Honrar la vida

A partir de una experiencia personal, creó en 1997 la fundación ACIAPO que brinda tratamiento a pacientes con cáncer sin cobertura médica. Asegura que el sufrimiento da sentido a la vida.

martes, 28 de diciembre de 2010 · 00:00

 

Marta, en la sede de ACIAPO que funciona en Pilar. Dice que el verdadero disfrute es estar al servicio de los demás.

 

por C. L.

 

“El cáncer no discrimina”, repite Marta Artigas. La frase la aprendió hace 13 años cuando se enfrentó cara a cara con la enfermedad de su propio hijo. Fue entonces cuando la mujer aprendió, también, cuál era su misión en la vida.

El padecimiento de Federico en el año 1997 le dio una dimensión real de lo que significa para un paciente y su familia la palabra cáncer. Tras la recuperación del joven que por entonces tenía 19 años, cumpliendo con una promesa inició en San Isidro, con la ayuda de familiares y amigos, la fundación Atención Comunitaria Integral al Paciente Oncológico (ACIAPO), que brinda diagnóstico y tratamiento gratuito a pacientes con cáncer sin cobertura médica, así como contención psicológica y acompañamiento.

“Es un trabajo muy difícil pero maravilloso”, explica la presidente de la entidad que hoy cuenta con 30 voluntarios, tres sedes –una de ellas en el hospital Sanguinetti de Pilar- y unos 5.500 pacientes atendidos.

Y asegura que “agradeciendo a la vida me propuse continuar, quería ayudar a todos los enfermos y familiares que estén pasando por esto”. Este año, Marta fue distinguida con el premio “Mujeres Innovadoras” que otorga el Senado bonaerense, por su defensa a los derechos humanos de los enfermos.

La misma lucha que venía llevando en la sede original de ACIAPO se trasladó a Pilar en el 2004. La idea surgió en el 2002 a raíz de una huerta comunitaria que la entidad tenía en el distrito donde “veíamos que en Pilar no había atención oncológica, luchábamos con pacientes que tenían que ir a Rodríguez”, cuenta la mujer.

Con el apoyo de la actual gestión municipal, los primeros tratamientos se iniciaron en el hospital Federico Falcón de Del Viso y al poco tiempo fueron trasladados al sector de consultorios externos del hospital Sanguinetti.

Hoy cuentan con una sala de aislamiento específica para quimioterapia y asisten a 150 pacientes por mes. Y planean en el 2011 abrir un servicio para pacientes oncológicos infantiles en el nosocomio pediátrico del distrito.

 

-¿Da otra dimensión de la vida este trabajo?

- Nosotros tenemos mucho trabajo de muerte, hemos trabajado mucho la situación de finitud, de que no somos inmortales, cosa que en occidente no es común. Muchas veces la gente se siente inmortal, todo es disfrute. Creo que el verdadero disfrute de la vida es el servicio y estar conciente de que hay una lucha. Eso te da plenitud y espiritualidad siempre que tengas herramientas con qué recibir eso. El ser espiritual tiene que ver con la superación y el autocontrol de sí mismo.

 

-¿En ACIAPO ayudan a desarrollar la espiritualidad del paciente?

- Sí, en San Isidro tenemos un grupo de apoyo espiritual que son chicos de 20 o 30 años universitarios, voluntarios. No lo pudimos instalar acá por falta de espacio. El mensaje no es Dios, es la fuerza del espíritu. Somos laicos, admitimos a todas las religiones. Es fundamental el acompañamiento al paciente, un paciente sólo se abandona, entonces le ponés el hombro y ya lo sacaste de su drama.

 

-¿Cómo repercute en su vida diaria el trabajo?

- Nosotros no nos bajoneamos. Al contrario, llegamos a casa y decimos qué bueno es estar acá. No te podés involucrar. Yo me involucro para conseguirles cosas.

 

Apoyo integral

A través de donaciones de particulares y empresas, ACIAPO brinda diagnóstico, analgesia y el primer tratamiento, adelantándose a las demoras burocráticas que traban el acceso al banco de drogas del Estado destinado a los pacientes sin cobertura médica. Además, ofrece apoyo anímico a los pacientes y sus familias. “En una forma metafórica abrazamos a ese paciente”, define Marta y agrega: “tratamos de ayudarlo a aliviar las tensiones, a no pensar en la muerte y a tener el tratamiento en tiempo y forma”.

 

-¿Cómo está el Estado en lo que se refiere a tratamientos oncológicos?

- Es un desastre. En Facebook abrí un grupo que se llama “No recibo mi tratamiento”. En realidad demora o rechaza tratamientos con las graves situaciones que eso provoca. Nosotros tenemos un estudio de abogados y empujamos.

 

-¿Cuánto influye la cuestión anímica en la recuperación de un paciente?

- Es relativo, hay pacientes con pronóstico favorable y mueren al año. Otros con estado avanzado y viven cinco años. La actitud tiene que ser para adelante, pero todo tiene que ver con las herramientas con las que agarres la enfermedad, por más que te deprimas.

 

-¿Cómo se guía a los pacientes para tener una actitud positiva?

- Para mí es un proceso de reflexión y meditación muy grande el saber que el sufrimiento da sentido a la vida. Todos sufrimos en mayor o menor nivel, no es todo disfrute. El sentido es saber luchar en el sufrimiento.

 

¿El sufrimiento resignifica la vida?

Sí, porque si vos estás en un mar de rosas ¿Hasta qué punto estás viviendo? Son cosas de la vida, nadie está libre, el cáncer no discrimina. En algún punto la enfermedad te dice vos no sos nadie, sos una mínima molécula más de este cosmos y en cualquier momento podés desaparecer. Y entre la vida y la muerte hay una línea muy delgada. Pero hay que seguir viviendo, no morirse en vida.

 

La sonrisa más grande

por Hortensia Niell*

Los pilarenses somos muy solidarios. Se nota en la cantidad de personas que dedican sus horas al trabajo voluntario y a la cantidad de organizaciones solidarias. Se nota en los jóvenes y en las mujeres, apenas sus hijos crecen un poco buscan cómo ayudar. Es deslumbrante ver cómo se preparan, el amor que le ponen a lo que hacen.

La acción cotidiana de cada uno de mirar al otro está presente en Pilar. Hay gente que no le sobra nada, sin embargo hace el esfuerzo de ayudar. Apenas hay una necesidad, hay gente brindando la oportunidad que esté a su alcance. Estos son los verdaderos valores de la sociedad, los que perduran, lo que no se equivocan. 

Ayudar da una satisfacción al que lo hace que no se puede describir. La gente que ayuda siempre tiene una sonrisa más grande que el resto. Es como una luz que uno lleva adentro y desde ese lugar uno quiere hacer algo por el otro, aunque más no sea un granito de arena en la playa. El de enfrente, el vecino, siempre hay alguien que te necesita.

 

*Voluntaria de la Red Solidaria en Pilar.

 

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