La odisea de conseguir escuela para los alumnos integrados
Con un problema motor, Bruno no consigue escuela para empezar 1º grado.
Las complicaciones que ya de por sí acarrea el hecho de sufrir alguna discapacidad traen aparejadas numerosas problemáticas. A su vez, cuando se trata de niños, se suma un problema extra pero no menos importante: el poder cursar los estudios en una escuela convencional, si su patología así lo permite. En este sentido, la escasez de vacantes sumada a la poca apertura de algunas instituciones torna dificultoso el poder integrar a un niño al aula convencional.
“No son muchos colegios los que integran. En los estatales, si el padre quiere y se dirige a los inspectores, el chico entra. En caso de los privados es más difícil, y los inspectores escuchan a las escuelas. Por eso, les recomendamos a los padres a qué escuelas mandarlos y les avisamos en cuáles ni intenten, porque no los van a integrar”, expresó a El Diario una psicopedagoga que pidió mantener su identidad en reserva.
Los alumnos integrados pueden portar una discapacidad visual, auditiva, motora o mental. Sin embargo, la normativa indica que no puede haber más de dos por curso, lo que también conspira contra su inclusión.
Bruno
En Pilar, durante los últimos días se conoció un caso que incluye una denuncia por discriminación: Bruno Trovatelli, niño de 5 años que el próximo ciclo lectivo deberá cursar 1º grado, no ha conseguido hasta el momento ser inscripto en un colegio del distrito.
“Desde el mes pasado empezamos a intentar inscribirlo”, afirmó a Vanesa Villalba, mamá de Bruno. Su hijo padece una paraparesia espástica, patología por la cual camina con dificultad, pero sin necesitar de una silla de ruedas. Además, al escribir debe utilizar lápices o lapiceras de mayor grosor a lo habitual.
Según su madre, Bruno “fue al jardín en Villa Rosa y nunca tuvo problemas, ni necesitó una maestra integradora. Tiene un problema motor, es inquieto pero como todos los nenes, no ocasiona conflictos”. Y agregó: “Averiguamos en varios colegios, pero directamente nos dijeron que no lo aceptaban por razones edilicias, por ejemplo”.
Precisamente, la psicopedagoga señaló que “uno de los mayores problemas es el de la accesibilidad. En el Estado, el problema se soluciona a través de la información que se transmite al Consejo Escolar, por nota, y luego hacen las rampas”. Además, agregó que “a veces sucede que las Primarias cuentan con una matrícula enorme, y eso dificulta las cosas, porque si un chico está integrado dentro de un grupo de 40 alumnos se hace difícil trabajar con él”.
A mediados de la semana, los padres de Bruno presentaron una denuncia contra el Instituto Almafuerte ante el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), debido a la negativa del establecimiento a inscribir al niño (expediente 7139/10).
Vanesa relató que “nos hicieron llevar papeles que necesitaban y firmar una hoja que decía que Bruno tendría que rendir una evaluación. Lo llevamos a rendir el viernes 24, un examen que duró varias horas. Cuando fuimos a buscarlo, nos dijeron que en la semana nos avisarían cómo le había ido en el examen, pero ya sabían que no iba a quedar. A los únicos papás que llamaron fue a nosotros: nos dijeron que la directora, Noemí Ferrety, quería hablar con nosotros, pero no quisimos quedarnos con la duda y la llamamos a la casa”. El Diario intentó comunicarse con las autoridades del colegio, sin éxito.
Su marido, Mauricio Trovatelli, indicó que la directora “nos dijo que el nene no había hecho nada, que escribió sólo rayas, volcó jugo en la hoja, además de romper las galletitas y jugar con su relleno”. Su mujer acotó: “La señora me dijo que no había hecho nada del examen, que él necesita otro colegio, que la escuela no están preparados para recibir a un chico así y que no hacen integración. Además, si quería podría ver la prueba, por eso el jueves fuimos a verla: él escribió su nombre a su manera, había que dibujarse a sí mismo y se dibujó, pero ella no consideraba que fuera un buen dibujo. La hoja no fue manchada con jugo ni con galletitas, como nos habían dicho”. Y agregó que “nos dijo que el resto de los chicos había hecho bien la prueba”.
A su vez, indicó que “hicieron la prueba entre 20 y 30 chicos y nos dijeron que entraron todos, menos Bruno. Lo que nos molestó es que le hagan rendir el examen, cuando de por sí sabían que no iba a quedar. Nos hicieron pasar por eso, con la esperanza de que entrara, para después decirnos que no y de la manera en que lo hicieron”.
El sistema
Con los gastos pagos
En el caso de los docentes de integración, sus ingresos son solventados por la obra social del padre del alumno, o bien por el Estado, por lo que al colegio no le representa gastos. “Sin olvidar que el alumno de los privados paga la cuota, no va gratis”, expresó la psicopedagoga.
A su vez, la profesional explicó que el docente integrador “va una o dos veces por semana, el resto trabaja con su maestra del curso. Lo siguen desde Inicial hasta el Secundario. De todas maneras, la periodicidad la definen el problema del alumno y lo que cubra su obra social. Casi siempre son los discapacitados motores los que tienen acompañantes”. A su vez, comentó que “cada integración es única: depende de las necesidades del alumno, está sujeta a eso, de acuerdo a sus habilidades y necesidades”.
