Finalmente, un niño con discapacidad consiguió escuela

Bruno Trovatelli, de cinco años de edad, tiene un problema motriz. Necesitaba un colegio que lo inscribiera en primer grado. Le abrieron las puertas en el Instituto Antonio Toro.
10 de octubre de 2010 - 00:00

 

La sonrisa de Bruno. Su caso se conoció por El Diario. Al final consiguió escuela en Presidente Derqui.

 

 

En su edición del domingo anterior, El Diario describió las peripecias que deben atravesar los padres de niños discapacitados para poder inscribir a sus hijos en una escuela convencional que acepte trabajar con integración. En este sentido, se presentó el caso de Bruno Trovatelli, nene de 5 años que no podía conseguir que un colegio lo inscribiera en 1º grado. Finalmente, en las horas se confirmó que una institución –el Instituto Antonio Toro, de Presidente Derqui- le abrió las puertas.

Bruno padece una paraparesia espástica, patología por la cual camina con dificultad, pero sin necesitar de una silla de ruedas. Además, al escribir debe utilizar lápices o lapiceras de mayor grosor a lo habitual. A pesar de que no fuera necesario adaptar las condiciones edilicias de un establecimiento, se le tornaba cuesta arriba encontrar un lugar en el que poder comenzar la Primaria: inclusive, en el Instituto Almafuerte sus padres tuvieron un entredicho que derivó en una denuncia al Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI).

“Lo del colegio nuevo se definió en los últimos días, después del problema que tuvimos con la otra escuela”, expresó a El Diario Vanesa Villalba, madre del Bruno. “Fuimos al Antonio Toro, nos dijeron que no habría problemas y que por ahora no iban a ponerle a mi hijo una maestra integradora porque no la necesita, su problema es de motricidad nada más”.

Los alumnos integrados pueden portar una discapacidad visual, auditiva, motora o mental. Sin embargo, la normativa indica que no puede haber más de dos por curso, lo que también conspira contra su inclusión, además de la ya conocida escasez de vacantes para cualquier tipo de alumno.

Los ingresos de los docentes que trabajan con integración son solventados por la obra social del padre del alumno, o bien por el Estado, por lo que al colegio no le representa gastos. A su vez, el docente integrador va a la escuela una o dos veces por semana, mientras que el resto de los días el alumno trabaja con su maestra del curso.

El niño recibe un seguimiento desde Inicial hasta el Secundario, la periodicidad la definen las características del alumno (patología, habilidades, necesidades) y lo que cubra su obra social. Casi siempre son los discapacitados motores los que tienen acompañantes con mayor frecuencia.

No obstante, Vanesa comentó que en el colegio derquino “ya están en el tema y piensan que no va a necesitar una maestra de integración. Lo único que van a hacer es adecuarse a la manera de escribir de Bruno, ya que necesita útiles diferentes, cuadernos más anchos y escribir más espaciado, usando dos o tres renglones en lugar de uno”.

La mujer señaló que la nueva escuela “nos apoyó un montón, y los directivos ya fueron hasta el Centro de Rehabilitación ‘Pilares de Esperanza’ –donde el niño es paciente- y estuvieron hablando el caso de Bruno con los profesionales”. A su vez, cuando la familia asistió al Instituto “le dijeron a Bruno ‘bienvenido al colegio’ y lo hicieron recorrer las instalaciones, se lo presentaron a los compañeritos del año que viene y hasta dibujó con ellos. Lo recibieron muy bien”.

 

 

Amplio apoyo

 

“Después de la nota publicada en El Diario recibimos muchos llamados y saludos de apoyo en la calle”, aseguró Vanesa Villaba, agregando que “nos llamaron del Municipio para mandarnos una asistente social a casa, y desde la UMGE para ayudarnos en lo que hiciera falta”. A su vez, la mujer comentó que en el caso de Bruno “se interesaron muchos papás que tienen el mismo problema, porque hay un montón de chicos a los que les cuesta conseguir colegio, sobre todo en el centro de Pilar”.

 

 

Asaltan a un alumno

 

Un alumno del Instituto Parroquial fue asaltado en la tarde del jueves, por un individuo que lo amenazó y le robó su teléfono celular.

El hecho ocurrió alrededor de las 16.15, en la esquina de Pedro Lagrave e Ituzaingó, zona que está fuera de los límites del “corredor seguro”, diseñado a mitad de año para prevenir esta clase de robos. Allí, un alumno de 4º año de secundaria que salía de una librería fue interceptado por una persona de contextura robusta que, luego de empujarlo contra la pared, lo amenazó para que le entregara el celular, algo que el adolescente hizo sin ofrecer resistencia.

 

 

 

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