La importancia de llegar primero

Su empresa, el Grupo Farallón, cumplió 25 años. El aniversario llegó con un premio internacional. Es pionero en el desarrollo de barrios cerrados y complejos de oficinas.

martes, 28 de diciembre de 2010 · 00:00

 

En sus dominios. Eduardo Gutiérrez en su oficina del edificio Bureau, una de sus creaciones.

 

por A. L.

 

Es, sin duda, uno de los padres del boom inmobiliario que ha experimentado Pilar en las últimas dos décadas. Desde su empresa, Farallón, Eduardo Gutiérrez ha estado a la cabeza del desarrollo del distrito, con la innegable habilidad para detectar y cubrir necesidades del mercado.

Este año, el Grupo Farallón –dedicado tanto a la obra pública como a los emprendimientos privados- cumplió 25 años de vida, y en enero recibió un premio internacional por su proyecto Silente Club de Mar, instalado en Punta del Este. El galardón correspondió a los Community Advancement Awards (CAA), que organiza la Developers & Builders Alliance (DBA) de los Estados Unidos.

 

-¿Ha llegado más lejos de lo que esperaba hace 25 años?

- Realmente es un punto muy alto al que hemos llegado, aunque siempre uno tiene la expectativa de triunfar y colocar a su empresa en un lugar de privilegio. La fortuna quiso que se diera eso: hoy Farallón tiene un nombre, es una empresa conocida, tiene prestigio. Son cosas que indican que uno a lo largo de 25 años tuvo una conducta.

 

-Detectar necesidades, ¿es fruto de la intuición o del estudio?

- Comencé haciéndolo por intuición. A mí me gusta mucho estudiar y fui a hacer un master en la Politécnica de Madrid durante tres años, porque me interesaba profesionalizarme. Es decir, quería darle un marco teórico a aquello que sentía por piel. Los alumnos y profesores se preguntaban qué hacía allí (risas). Los proyectos cuando se hacen sólo por intuición, tienen un porcentaje muy alto de riesgo. Hay que sumarle conocimiento profesional: cuanto más se sume, el riesgo del negocio disminuye. Pero la intuición siempre es necesaria.

 

En 1996, con el lanzamiento de Pueyrredon, nació el concepto de barrio cerrado, urbanización que modificó la fisonomía de Pilar y el conurbano en forma decisiva. No era country, no era barrio común. Era algo nuevo. “Cuando yo descubrí el tema de los barrios –expresa Gutiérrez-, ese concepto no existía, pero me pareció que era algo que la gente realmente estaba necesitando. Y el tiempo me dio la razón, porque Pueyrredon se vendió en tres meses. En el trabajo del desarrollador, la intuición decididamente es esencial”.

Y agrega: “El nivel de inventiva para descubrir o interpretar al mercado es lo que nos hace más o menos exitosos. Mucha gente después me copió los barrios, pero quien posee la idea inicial, el timing y el lugar, tiene asegurado el éxito. Hay que saber interpretar a la gente, saber ‘leer’ las necesidades del mercado y tener la capacidad de generar un proyecto”.

Sobre ese hito, recuerda: “Cuando dije que colocaba el barrio sobre la Panamericana, muchos de los inmobiliarios me tildaron de loco, porque pensaban con la cabeza de los que habían venido antes a los countries, que querían contacto con la naturaleza, odiaban los ruidos y manejaban el ocio de otra manera. Pero los nuevos vecinos que llegaban tenían costumbres capitalinas, no los afectaba el ruido y querían el acceso rápido. Cuando les dije que quería hacer la entrada en la ochava no lo podían creer, pero después lo que más les gustaba era eso”.

Por otra parte, el complejo Bureau fue pionero en la llegada de las oficinas. Sobre eso, el empresario –de 61 años, padre de cinco hijos- comenta que “también me decían que estaba loco, y ahora todo el mundo quiere trabajar en estas oficinas. Me preguntaban para qué, y la respuesta está a la vista”.

 

-¿Hacia dónde va Pilar?

- Una ciudad satélite es la que logra que la mayor parte de su población no tenga que ir a Capital para trabajar, porque encuentra trabajo en su distrito, con centros de esparcimiento y de compras. Es decir, que no sea solamente una ciudad dormitorio. Pilar tiende al crecimiento, con el Parque Industrial y el Parque Tecnológico. Pero toda ciudad que crece va perdiendo cosas, no va a tener un verde como el que tuvo, pero dentro de la planificación general hay que tener inteligencia como para dejarle a la ciudad espacios verdes, tampoco se puede convertir en una mole de cemento.

 

-¿La inventiva sigue manteniéndose con los años?

- Siempre estoy en movimiento, me interesa mucho escuchar y ver. Si escucho a tres o cuatro que dicen lo mismo, significa que hay una necesidad insatisfecha. Pero hoy los proyectos del sector privado tienen un problema de rentabilidad, porque los precios vienen estancados en los dos últimos años y los costos han crecido considerablemente.

 

-¿Y la energía?

- Uno tiene muchísimas preocupaciones. A mí me gustaría hoy quedarme con esta parte de la creación, pero es muy difícil sustraerse de todas las otras cosas. La verdad es que uno se cansa, sobre todo porque -con el tremendo crecimiento que tenemos nosotros- hay que estar en muchas más cosas. Si no, habrá que empezar a delegar, a darle paso a las nuevas generaciones... Mis hijos, a partir de los 12 años, en el verano venían medio día, ganaban su propia plata. Es bueno porque se contactan con gente y aprenden.

 

-¿Hay Gutiérrez para rato?

- Sí, por qué no. Hago lo que a mí me gusta, entonces lo podría seguir haciendo por mucho tiempo, más aún lo que es en mi distrito. Me encanta hacer cosas acá.

 

Inteligente y entrador

por Jorge Vallier*

Lo quiero mucho a Eduardo, lo que hizo para nuestro Partido de Pilar es digno de admirar, al igual que el premio que recibió por lo hecho en Punta del Este, un galardón reconocido mundialmente que nadie de Pilar había tenido el honor de ganarlo.

Antiguamente, a las casas llegaban los colchoneros, escardaban la lana, y con la aguja pinchaban cosiendo todo el colchón, por eso quedó el dicho popular “este es entrador como aguja de colchonero”. Eduardo Gutiérrez es uno de esos tipos así, muy entrador y muy inteligente, lo que se propone lo logra. Tiene códigos, Eduardo ha hecho crecer a mucha gente que depositó su confianza en él.

Cuando llegó Eduardo Gutiérrez, desarrolló el barrio cerrado Pueyrredon y a partir de ese momento comenzó la explosión: siguió con La Delfina, La Lomada, el edificio Bureau... Fue algo impresionante, una transformación. En Pilar ya estaban los clubes de campo grandes como Mayling o Tortugas, pero él le dio importancia a esa clase de barrios cerrados.

Luego, al distrito llegaron los emprendimientos que ya conocemos. Por eso siempre digo que Pilar es imparable, y que va a seguir creciendo. La gente con mayor poder adquisitivo de la Argentina está en Pilar.

 

*Empresario inmobiliario

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