había sido rodeado por un alambre y una estructura de hierro. Este último fue el que más costó desplazar, necesitando la fuerza de seis hombres, que tardaron varios minutos para mover la pieza tan sólo unos diez metros.

Perteneciente a un grupo de  mamíferos extinguidos hace unos 10.000 años, el gliptodonte llegó a convivir con el hombre primitivo, a diferencia de sus antecesores, los dinosaurios. Su aspecto era similar al de una ‘mulita’, pero de un tamaño mucho mayor, llegando a medir alrededor de tres metros desde la cabeza a la cola, y con más de un metro de altura.

Los dos ejemplares no son los únicos que posee la zona: a pocos metros de allí, más precisamente en el Cuartel de Bomberos Voluntarios, permanece enterrado otro ejemplar, más grande que los del teatro y con más tiempo bajo tierra, desde la década de 1960.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar