#Marcaron2015 El año que cambió la historia

Una interna feroz, con final angustiante, anticipó la derrota del zuccarismo. El 2015 inauguró nuevos escenarios y catapultó otros protagonistas.

miércoles, 23 de diciembre de 2015 · 00:00

 por Diego Schejtman

d.schejtman@pilaradiario.com

 

Pilar no va a ser el mismo después del año que termina. El 2015 será recordado, en materia política, como el año del cambio. Un tiempo vertiginoso, signado por el ejercicio del voto popular, que dibujó escenarios nuevos y catapultó a sus protagonistas al centro de la escena.

El año que concluye con el macrista Nicolás Ducoté como nuevo intendente y con todo un sector del peronismo local en la fila del retiro, había comenzado ya de manera atípica.

Pilar había recibido enero con un intendente interino, con Humberto Zúccaro dando una pelea dura contra el cáncer que lo tuvo alejado de su puesto durante todo el primer trimestre. Una batalla, seguramente la más importante de su vida, de la que consiguió salir airoso para volver en marzo a los dos frentes que debía liderar: el de la gestión y el electoral.

El primero, con un desgaste de 12 años sobre las espaldas y una demanda social creciente que ya no encontraba en el palacio los mismos oídos receptivos de tiempos anteriores. El segundo, con una colosal batalla interna contra el ex aliado incondicional José Molina, en la que el propio agónico triunfo supuso el germen de la futura derrota zuccarista.

En la vereda de enfrente, mientras tanto, comenzaba a gestarse el cambio. O, más adecuadamente dicho, el espacio político que encarnaría una voluntad de renovación que la sociedad expresaría en las urnas.

Cambiemos no se llamó así hasta bien entrado el 2015, cuando selló su alianza con el radicalismo, la Coalición Cívica y otros sectores. En algún caso, a regañadientes de sus propios dirigentes, algunos de los cuales atenuaron las reproches a medida que el poder aparecía como una posibilidad más cercana.

Las Primarias Abiertas inauguraron el escenario de cambio. Las previsiones de una victoria abultada transformaron el virtual empate entre Zúccaro y Molina en una tragedia para el oficialismo. Dos semanas de agónico recuento en La Plata cerraron con solo 53 votos a favor del entonces intendente.

Los números se conjugaron para anticipar el final: Nicolás Ducoté resultó el más votado, aunque su partido hubiera quedado muy por debajo de la suma de las dos expresiones peronistas. El cambio ya era imparable.

De nada sirvió la autocrítica en la que Zúccaro se zambulló generosamente, ni el intento por retomar el contacto con la calle, cortado desde hacía demasiado. Ni siquiera el giro de timón de Molina, que volvió a caminar los barrios intentando convencer a sus votantes de acompañar en las generales a quien venía denostando desde hacía dos años.

El clima social fue bien leído por el macrismo local, que incluso supo hacer jugar a su favor a las matemáticas, una ciencia dura que suele estar reñida con la política. Pequeños partidos y dirigentes que usualmente colaboraban en la dispersión del voto opositor, esta vez se integraron al aparato naciente, paraguas ideológicos de por medio. Hoy, esos actores, generalmente de reparto, ven por primera vez brillar sus nombres en la marquesina.

Los errores no forzados del oficialismo local tuvieron también su cuota inestimable de empuje al cambio. Y marcan seguramente el camino al retiro para más de un dirigente histórico, incluso para algunos que se resisten a darse por notificados.

El año termina escribiendo uno de los capítulos más intensos de la historia reciente. El que viene, más que nunca, es una página en blanco que sus nuevos protagonistas irán llenando, línea tras línea. Con el crédito que siempre conlleva lo nuevo, pero también con la mirada atenta de una sociedad que demostró estar dispuesta a forjar su destino en cada instancia que la intensa democracia que celebra la Argentina le ponga a su alcance.

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